Brie volvió a casa con las manos vacías, al menos, había salido de aquel lugar para no estar sentada en el único sofá y estar ahí de brazos cruzados. Su rostro volvía a estar al descubierto, pero estaba a salvo y tranquila. Aprovechando esa soledad, salió de la ermita y se puso a practicar en solitario todo lo que Ellen le había estado enseñando, cuantos más minutos pasaba haciendo eso, más ganas tenía de salir otra vez y buscar a Joey para sacarle las entrañas y hacérselas comer sin anestesia. Una serie de pensamientos macabros empezaron a recorrer cada parte de su cerebro, comenzando a obsesionarse demasiado por la venganza hasta el punto de no ver nada claro. Por un pequeño instante, logró volverse loca, loca y mala, impulsiva, feroz, demente... Se detuvo, golpeando con fuerza el césped que rodeaba la ermita, ahora sólo podía calmar la violencia con violencia, con un par de golpes a una pared hasta romperse los nudillos o dislocarse un pie, pero se quedó tranquila con tan sólo golpear las hierbas. De nuevo, volvió a pensar qué poder hacer para contactar con el aliado y fingir antes su muerte para facilitarse las cosas. Lo único que podía hacer, era regresar al lugar donde se refugió con Chris la primera vez; en aquellas oficinas donde él, en un arrebato, rompió aquel aparato tecnológico.
Se sentía patética pensando eso, ya que ese edificio quedó un tanto devastado por culpa de la explosión de un par de bombas, aunque debía al menos intentarlo si quería avanzar. Quizás lograría conseguir un teléfono nuevo, una batería y tal vez luz para recargarla. En el fondo no era mala idea, sólo necesitaba un toque de suerte. Brie ya tenía pensado adónde iría, pero no ahora, sino en un par de días, necesitaba organizar un plan A y un plan B como refuerzo por si el primero fallaba, al menos eso era lo que le habían enseñado hacer. Entró a la ermita, viendo el antifaz negro sobre aquel sofá rojizo y sintió algo extraño dentro de su cuerpo. En vez de sentirse una heroína, porque lo era, no sentía nada bueno hacia su persona. "¿Por qué los héroes siempre usan máscara?" Fue lo único que se preguntó. Su rostro se vio reflejado en un espejo; su reflejo había cambiado como nunca: ya no tenía las mismas facciones de niña o de adolescente, ni el pelo tan corto, ni tan ondulado, ni tan encrespado. Antes no hubiera tolerado ni una sola mancha en su ropa, ahora se manchaba continuamente de sangre y seguía sin sentir nada. "¿Qué me está pasando?" Volvió a preguntarse, no se reconocía ni en el espejo ni fuera de él y, a pesar de eso, una sonrisa maliciosa se formó en sus labios porque sabía que acababa de enterrar su pasado bajo tierra y muy profundamente. Le gustaba su nuevo "yo". Como bien se dijo, ya habían pasado esos dos días, era de noche y el cielo estaba algo nublado. Brie dormía profundamente sobre aquel sofá, ni siquiera se percató de que intrusos habían conseguido atravesar el camino cortado apartando cada rama y cada árbol. Joey y varios de sus hombres, iban armados con antorchas esa noche, las suficientes para hacer arder un bosque entero. El cabecilla consiguió hacerse hueco a él y a sus hombres entre esos árboles. Logró llegar hasta Brie cuando encontró el mapa de Ellen sobre uno de sus bolsillos, comprendiendo que en ese punto rojo se hallaba la persona que lo había amenazado con las tres cabezas cortadas de sus compañeros. Joey se encargó de ponerle un nuevo candado a la puerta de salida, no le interesaba ni ver su cara ni tener un enfrentamiento, iba a quemar viva a la persona que se encontrara dentro de aquella ermita. Una de las antorchas atravesó con violencia una de las ventanas de la ermita, rompiendo en mil pedazos los cristales, sonido que hizo que Brie se despertara de repente y pudiera ver la primera llama gigantesca en sus narices. Veloz, se puso el antifaz y corrió hasta sus armas, equipándolas encima y, buscando después, la bolsa de armas que consiguió salvar de la armería de Ellen. Intentó abrir la puerta, encontrándola completamente cerrada. Intentó marchar por alguna ventana, pero empezaron a llover antorchas por cada una de ellas. Pudo escuchar la risa malvada de Joey y ver su silueta detrás de una ventana, mofándose de lo que estaba haciendo. En verdad, no le importaba ser alcanzada por las mismas llamas del infierno, su único interés era salvar las armas para gente que pudiera necesitarlas. El suelo era de madera y ya estaba empezando a deteriorarse por el calor, bastaron solamente cuatro patadas para hacer un boquete en el suelo y depositar en él, la bolsa. Una vez más, se dirigió hacia la puerta, la única salida de la que disponía, pero empezó a sentir un hormigueo horrible en su cabeza que la estaba mareando. Su vista se volvió borrosa, ahora sólo podía oler a humo y cenizas, en lo que se convertiría su cuerpo cuando ardiera. Su mente perdió el conocimiento y su cuerpo cayó al suelo junto a la puerta, estaba intoxicándose lentamente, muriendo en un abrir y cerrar de ojos.
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INMUNIDAD.
Mistério / Suspense< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
