La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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Patty no conseguía parar de comer pastelitos.
Los nervios por lo que acababa de presenciar no la dejaban calmarse. La nata de chantilly manchaba la comisura de sus labios y se limpiaba con gesto automático la boca mientras sus ojos castaños miraban ausentes. Su mente divagaba, tratando de ponerse en el lugar Stair y de Archie. Preguntándose preocupada cómo iban a salir de aquella situación y si aquello no traería consecuencias para Archie, incluso para Stair. La tía Elroy se había quedado bastante disgustada y encima, ahora tenían una visita.
Y bastante importante a juzgar por lo que parecía. Habían ido directamente a ver a la tía abuela.
Podía escuchar los murmullos del servicio y también cómo se cerraba una puerta. La tía Elroy había accedido a recibir la visita pese a todo y Patty no dejaba de admirar su temple. Era de sobra consciente de cómo debía de estar su estado de ánimo tras la discusión con Archie y estaba segura de que otra persona de su edad, en su misma situación habría declinado ser visitada por nadie.
Era una mujer adelantada a su tiempo sin duda, había sido capaz de sobrellevar la responsabilidad de llevar el peso del liderazgo de aquella poderosa familia sobre sus hombros durante años con éxito hasta que el nombre del nuevo jefe del clan fue revelado durante la malograda fiesta de compromiso de Candy y Neal Lagan.
¿Cómo olvidar aquel momento...? todos se habían quedado mudos. Y muchas de las mujeres jóvenes y no tan jóvenes integrantes de la familia Ardlay se habían quedado embobadas admirando el atractivo de William Albert Ardlay. Había sido apoteósico y también una liberación de la carga que pesaba sobre los hombros de la buena señora.
Patty estaba convencida de ello aunque eso no significaba que siguiera con la antigua costumbre de vigilar el comportamiento de sus sobrinos. Y creía que nunca lo iba a dejar de lado del todo.
Miró hacia los amplios ventanales de la sala de té donde estaban, podía observar que el cielo estaba tomando un tono gris plomizo que amenazaba tormenta. Tragó con ansiedad el pastel de frambuesas y hojaldre que habían preparado con esmero los cocineros de la familia. No le gustaban las tormentas, le daban miedo desde siempre...y en Escocia podían ser terribles.
El pastel estaba buenísimo, tanto como el resto de los manjares que el personal de los Ardlay había dispuesto con gran diligencia sobre la mesa de té de impecable manufactura. La delicada porcelana china con motivos verde jade y oro era una maravilla para la vista y Patty se admiraba de ella. La familia Ardlay contaba con grandes recursos y estaba segura de que alguien la había adquirido durante uno de sus viajes de negocios.
Sin embargo, el té le parecía amargo pese a todas las cucharadas de azúcar que le había puesto.
"No consigo quitarme de la cabeza la expresión de Archie... y tampoco me consigo olvidar la de Annie..." pensaba Patty con preocupación.