Inglaterra y Austria deciden unirse en un ventajoso matrimonio. Es simplemente perfecto.
Aunque sea una interminable cascada de muchos desastres bastante afortunados.
James, príncipe de Inglaterra, descubrirá que el amor es pequeño, rubio y bastant...
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–Por favor... –suplica. Las lágrimas siguen mojando sus mejillas y su garganta la siente en carne viva. –Por favor...
La tortura inicio alrededor de las tres de la mañana. Han sido besos exigentes, desgastantes y eternos. Las caricias han sido frías, calientes, suaves, ardientes, dolorosas y perennes. Ya no puede más.
–Vas a matarme... –porque nadie puede vivir así. –Por favor, Peter...
Es imposible continuar, no cuando la boca del rey succiona su miembro con hambre y al mismo tiempo tiene dos largos dedos metidos en su culo. Peter desliza la lengua entre sus testículos y presiona la base de su miembro para torturarle, matarle de la manera más caliente.
– ¿Me detengo? –su burlesco acento, la saliva dándole brillo a sus rosados labios y a su perfecta mandíbula.
Niega restregando su cabeza entre las sabanas, agonizando por las caricias detenidas. –No-
Peter se apiada. Coloca una almohada debajo de su cadera y otra debajo de su cabeza. Sube sus piernas a los hombros y sin dejar de verle se hunde él. Tony lucha por mantener los ojos abiertos, sostenerle la mirada. Pero fracasa porque su cuerpo está al borde del colapso y Peter ha llegado hasta dentro, tolerarlo es imposible.
–Dios... –el rey inicia besando sus tobillos, el interior de sus rodillas y avanza hasta llegar a sus labios. Son besos en carne viva. –Peter-
Se arrepiente. Su sobre estimulado cuerpo apenas puede procesar la ardiente sensación de Peter arrastrándose en su interior, saliendo y volviendo a entrar con prisa, sin ritmo y desesperado.
Llora, se queja, jadea, maldice. Incluso aúlla. El rey tiene práctica encontrando el punto inflamado de su interior, tiene maestría en golpearlo una y otra y hacer que los dedos de sus pies se doblen, que su mente colapse y que descargas eléctricas desfilen en su columna. Lo va a matar, no cabe la menor duda.
Sobre los latidos amplificados de su corazón escucha a Peter rugir contra su oreja. Lo dice algo pero es en francés y como segundo apenas puede respirar mientras el cuerpo del rey le está embistiendo contra la cama.
–Yo.. ahg, ¡Peter! –se equivocó al pensar que ser atacado por el mayor sería el límite de lo que podría soportar, porque Peter no solo lo embiste, también le está tocando con el mismo ritmo descomunal de sus caderas y su cuerpo se quiebra.
Largas descargas de blanco líquido manchan su abdomen y humedecen las manos de su majestad. Hay un extraño pitido en sus oídos y no puede dejar de llorar. Sus piernas siguen sobre los hombros de Peter y no dejan de temblar.
–Anthony... –le llaman pero ya no queda ni un solo gramo de fuerza en su cuerpo, se ha convertido en polvo. –Tony...
Entonces Peter vuelve a rugir, baja sus piernas, pasa los brazos detrás de su espalda. Le levanta con facilidad y se aferra a él mientras siente el miembro palpitar en su culo. Está sentado sobre las tonificadas piernas del rey mientras es llenado de manera perversa, sucia. Lo sabe, lo siente. La humedad incluso ha llegado hasta sus muslos.