Steven sueña que la habitación se llena de flores. Enormes margaritas que amenazaban con aplastarle. Esta vez no entra James a rescatarle; tiene que salir por la ventana y descubre que hay todavía más flores. Y entre aquel desastre, escucha el llanto. Desesperado, busca en el suelo el origen de aquel lamento.
Cuando finalmente lo encuentra, se despierta.
– ¿Estás bien? –le pregunta James a un lado de la cama.
Respira profundo, parpadea despacio y cuando quiere estirarse su pie topa con el monstruo de pelo que es Pigeon. –Sí. Estoy bien.
Es una pesadilla recurrente la habitación llena de flores. Nunca había visto variación, hasta esa mañana.
Preparados todos para partir y volver a sus respectivas obligaciones toman un largo desayuno en uno de los salones más bonitos de Versalles. Steven nota que la reina conversa demasiado con la señorita Elizabeth y su padre sigue observando la puerta donde Peter no debe tardar en aparecer.
También nota que Anthony está mortalmente silencioso y resplandeciente en una esquina de la mesa. La puerta se abre y Peter entra sonriendo con todos los dientes. Camina altiva, seguro y victorioso. Es el Peter de siempre.
–Lamento la demora, Maree se encuentra indispuesta y se disculpa con cada uno de ustedes. –habla en un inglés relajado y toma asiento para iniciar con la primer comida del día.
Ocho días después, mientras observa el entrenamiento de equitación de James, tiene un escalofrío. Loki, largo y silencioso a su lado, es capaz de notarlo. – ¿Se encuentra bien, su alteza?
– ¿Crees en los presentimientos? –murmura.
Loki, con las cejas juntas y mirando el horizonte, asiente. –Mi madre solía decir que eran advertencias enviadas desde las estrellas.
Es el turno de Steven de juntar las cejas y girarse al secretario. – ¿Qué?
–Era bruja. –contesta tranquilo. –Pero sí creo, ¿por qué?
–Tengo uno y... –duda si confesar. –Creo que es catastrófico.
Quince días después de su última pesadilla, mientras lee la entrevista que el rey de Francia y su futura esposa dieron a una importante revista, James le pregunta a Steven si aquel asunto estaba resuelto.
–Lucen felices, ve. –le muestra la revista y Steven suspira.
–Creo que sí. –afirma sin convicción.
En la tercer semana de Marzo a Steven lo despiertan las náuseas. Soñaba que no podía encontrar a James y que el palacio de Buckingham crecía y crecía dejándole afuera. Suspira cuando nota a su esposo durmiendo tranquilamente a su costado. El único que levanta la cabeza para verle con curiosidad es Pigeon.
La primera semana de Abril, el príncipe Anthony regresa a Londres. Luce radiante, con el cabello más largo que la norma, con la mirada resplandeciente y contando las mil cosas que aprendió, los fantásticos lugares que conoció y la poca importancia que los americanos tienen por respetar protocolos.
Pregunta si se puede quedar con ellos un par de días, que no tiene intención de encerrarse en el sombrío palacio de su madre y que necesita aire fresco para iniciar con sus propias fundaciones. James, contento de tener a su hermano más cerca, accede de inmediato. Steven, feliz de tener la compañía de su querido cuñado, brinca de felicidad.
Lo único malo son las pesadillas que se vuelven de cada noche. Despierta con náuseas y más asustado que nunca. Aturdido y esperanzado, se realiza una rápida prueba. Pero sentado sobre el retrete, la línea roja se refleja solitaria y Steven comienza a asustarse un poco más.
El último día que Anthony pasa con ellos, lo encuentra durmiendo en uno de los salones con vista al jardín. Tiene las mejillas rosadas y en su pulgar izquierdo descansa un negro anillo. Steven lo reconoce con facilidad y niega silencioso. Se fija que el sándwich a medio comer es de mantequilla de maní y pepinillos.
Durante la segunda semana de Abril la reina les visita. Como siempre, la frente arrugada y un rictus en los labios. James suspira al escucharla hablar de lo mismo una y otra vez y Steven prefiere convertir sus palabras en ruido blanco.
–Y le has preparado foccacia, increíble. –se burla James desde la isla de la espaciosa cocina.
–James... –murmura mientras va colocando en la mesa los embutidos que pueden acompañar aquel delicioso pan. –Tú también estás invitado.
Haciendo un dramático sonido de indignación, James come otro pastelito. –No sería capaz de interrumpir la esperada visita.
Es la tercera semana de Abril y Steven prepara la merienda la tarde para recibir al General John. James, en disfrazados celos, le molesta desde la isla de la cocina que da vista a la entrada principal. –James... –vuelve a murmurar divertido.
Se acerca a la isla y se ríe ante la indignada mirada de soslayo que el príncipe le lanza. Colocándose de puntillas, deja un rápido beso en su mejilla. –Eres detestablemente adorable, ¿sabes?
Las rápidas manos del heredero le capturan y lo vuelven prisionero entre la isla y el musculado cuerpo del príncipe. Suspira, lleno de abrumante amor. –Dile que no puedes atenderle. –sugiere James besando detrás de su oreja. –Que surgió un inconveniente... –pide dejando un línea de húmedos besos que se deslizan en su cuello. –Que-
Loki se aclara la garganta y Steven florecen en rojo en los brazos de su esposo. –El general John ha llegado.
James sonríe todavía más divertido y deja un beso en su frente. –Nos vemos más tarde, su alteza.
– ¿A dónde vas? –pregunta mientras reacomoda su suéter.
–Es noche de póquer en casa de Sam.
Se dan un rápido beso y James se retira antes que el amable General John.
–Su alteza. –se inclina el alto hombre apenas ingresa a la habitación. Steven se fija que trae una botella en la manos.
–Hola, John. –le sonríe mientras llega hasta él. Se abrazan rápidamente y le invita a la mesa.
–Esto es para usted. –es una botella de dulce vino francés y Steven siente un escalofrío.
–Queda perfecto para nuestra merienda.
La conversación siempre es fluida. Miles de relatos de trabajo, de encuentros y escuálidos comentarios del rey de Francia. Los sándwiches van avanzando y la botella va llenando las copas. Es una excelente tarde de Abril.
Pero la puerta se abre abruptamente y el general John se pone de pie en un auto reflejo de protección. Solo que no es una amenaza, es el príncipe Anthony con los ojos a punto de salir de sus órbitas, húmedos y enrojecidos, temblando y a un solo segundo de desmayarse.
– ¡Steven! –grita mortalmente pálido. –Tienes que ayudarme.
Y con el rápido paso del segundo, su alteza real el príncipe Antony toca el suelo. Es el fuerte general quien lo toma en brazos con demasiada facilidad y le lleva a una de las habitaciones. Antes de llamar al médico, el príncipe reacciona y pide fervientemente privacidad absoluta.
Steven, con los nervios a flor de piel, se disculpa del general y promete posponer aquella merienda.
Cuando regresa a la habitación encuentra al príncipe Anthony llorando sin consuelo alguno. –Cielos, Tony, necesito que me digas qué te pasó- –su cuñado le extiende una conocida prueba y sus ojos capturan las dos líneas rojas. –Mierda.
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Palacio [STUCKY] [STARKER]
Fiksi PenggemarInglaterra y Austria deciden unirse en un ventajoso matrimonio. Es simplemente perfecto. Aunque sea una interminable cascada de muchos desastres bastante afortunados. James, príncipe de Inglaterra, descubrirá que el amor es pequeño, rubio y bastant...
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