Brie quedó arrodillada en el suelo, gritando y gritando mientras intentaba asimilar que nunca jamás volvería a ver a Chris. La chica se retiró los cristales de la piel sin dolor, sin quejidos, llorando sin parar, sin saber reaccionar ante el peligro, ya que se iban acercando infectados hacia la zona del incendio. Por un leve instante, quiso dejarse comer, pero entonces recordó las palabras de Chris, no podía fallarle, debía vencer al vivo y al muerto. Casi estuvo al límite de ser devorada, pero salió de allí, esquivando las manos que intentaban agarrarla, subiéndose a un coche para hacer un puente, siendo este rodeado de infectados que golpeaban violentamente las ventanillas del coche para entrar. Por suerte, Brie logró hacer bien el puente y salir de la ciudad, ya no quería estar en esa parte, quería buscar algo tranquilo. Apenas podía conducir, estaba destrozada y lo peor de todo, es que se sentía más vacía que nunca. Su mente no era capaz de asimilar la muerte de Chris, pensando que él estaba vivo todavía, que se había dividido de ella para después regresar con comida y armas nuevas. Lo más grave, era cuando Brie despertaba de su sueño y se daba de bruces contra la realidad, una realidad que la golpeaba más fuerte que mil puñetazos por todo el cuerpo. Seguía llorando, cada lágrima tenía tallada el nombre de su compañero como el colgante que aún seguía reluciendo sobre su cuello, el cual miraba continuamente recordando el día que se lo regaló.
Las cosas dejaron de tener sentido para ella, creyendo que sin él, pronto hallaría la muerte en cualquier lugar aunque ya supiera defenderse algo más que al principio. La cierta dependencia que sentía hacia Chris era más fuerte que cientos y cientos de toneladas, pensaba que ahora era una inútil, que ya no valía. Varios minutos después de haber abandonado esa parte de la ciudad, se refugió en un gran centro comercial donde en el suelo, se veían huellas de zapatillas o deportivas, lo que indicaba que gente había estado en ese mismo lugar en busca de comida o ropa. Brie se colgó su aljaba a la espalda junto a la bolsa de armas mientras que su mano derecha empuñaba el arco cargado con una de sus flechas negras, las que se iban deteriorando con el paso del tiempo, pues algunas puntas ya no eran eficaces y estaban a punto de romperse. Se aproximó hasta las tiendas de ropa, cargándose a más de cinco infectados que salían de entre los probadores y los percheros con aspectos deplorables con un estado avanzado de putrefacción. Cada vez aquello iba siendo más frecuente, hasta se podían ver las vísceras a través de la piel que se iba consumiendo, así como el olor, que cada vez iba siendo más insoportable al olfato. Cuando se deshizo de esos tantos, se aproximó hacia la misma puerta por la que había entrado para cerrarla y después continuar con la inspección en la parte de arriba donde sólo había bares o restaurantes con las mesas y las sillas repartidas por el suelo, algunas rotas y otras en perfecto estado. En esa planta apenas había infectados que matar, eran torpes y patosos que no sabían subir escaleras mecánicas o escalar, sólo andar o correr a parte de comer y gemir. El lugar estaba completamente despejado y todas las puertas cerradas, procurando no estar cerca de ellas para que no pudieran percibir su presencia desde el otro lado. Se sentía tranquila y a salvo dentro de todo lo bien que podía estar en su situación actual. Volvió a bajar nuevamente abajo, buscando tiendas de comida hasta encontrar la única que había, la más grande que había visto hasta ese día con todo lo que necesitaba o podría necesitar. Estaba revuelta, pero aún así todavía quedaban alimentos que poder consumir con la fecha de caducidad no pasada y, aunque estuvieran caducados, los comería igual porque ya no había algo mejor, el comercio había desaparecido así como el dinero, la política, la policía, el ejército, las leyes y las normas. Estaba en una especie de anarquía gobernada por gente que resurgía de su propia muerte. La soledad ahora era más que evidente; ya no tendría con quién conversar o incluso pelear. En ese momento, hubiera dado cualquier cosa por unos años más de discusiones con Chris, expediciones juntos, así como cuando se defendían mutuamente de cada peligro y seguían permaneciendo juntos a pesar de todo.
Los días pararon totalmente, igual que si el tiempo sehubiera detenido y varios días los hubiera vivido como si fuera uno en completosilencio y melancolía. Brie se sentía tan muerta o incluso más que aquellosseres que vagaban a sus anchas por cada rincón y cada calle al compás de laúnica melodía ensordecedora que salía de sus gargantas podridas y resecas cuyoúnico líquido que pasaba por sus bocas, era sangre pura y coagulada. Suestancia en aquel centro comercial solamente duró una triste semana, todoestaba muy tranquilo para que durara mucho. El séptimo día, Brie se hallabasentada junto a una estantería llena de botellas de alcohol, mirando su anillode tres esmeraldas puesto sobre uno de sus dedos de la mano derecha,quitándoselo mientras lo contemplaba más de cerca, viendo las piedras preciosasen pleno brillo y color, la verdad es que estaba tan nuevo como el primer díaque se lo regalaron el día de sus dieciocho cumpleaños. Por su cabeza, pasabauna y otra vez la historia que ese anillo llevaba a rastras desde hace siglosen su familia, sumergiendo su mente en un mundo histórico y pasado. De pronto,un fuerte estruendo la hizo saltar del suelo disparando su corazón, por lo queel anillo se le escurrió de las manos, olvidando que tuvo una joya valiosasegundos antes, ya que su mente analizaba qué podría ser aquello. Se levantódel suelo cargando una flecha en su arco, ignorando el anillo en el suelo,acercándose hacia las puertas principales con discreción. Escondía su siluetade estantería en estantería hasta que logró salir de la tienda de alimentos,dirigiéndose hacia la puerta principal del edificio, pudiendo ver a un par dehombres armados con cara de pocos amigos.
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INMUNIDAD.
Misterio / Suspenso< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
