Capitulo 60: Una huida en la noche

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Se  fue a toda prisa de la sala de reuniones con el corazón encogido por la angustia, el dolor, la sorpresa, la incredulidad

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Se  fue a toda prisa de la sala de reuniones con el corazón encogido por la angustia, el dolor, la sorpresa, la incredulidad...no podía estar pasándole a ella. No podía ser verdad. Los ojos llenos de lágrimas de su abuelo la conmovían pero...¿nieta de un maldito conde? Marnie se negaba a creer que su familia fuera tan importante, si eso era cierto  entonces ¿por qué no la habían buscado antes...? ella podría haber vivido otra vida, podría haber estado protegida de personas malvadas como sus padres adoptivos o las malditas monjas del hospicio donde había nacido. 

¿Cómo podían venir a Dunnottar Park y soltarle aquella bomba de golpe? ¿qué esperaban? ¿ que se lanzara a sus brazos y llorara de felicidad? ¿ que les diera las gracias por decírselo? 

El corazón le latía a toda velocidad, tenía la boca seca y sentía que se iba a desmayar de la fuerte impresión. Marnie no podía asimilar que su vida iba a cambiar a partir del  mismo momento en que accediera a la petición de irse a vivir con su abuelo y su tío.

Pero ella no podía confiar en ellos. 

No podía...sentía que todo iba demasiado rápido  y necesitaba asimilar muchas cosas.

Eran sentimientos encontrados.  Sentimientos contradictorios, que  la impedían asumir con tranquilidad la verdadera magnitud de lo que le había dicho James Bruce, conde de Argyll y su hijo Benjamín. 

Además, también estaba el asunto de sus padres. Su abuelo le había dicho que ellos vivían en Archer Hall, que no distaba mucho de Dunnottar Park  y si eso era así ¿por qué entonces no habían venido a verla aún? 

Si su abuelo sabía dónde encontrarla, también ellos tenían que saberlo por fuerza. El abuelo tenía que habérselo dicho. Uno no se callaba ese tipo de cosas.

Eso la confundía aún más. 

Sentía que necesitaba tomar distancia de todo aquello, incluidas las nuevas amigas que aún la estaban esperando en la sala de estar. Seguramente que le iban a preguntar por la reunión y ella no se sentía con fuerzas para contarles nada. No aún. El solo pensar en mencionárselo hacía que se pusiera al borde de las lágrimas.

<<Lo siento, chicas...>>

Olvidando eso  subió las escaleras que llevaban a su cuarto a todo lo veloz que la dejaban sus ágiles piernas. Pasó como una exhalación al lado del ama de llaves quien se apartó de su camino reprimiendo un grito de indignación.

—Perdone...

—Señorita, no puede correr de esa manera por la casa. 

—Lo siento.— Dijo intentando que su tono de voz no delatara su verdadero estado de ánimo.

Cuando llegó a su habitación cerró la puerta tras de sí despacio y lo primero que hizo fue buscar su bolsa de viaje. 

¿Dónde diablos estaba?

Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte  [Libro 3]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora