❤Capítulo 64: Madres e hijas I❤

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El Doctor Bates hizo bien su trabajo y la joven Charlotte Archer alias Marnie Williamson pronto fue recuperando la salud

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El Doctor Bates hizo bien su trabajo y la joven Charlotte Archer alias Marnie Williamson pronto fue recuperando la salud.

Los frecuentes paseos con Candy por el jardín la ayudaban a recobrar la sonrisa y también el buen humor. No obstante, Charlotte mantenía las distancias con Annie Bennet-Brighton a quien no perdonaba sus constantes desplantes durante el viaje en transatlántico que la había traído hasta allí. Annie lo entendía y se mantenía en un discreto segundo plano. Entendía que no se había portado bien con ella y las consiguientes reticencias de su hermana por permitir un acercamiento.

—Tienes que tener paciencia con ella, Annie. Mi hermana ha sufrido mucho— le dijo respondiendo a la pregunta que ella le había formulado para intentar disipar su creciente preocupación. 

Annie no quería que Marnie las distanciara y estaba dispuesta a cambiar de actitud si con ello conseguía que la muchacha la perdonara.

— Entiendo...

De esto nada sabía Marnie quien estaba más concentrada en asumir la nueva realidad en la que su vida se había visto envuelta. Recordaba lo que su abuelo le había dicho en la reunión celebrada en Dunnottar Park.

El resto de tu familia reside en Archer Hall ... y están deseando conocerte.

Marnie se sentó en el banco del jardín y observó que había florecido en todo su esplendor. Respiró el aire perfumado de las flores silvestres y cerró los ojos, soñando con una vida mejor.

 Por primera vez en su corta vida, sentía que aquel era un verdadero hogar. Pero aún así se sentía una extranjera, una extraña. Todavía le dolía el hombro tras la caída del caballo y se sentía en deuda con Stephan y con los Archer.

 Esperaba que los Ardlay perdonaran su atrevimiento; sabía que había hecho una tontería tomando prestado algo así, sin pedir permiso. Por lo que sabía, el caballo había estado vagando por el bosque y luego había regresado sin problemas a las caballerizas de Dunnottar Park, la propia Candy se lo había dicho. Lo cual, la avergonzaba más aún que el hecho de que Stephan la hubiese encontrado sola y magullada en mitad de una tormenta en el bosque.

También supo que ella, junto con Scott Archer habían sido quienes le habían devuelto el brazo a su sitio. Tras aquel dolor agudo había venido el descanso, lento, desasosegado, aderezado por la alta fiebre que tenía por culpa del resfriado. La hipertermia tampoco le había ayudado a distinguir más allá de las siluetas difusas de las personas que la atendían.

 Los delirios le habían alterado el sentido de la realidad aunque supo que estaba en una habitación amplia, que su cuerpo descansaba sobre una cama enorme, cómoda; también se dio cuenta de que alguien le refrescaba la frente con compresas de agua fría, incluso la cambiaba de ropa y le daba de beber algo que le sabía amargo.

Después caía en un profundo sopor. En su delirio incluso había creído escuchar la voz de Stephan y ella recordaba que había respondido con ansia a su llamada. Pero después su figura se había difuminado en el iluminado umbral de la puerta de su habitación. Incluso le pareció escuchar que alguien le había dicho que aún era demasiado pronto.

Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte  [Libro 3]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora