—Olivia, por favor...no...yo no...
Un agudo dolor de cabeza hizo que él se arrodillara y empezara a recordar trozos de su vida pasada. Se acordó de los leones, de las cebras, de las jirafas, de los leopardos, de los ñus, de los impalas...de la sabana, de los elefantes y de que le gustaba dormitar sobre las ramas de los árboles.
Ella se lo quedó mirando con aprensión. Lo vio palidecer y lo hizo sentarse en una silla.
Le trajo algo de limonada que había sobrado de la merienda y que ella tenía sobre su mesilla de noche.
—Toma, bebe...
Pero William entreabrió los ojos y volvió a sentir esa misma punzada de dolor.
—Aaahhhh...
El dolor le hizo encogerse y llevarse ambas manos a la cabeza.
Ahora los árboles habían cambiado de forma, eran distintos...estaba en otro lugar. Puede que otro país. Había un camino en el interior del bosque y después de recorrerlo había había llegado hasta una... una colina. Le gustaba, allí estaba en paz; había flores silvestres y era una hermosa tarde de primavera tras la lluvia.
—Aaahhhh...
Dolía, sentía náuseas.
Una niñita rubia lloraba con la cara vuelta hacia el suelo, entre la hierba y las rudbeckias y las campánulas azules. Nunca en la vida había visto a nadie abandonarse así a un sentimiento tan intenso y desgarrador. William se sentía conmovido, perturbado, enternecido... confuso. Era una niña muy pequeña y sentía que debía ayudarla. Su sincera emoción era liberadora, para él había sido una experiencia perturbadora, intensa, pues su educación le había impedido manifestar sus verdaderas emociones. Aún así quería...necesitaba que ella sonriera porque estaba seguro de que de igual manera que su llanto lo estremecía, su sonrisa lo deslumbraría.
" Haré que le cambie esa carita de tristeza por una sonrisa... estoy seguro de que lo conseguiré..."
Recordó que se acercó a ella con la cornamusa bajo el brazo, vestido con el traje de gala que había tomado a escondidas de la gente que le vigilaba con ojos de halcón y escapar de aquella horrible fiesta a la que le habían prohibido asistir.
"Quiero que sea feliz..."
Después la imagen de una hermosa cara llena de pecas le hizo sentir una indescriptible sensación en el corazón. Él amaba a aquella persona, estaba seguro y no a la mujer joven que lo había atendido, la mujer que decía ser su prometida.
"Quiero que seas feliz, Candy..."
William abrió los ojos de golpe al recordarla ahora con total claridad. Recordaba sus besos y también recordaba haberle hecho una promesa.
"Candy..."
Ahora el escenario era distinto, le parecía que estaba en Europa. Sin embargo, sus pensamientos aún eran confusos.
"Oh...Candy ¿cómo podría olvidarte? ¿y dónde debo buscarte...?"
Empezó a sentir una enorme necesidad de irse; pero ¿por donde iba a empezar? No tenía dinero, ni nada de valor que le sirviera de intercambio. Además, era evidente que Olivia lo conocía y también que no le había contado toda la verdad.
—Aaahhhh...— William volvía a sentir esas punzadas horribles en la cabeza.
Tenía que encontrarla. Estaba seguro de que ella era la clave de todo, pero no podía delatarle a Olivia que empezaba a recordar partes de su pasado. Esa mujer parecía totalmente obsesionada con él y creía que podía resultar impredecible y peligrosa.
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Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte [Libro 3]
أدب الهواةLa tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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