La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
"Mon Chérie Vanessa,
Te escribo desde Sâo Paulo, desde el hotel donde nos hospedamos habitualmente.
Estoy bien, no te preocupes. Perdona la tardanza.
¿Cómo estás tú, mon amour? Rezo siempre porque nuestro bebé nazca fuerte y sano. Me parte el corazón no poder estar ahí contigo ahora mismo; sabes que mi prioridad siempre vas a ser tú ¿verdad?. Eres una mujer extraordinaria, valiente y fuerte...mi corazón se estremece cada vez que recuerdo tu cara y tu dulce sonrisa.
Sé que estarás bien...que los dos estaréis bien.
Lamento ser portador de malas noticias pero hemos sufrido un asalto y mucho me temo que hayan secuestrado al señor William. Sospecho que detrás de esto se encuentra el mismo hombre que ordenó la quema de nuestra fábrica. Y eso me preocupa.
Me he puesto en contacto con la familia para poder conseguir más hombres y recursos. Mi deber es encontrarlo a toda costa y traerlo de vuelta.
Perdóname.
Mis pensamientos están siempre contigo.
Con amor, tu devoto esposo.
Georges Villiers"
Vanessa dejó la carta encima del regazo y ahogó un sollozo.
Como si su hijo se diera cuenta del estado de ánimo de su madre, le respondió con una patadita que ella recibió con una sonrisa trémula. Estaba a punto de salir de cuentas. Y se sentía triste por que su marido no estuviera allí con ella para recibir al bebé. Se moría de ganas de ver la cara de su hijo y la expresión de su padre cuando por fin lo tuviera en brazos.
Se había mudado temporalmente a la casa que sus padres tenían en Kings Road, en Londres. Su padre, Lord Higgins, primero le había exigido y después le había rogado que pasara el resto del embarazo en la residencia familiar porque quería que fuera atendida por el médico de la familia.
—No puedes estar en mejores manos, querida niña. Y no puedo dejar que mi nieto nazca en un lugar tan alejado como Newcastle. Todos los Higgins hemos nacido en esta casa y así debe seguir siendo.
Vanessa habría preferido tener al niño en el campo, pero el rostro preocupado de su madre la había persuadido de no contradecir las órdenes de su padre. Entendió que aquella vez quizá tenía su parte de razón.
No era que le parecieran bien aquellas absurdas tradiciones familiares —donde por supuesto, se incluía la de ser un ángel del hogar por ser mujer—sino que sentía que en la capital había más recursos.