La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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—Annie, muchacha...—escuchó decir a una potente voz masculina muy cerca de ella.
La joven se sobresaltó, las lágrimas aún rodaban por sus mejillas y el aire de la tarde le refrescaba el rostro.
—¿Qué hace usted aquí? ¿acaso me ha seguido...?—inquirió Annie inquieta.
Bear Archer se aproximó a ella con delicadeza.
—No piense mal de mí, por favor. Solo me ha preocupado no encontrarla cuando la iba a sacar a bailar ¿no recuerda que me debía una pieza?—inquirió intentando no asustarla.
Ella sonrió.
—Ah, eso. Discúlpeme, pero no tengo ganas de fingir algo que no soy—murmuró con disgusto.
El joven Archer se quedó un segundo pensativo.
—¿Y quién es usted...?—le preguntó con suavidad.
Annie seguía llorando, sin poder evitarlo.
—No soy nadie interesante, solo alguien que se ha perdido a sí misma...— logró decir mientras se limpiaba las lágrimas con rabia.
Bear suspiró y se propuso animarla
—No estoy de acuerdo...— objetó sonriente.
Annie consiguió esbozar una sonrisa trémula.
—¿En qué no está usted de acuerdo, señor Archer?—logró preguntar sin que le temblara la voz.
La voz de Bear sonó clara, sincera y la miró a los ojos, buscando su contacto.
—En que usted no sea "nadie interesante"...—murmuró haciendo que ella sintiera un estremecimiento.
Se acercó con delicadeza y cierta elegancia que la sorprendió.
—¿Me permite la libertad de sentarme con usted...?—preguntó con educación.
Annie estaba convencida de que aquel hombre imponente era un caballero así que consintió en compartir con él aquel asiento de piedra caliza.
—De acuerdo, ahora mismo ya no me importa lo que vayan a decir de mí. Seguro que esas viejas arpías van a pensar que soy mercancía desechable tras haber roto el compromiso— dijo mientras dejaba escapar toda la frustración que la venía torturando desde el instante en que Archie se había acercado a hablar.
Bear sonrió y miró hacia la entrada imponente de la finca Archer.
—No sea tan severa consigo misma. He observado a un muchacho acercarse a hablar con usted—dijo ensombreciendo su verde mirada—.¿Acaso la ha importunado? porque si lo ha hecho, se lo haré pagar con gusto—afirmó apretando los puños.
Annie sintió una repentina aprensión. No podía permitir que aquel hombretón interviniera, Archie no iba a tener ninguna oportunidad de defenderse y aunque estaba enfadada con él, aún le importaba.