Capítulo 44: <365 días>

88 9 2
                                        

                                                                                           ***

Hubo pasado un año; las cosas cambiaron para mejor con respecto a Chris y Brie. Habían formado un dúo infranqueable, invencible. Brie aprendió a empuñar el arco contra los muertos a raíz de aquella noche cuando ella, valiente, salvó la vida de su compañero, no parando de lanzar flechas desde entonces, convirtiéndose en una buena superviviente. Ambos estuvieron alrededor de cinco meses viviendo en la misma caravana, viajando de una punta a otra cuando se veían envueltos en alguna emboscada nocturna y no tan nocturna, sí, se hicieron realmente inseparables y forjaron una amistad verdadera y resistente. Sin embargo, tuvieron que abandonar la caravana cuando esta se quedó sin combustible y su motor terminó por romperse. Intentaron buscar gasolina, ignorando que el motor estaba partido por la mitad, a lo que al descubrirlo, no les quedó más remedio que busca otra cosa mejor. Estuvieron viviendo en muchos sitios, pero ninguno de ellos era seguro, ya que constantemente se escuchaban avionetas y helicópteros rondando por el cielo de Atlanta en busca de Brie. También registraron los hospitales, pues Chris en una ocasión, le prometió a Brie que la ayudaría con la búsqueda de sus padres, pero nunca encontraron pistas o indicios de que Lexie o Chandler hubieran estado allí. Sus nombres no figuraban en ninguna de las listas. Un día, también fueron en busca de Dylan, el mejor amigo de la chica, encontrándolo totalmente comido en su propia casa por sus propios padres, a los cuales Brie se vio obligada a eliminar con un flechazo a cada uno entre ceja y ceja. Aquello fue devastador para Brie, pero casi apenas dolía como tal vez pudo doler antes, cuando todo comenzó. Los otros siete meses restantes, los pasaron conviviendo de un sitio a otro; a veces en la ciudad, otras en el bosque cuando salían juntos a cazar algún animal que poder llevarse al estómago. Cada vez iba siendo más complicado encontrar algo decente que comer. Tras haber pasado un año lleno de peligros y aventuras, Chris y Brie se hallaban dentro de una joyería donde ya llevaban una semana cobijados sin poder salir porque al igual que era difícil encontrar comida, también era difícil no encontrarse con menos infectados. En el tiempo que habían pasado juntos, nunca llegaron a encontrarse con ningún superviviente al que poder acoger, esta vez con ciertas normas para evitar que les volviera a suceder lo mismo que les sucedió con Mac; que hablando de Mac, no lo volvieron a ver. Una de las noches en la joyería, estuvieron hablando del pasado; él le estuvo contando que se quedó huérfano desde hacía años, siendo internado después en un orfanato en el que decidió ser un soldado cuando saliera de allí. Con la ayuda de becas, logró hacer la carrera que más le apasionaba hasta que entonces, seis meses atrás antes de que el Apocalipsis apareciera, un hombre trajeado se le acercó con una foto de Brie en sus manos, ofreciéndole como misión, la protección de ella, aceptando el plan y formando después, parte de la organización secreta de Chris, fabricada únicamente para proteger a la rubia del bando contrario que la quería para obtener algo de ella y después destruirla de la misma forma que destruyeron el mundo. Chris ya conocía a Brie desde hacía tiempo, mucho antes de verse las caras por primera vez en la puerta de la Universidad donde ella estudiaba. Brie estuvo escuchando curiosa la historia, aprendió a no volver a preguntar por la verdad a pesar de que deseaba conocerla, pero sabía que si preguntaba, volverían de nuevo los problemas como siempre había pasado cada vez que preguntaba. Cuando le tocó el turno de palabra a Brie, ni siquiera sabía qué contar, así que se puso a hablar de su hermano Erron al que no recordaba ya, las ganas que siempre había tenido de poder verlo de vuelta y abrazarlo hasta que sus brazos se partieran de la fuerza, pero nunca volvió. Luego contó lo que hizo el día de sus dieciocho cumpleaños, nombrando cada amigo -a Paul incluido- las aventuras que vivieron, lo bien que lo pasaron y lo mucho que los extrañaba en ese momento. Después de un año, Chris se enteró a raíz de esa conversación, que Paul y Brie tuvieron algo serio pero que duró muy poco tiempo por culpa de tanto caos, notando una sensación atípica dentro de su cuerpo, como un ligero y molesto ardor que pasaba por cada órgano de su interior.

—Es más, se supone que ya debería tener diecinueve años. Dentro de poco habré olvidado la fecha en la que nací —dijo Brie—.

Chris se levantó del suelo, dirigiéndose hacia la zona de los collares de plata, escogiendo uno con una esfera plana colgando sobre la cadena, grabándolo durante unos minutos hasta que se lo entregó a Brie envuelto en una caja de terciopelo azul. Extrañada y con las cejas arrugadas, abrió la tapa de la caja hasta coger el colgante y ver sobre la esfera, el nombre de ella y el de Chris grabados.

—Feliz cumpleaños —dijo Chris—.

—Venga ya...

—No hay que perder las buenas costumbres, ¿no?.

Brie alzó los hombros.

—Supongo que tienes razón —dijo ella-.

La chica se colgó el colgante al cuello, mirándolo por última vez antes de darle un fuerte abrazo.

—¿Quién te ha enseñado a hacer esto? Dudo que en tu organización fueran tan creativos.

—En el orfanato. Sí, mis profesores se aburrían un poco.

Juntos rieron, el colgante nuevo de Brie se veía perfecto junto con el del triángulo grueso y dorado que todavía seguía conservando desde que lo encontró.

—No sabemos si hoy era tu cumpleaños pero, podríamos celebrarlo —propuso Chris—.

—¿De verdad? ¿Se te ocurre algo?.

—Por supuesto. Cerca de aquí hay una azotea, es la de una tienda alimenticia. Beberemos alcohol, ¿no decías que querías saltarte las normas?.

Brie soltó una carcajada.

—Eso fue hace un año —respondió ella—.

—Nunca es tarde.

Los dos se miraron, cierto era que Brie no tenía ganasde celebrar nada porque pensó que no había motivos para ello, pero por otrolado, ¿por qué no un poco de diversión?. Aún así, había un pequeño inconveniente:poder cruzar la calle hacia la tienda alimenticia. Últimamentetodo era mucho más difícil.

INMUNIDAD.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora