La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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Georges se había recuperado de sus heridas con notable rapidez.
Le había enviado una carta a la señora Elroy para ponerle al corriente sobre lo sucedido con el señor William sin caer en el pesimismo y también le había transmitido su voluntad de hacerse cargo de una niña llamada Fleur, junto con las instrucciones para que sus empleados le entregasen la partida de nacimiento para proceder a su nombramiento como hija adoptiva del clan Ardlay.
Ignoraba cómo le iba a sentar todo aquello, pero Georges quería dejar todo atado antes de que fuera demasiado tarde. De no aparecer el patriarca con vida, la niña heredaría una cuantiosa fortuna y tendría el futuro asegurado. Era voluntad de su protegido y él debía hacer que se cumpliese, pero ante todo, esperaba encontrarlo con vida aunque los hechos y las pistas fueran tan poco halagüeños desde el principio.
Sabía de sobra dónde los habían emboscado y a partir de ahí había estado intentando seguirle la pista al señor William sin lograr nada significativo.
Las huellas se habían adentrado en la selva. Hacía semanas que lo buscaba en la espesura y cada vez estaba más seguro de que algo o alguien se lo había llevado al interior, pero ¿hacia dónde? Desde que había despertado en la zanja de aquel camino polvoriento, no había podido quitarse de la cabeza lo sucedido. Y repasaba una y otra vez ese terrible momento, intentando sacar alguna pista o conclusión que le permitiese avanzar.
Un par de sus hombres habían salvado la vida y aunque era menos que nada, necesitaba más personal de refuerzo para continuar con la búsqueda. Le habían resultado bastante útiles y trabajaban con ahínco, con la misma motivación que él mismo, pero sentía que era insuficiente.
Le había enviado una carta a su esposa y confiaba en que ella estuviera tranquila, aunque...Dado el vínculo que la unía al señor Ardlay, era casi imposible que no se preocupara por él, por ellos. A aquellas alturas ya debía haber tenido al bebé y esperaba noticias suyas en la dirección donde había establecido su residencia temporal.
De momento, debería de conformarse con una pensión de mala muerte, en el pueblo donde se había incendiado la fábrica. Nadie sabía para quién trabajaba en realidad. Muchas personas guardaban rencor a los Ardlay y les echaban la culpa de su desgracia; sin embargo, ellos no sabían la identidad del verdadero culpable. Georges no podía perder el tiempo dándoles ninguna explicación o consuelo, ya que muchos de ellos sabían lo que había sucedido en el camino que llevaba al pueblo y corrían rumores sobre un ajuste de cuentas en la persona del propio dueño de la fábrica incendiada.
Nadie, excepto los más allegados, debían saber que William estaba de nuevo desaparecido. De saberse, se produciría un cisma para decidir quién iba a ser el próximo jefe del clan en funciones, hasta que él diese señales de vida. Lo cual podría generar más tensiones dentro de la familia ya que aún había personas dispuestas a quedarse con el control del holding a cualquier precio. Georges sospechaba que eran capaces de declararlo muerto, con tal de salirse con la suya y poner sus ambiciones en la figura de su heredera más reciente: la pequeña Fleur.