La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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La joven Candy sonrió, intentando transmitirle tranquilidad y confianza.
—Marnie, tú eres quien ha mantenido a flote la farmacia de mi madre desde que tuvo que dejarlo todo atrás para acompañarme en ese loco viaje en barco; por todos los Santos ¿Cómo no iba a querer conocerte en persona? ¿Cómo crees? Y... y sin embargo...—Candy se quedó de pronto sin palabras y el color se le fue y volvió a sus mejillas.
—¿Sin embargo...?
—Bueno...— comentó nerviosa—. La verdad, es que tiene algo importante que decirte.
Se mantuvo en silencio, pensativa, con aquellos enormes ojos ambarinos con vetas esmeraldas fijos en su hermana melliza.
Candy contuvo la respiración, intentando controlar los acelerados latidos de su corazón. Había prometido a su madre no decirle nada y mantendría su promesa.
—Marnie, dime ¿Te sientes con fuerzas para hablar con ella, con mi madre?—dijo suavizando la voz.
La joven se encogió de hombros, parecía indecisa, confusa. Candy se dio cuenta de que estaba intentando disimular sus verdaderos pensamientos.
—Puede que si... ¿Es importante?—murmuró a la defensiva.
Candy esbozó una sonrisa nerviosa.
—Muy importante, créeme.
Marnie suspiró. Aquel día, se encontraba mucho mejor y ya tenía ganas de levantarse de la cama.
—Está bien, pero me gustaría que me ayudaras, Candy. Debo tener una pinta horrible.
Candy negó con la cabeza, le recolocó las almohadas y Marnie le pidió que le acercara un espejito de mano y un cepillo de pelo.
—Espera, yo te ayudo—se ofreció enseguida.
—Gracias, Candy. Quiero estar presentable, ¿sabes? — confesó Marnie con un hilo de voz—Yo le debo mucho a la señora Archer.
Su hermana sonrió. Entendía los esfuerzos de su melliza por agradar a Clarice, sin embargo estaba preocupada por ella, porque ¿qué pensaría Marnie si supiera que estaba a punto de conocer a su madre biológica? ¿Cómo se lo tomaría? ¿Huiría...?
Candy rio intentando parecer despreocupada.
—Ni te preocupes, a mi madre le va a dar exactamente igual. Lo importante, es que tú estés bien— le aseguró mientras le peinaba los cabellos y los repartía en un par de coletas color frambuesa, con sendos lazos de seda color beige que ella misma se había quitado para regalárselos en ese momento.
—¡Listo...! ¿Qué te parece?—inquirió mientras Marnie se observaba en el espejito de mano con ojos críticos.
—Pues que al final Millie sí que va a tener razón cuando me dijo que nos parecíamos—rio la joven divertida.