Te lo dije.

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–Muy bien, tienes mi atención. ¿Qué quieres?

Anthony se cruza de brazos, sin un solo rastro de inhibición o incomodidad al estar en completa desnudez. Si el príncipe pudiera, viviera así. En natural y eterna desnudez.

–Estás hermoso, más que nunca. –son palabras cargadas de sentimientos que golpean la fría muralla que construyó para poder proteger su corazón.

–Gracias. –murmura y rodea al rey. Buscará un suéter y podrá dar la pelea que seguramente el rey fue a buscar. – ¿Qué quieres?

–A ti. –amenaza y Anthony detiene su andar. –Me extrañas tanto como yo y es de idiotas seguir sufriendo así. Te quiero conmigo, para siempre.

Son como mil litros de miel cayendo sobre él, golpeándole y pegándole a suelo. Inmovilizando su cuerpo y agregando peso a sus hombros. –Realmente eres necio. ¿No estabas ya en paz?

–Nunca voy a estar en paz sí se trata de ti.

Su estómago reacciona a Peter y tiembla. –No, no de nuevo. Ni siquiera voy a permitir que empieces.

– ¿Por qué? ¿Temes que te convenza? –no solo son las palabras, es la manera tan remarcada de hablar. La forma casi imposible de retorcer la lengua para armar las palabras, es la fría mano que se ha colocado sobre su desnudo vientre y amenaza con bajar.

–No. –no se mueve, cualquier movimiento en falso puede y será usado en su contra. – ¿Quieres sexo? Porque es lo único que nos funciona de maravilla. Posiblemente eso es lo que extrañamos.

Que gran mentira, pero puede ser suficiente para espantar a Peter y a lo mejor podría resultar ser como una salvaje catarsis dónde, tal vez y muy imposiblemente, termine de quererlo.

Pero Peter es mayor, entonces es más sabio y por consiguiente, sabe jugar mejor. –Anthony, si un cuerpo fuera lo que me hiciera falta, ya lo hubiera resuelto. –la mano en el frío vientre del príncipe es para tener prueba fehaciente de como su respiración se empieza a descontrolar.

– ¿Felicidades?

–Es más que eso... –murmura y se acerca más, en su pecho encaja perfectamente la pecosa espalda del menor. Inclinarse es fácil, sobre todo cuando sus labios tienen como destino el perfumado cuello del príncipe y puede inhalar una vez más el embriagante y adictivo aroma que habita ahí. Justo detrás de la oreja. –Es la imparable necesidad de tenerte.

–Creí que tu fase prepotente había terminado. –siente el leve temblor que sacude el cuerpo del príncipe cuando sus labios dejan un fantasmal beso sobre la oreja. –Peter...

–Puedes detenerme cuando quieras. –un beso más existente y solo la punta de su lengua humedeciendo hasta las clavículas son suficiente para el pecho de Anthony se sacuda con más fuerza. –La cuestión es, ¿quieres hacerlo?

La pregunta le hace abrir los ojos, que no recuerda haber cerrado. – ¿Qué más quieres de mí, Peter? ¿No te ha quedado claro que no puede ser?

Meses de largas noches añorando ese toque, ese breve y peligroso momento.

–No me importa. –antes que el rey termine la frase está siendo girando y enfrentándose a los ojos más honestos que ha conocido. –Escúchame. –las manos de Peter son retiradas de su cuerpo y el frío regresa bruscamente.

–No. No quiero-

–Cállate y escúchame. –Anthony muerde sus propios dientes y retiene la grosera contestación. –No es que no pueda vivir sin ti. El problema es que no quiero hacerlo.

Su garganta se cierra y sus ojos comienzan a picar. – ¿Escuchas lo qué dices?

–Anthony... –el rey suspira. –Pensé que eras un capricho, incluso una obsesión. Pero seamos sinceros, ¿has podido ser feliz este tiempo separados?

Palacio [STUCKY] [STARKER]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora