Capítulo 72: Un despertar extraño y un desayuno singular

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Archie se despertó desnudo sobre una cama ajena

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Archie se despertó desnudo sobre una cama ajena. Una joven menuda y morena yacía a su lado, dormida, con una beatífica sonrisa de satisfacción en su rostro pecoso. 

"Diablos...", pensó vistiéndose con la rapidez del viento.

Le dolía la cabeza y tenía ganas de vomitar pero no tenía tiempo de dar explicaciones. Lo vivido en aquella noche de alcohol y sentimientos desaforados habían sido demasiado difíciles de soportar para alguien como él.

Archibald Cornwell se había perdido a sí mismo y el despecho le había llevado por un camino que pensaba que nunca iba a volver a transitar. Siempre había tenido éxito con las mujeres, su carisma y refinamiento habían ablandado el corazón de muchas muchachas, antes de conocer a Candy, su primer gran amor.

Ahora, tras la ruptura con Annie y enfrentarse al rechazo de Marnie  se encontraba perdido y confuso. 

¿Quién era esa muchacha...? no recordaba su nombre y acaso no la fuera a volver a ver más, si era prudente y mantenía las distancias podría salir con bien de aquella lamentable circunstancia. 

—¿Archibald? ¿a dónde vas, amor? vamos, vuelve a la cama— ronroneó la mujer mientras palmeaba las sábanas a su lado. Estaba tumbada y el oscuro cabello le caía a un lado de la cara. 

Archie estaba espantado. Así que sabía su nombre. 

Maldita sea, la cosa era aún peor de lo que se pensaba.

—Voy a buscar algo para aliviar la resaca, vamos. Vuélvete a dormir, preciosa— dijo mientras terminaba de vestirse.

¿Y dónde diablos  se encontraba...? Ah claro, estaba en casa de Candy, en la aún magnífica Archer Hall. 

"Por Dios Santo ¡Qué estúpido soy!..." pensaba Archie cada vez más alterado. Había perdido por primera y única vez los papeles. 

Miró dentro del bolsillo interior de su chaqueta de gala, donde guardaba una cajita de latón serigrafiada con la figura de un elegante caballero y que había comprado en una farmacia, cerca de su Universidad. En su interior había guardados preservativos reutilizables de intestino de cordero, aunque él prefería darles un solo uso; un invento bastante socorrido, dadas las comprometidas circunstancias en las que ahora se encontraba. Observó que faltaba uno y sonrió confiando en que, cualquier cosa que hubiera hecho con aquella damita, era muy poco probable que tuviera ninguna consecuencia que lamentar después.

No era la primera vez para él. Aunque su prometida y ni siquiera su hermano Stair sabían nada al respecto. Se sentía culpable por no haber sabido esperar a la noche de bodas y tampoco quería darle a entender a su prometida que él era un inexperto en cuanto a las artes amatorias. Pero ahora, todo era distinto y no tenía caso pensar en aquel asunto. 

Archie no se sentía con valor para  encontrarse con Annie durante el desayuno,  tampoco tenía ganas de darles ninguna explicación a Candy ni a su hermano, a quien recordaba disfrutando de lo lindo durante el baile ¿Cómo no iba a hacerlo? se había reencontrado con Gilbert, un manitas sabelotodo como él. Eran almas gemelas y no quería echar a perder su diversión  con su ánimo sombrío. 

Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte  [Libro 3]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora