❤Capítulo 54: Entre las brumas de los recuerdos❤

248 31 32
                                        


William Albert Ardlay, desmemoriado, confuso, se había levantado de su lecho para ir a buscar un vaso de agua a la cocina. Estaba libre de gérmenes, él mismo la hervía. 

Se acordaba de que eso era importante para potabilizar el agua que se recogía del pozo. No estaba dispuesto a enfermar de una disentería y tampoco le gustaba abusar del café. Prefería el té aunque no quería importunar a Olivia con sus caprichos. Empezaba a acostumbrarse al sabor fuerte del café que se cosechaba en aquel lugar pero sentía nostalgia de otros sabores, otros colores. 

Hacía meses que vivía con ellas y la vida era sencilla. Apacible la mayor parte del tiempo, excepto cuando venía de visita cierto hombre mal encarado y arrogante. 

¿Cómo se llamaba?

William se sirvió  agua en un tallado y transparente vaso de cristal de bohemia y sonrió cuando recordó el nombre: Arthur. 

Sí, Arthur Mc Bride. No entendía por qué parecía tenerle manía pero a él le daban igual sus provocaciones. Pensaba que era un tipo de espíritu mezquino y pobre. No dudaba que debía de tener dinero, lo había deducido por lo costoso de sus ropas. Además, solía llevar escolta.

Sin embargo, en más de una ocasión, había tenido la oportunidad de demostrarle su superioridad física sin necesidad de esforzarse demasiado. Para aquel tipo,  era suficiente humillación que él lo derrotase limpiamente y aunque luego se reía y se comportaba como si fuera un amigo, a William le quedaba claro que no era así. 

Olivia soportaba con incomodidad estoica sus visitas.

 Y William procuraba hacerle la vida más agradable en lo que podía. Era su manera de corresponderle con  lo que había hecho y agradecía estar ocupado. Pronto la antigua hacienda de los Pereira dejó de tener secretos y él se hizo muy popular entre el servicio. 

Zendaya Santos, la abnegada doncella de Olivia, siempre tenía buenas palabras para él y William correspondía a sus lisonjas ayudándola en lo que precisaba. No era algo que le molestara, él no soportaba mantenerse ocioso. 

Y quería ahorrarle molestias a su anfitriona.

Ella había hecho bastante con acogerlo bajo su techo y rescatarlo de una muerte segura en aquel polvoriento camino en medio de la selva.

 La hábil enfermera se había ocupado de sus heridas que con el lento transcurro de  las semanas, habían mejorado bastante. 

William se tocó la cabeza y sintió la consistencia rugosa de la herida que había cicatrizado sorprendentemente rápido. 

Hizo una mueca, pensativo. ¿Quién era? ¿Cuáles eran los esquemas de su vida? ¿Había sido un criminal o en cambio había llevado una vida honrada? 

Se sentía agobiado. Olivia le recordaba que habían estado prometidos, pero él no lograba recordar. Le gustaba, pero era incapaz de sentir nada por ella. 

Se apoyó sobre la baranda que daba al exterior. Ya había oscurecido, el cielo estaba nublado y podía observar las nubes bajas sobre las copas de los árboles.

Eso le gustaba.

Podía escuchar los sonidos que hacían los animales nocturnos en la selva y eso  le calmaba...le fascinaba intentar averiguar el tipo de animal que los emitía. Tenía amplio conocimiento de la fauna local y no sabía por qué. 

Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte  [Libro 3]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora