La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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—Marnie...— empezó Candy —debo ir a ver cómo está, saber cómo se encuentra.
Estaba inquieta, preocupada por su hermana.
Su abuelo Thomas observó atento los ojos llenos de lágrimas y el temblor de sus labios tras pronunciar su nombre.
¿Acaso era que tanta presencia femenina había conseguido ablandarlo? Thomas estaba empezando a cuestionarse qué tan bueno era que las mujeres de su familia camparan a sus anchas por Archer Hall.
—Tú la conocías... — empezó tras secarse una lágrima traicionera. Estaba empezando a enfadarse consigo mismo por tanta llantina.
—Sí... ella es la muchacha que trabaja en la farmacia de mamá en Chicago y es tan maravilloso que ahora esté aquí, en Archer Hall, con todos nosotros —sollozó abrazándose a él —. Debo atenderla, abuelo.
No era dado a esas muestras de cariño delante de tanta gente y se desembarazó de ella con delicadeza.
—Candy, hija ¿por qué no esperas a que llegue el doctor?
Scott que había asistido atónito a la escena intervino.
—No puedes. No eres doctora, lo mejor es esperar a que llegue el doctor Bates. Él sabrá mejor que nadie qué hacer.
Pero Thomas no estaba de acuerdo.
—Deja ya a la niña, Scott. Tiene experiencia de sobra como enfermera. Yo mismo la he visto arreglárselas más que bien con las heridas de guerra de nuestros pobres soldados en esta casa. Un hombro dislocado, no es nada para mi nieta ¿ es que aún no conoces a tu hija? esta niña ha atendido lesiones y destrozos que hasta a mí, me han hecho vomitar la comida de tres días...
Candy observó que su padre palidecía y apretaba los puños.
E iba a contestar airadamente cuando Candy les interrumpió con una sonrisa conciliadora.
—Sé lo que hay que hacer, no os preocupéis. En realidad es bastante sencillo, aunque puede ser muy doloroso para ella.
Su padre observó a Thomas de reojo y le dio la espalda con obstinación.
—Está bien, si tú lo dices... — concedió cruzándose de brazos y poniendo los ojos en blanco.
Thomas frunció el entrecejo molesto.
—¿Cómo si yo lo digo ? ¿Desde cuándo te has vuelto tan condescendiente, Scott? Yo no te he enseñado a faltarle al respeto a tus mayores.
—¡Padre...!—protestó Scott airado.
Candy se mordió los labios. Los Archer estaban empezando a discutir y si su abuelo tenía temperamento, su padre no se quedaba atrás.
—Por favor...no discutáis, pensad en el bebé... pensad en los niños Artamonov: Petra, Gregory. Son muy pequeños para estas escenas.