Mejor que nunca.

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 Hay un ligero temblor en sus manos. Pero es culpa del frío, no el hecho que James le haya besado. Aunque no es besar, solamente juntaron su boca por cinco segundos, pudo contarlos.

Llegan al palacio cerca de las cuatro de la mañana, no hay señal del astro rey y de ninguna estrella. Es una oscuridad profunda la que reina sobre Londres y les permite entrar sin ser vistos.

-Fue todo un placer, su alteza. –se despide Samuel. –Espero que nos reunamos pronto.

-Tenlo por seguro. –afirma. –Muchas gracias por todo.

-Gracias Sam, fue perfecto. –James palmea el hombro del duque. –Dile a Zemo que le hemos visto babear.

-Dalo por hecho, hermano. –afirma el moreno y arranca.

En el mayor de los silencios se infiltran en el palacio. Rodean la cocina y guiado por la mano de James llegan a la puerta de su habitación. Si bien dormito en el auto, ahora no hay rastro del sueño.

-Bien... -el príncipe tiene las pupilas dilatas. Puede verlas a pesar de la escasa luz de los perennes candelabros. –Espero te hayas divertido.

-Ha sido una noche inolvidable. –confiesa. –Gracias.

Sus manos siguen entrelazadas. Están de frente al otro y todo se cuerpo le prohíbe terminar la noche. Tiene que inclinar su rostro hacia atrás para poder ver el rostro de James, la diferencia de altura cada día crece.

-No tienes que agradecer nada. –James da un paso, desliza sus manos por su cuello y retira el gorro. –No lo necesitas más.

Ni siquiera sabe que necesita, siendo sinceros. La magia de la noche ha invadido el palacio y ha espantado el frío, le ha dado calor en el pecho y una devastadora necesidad de hacer algo, cualquier cosa, para poder alargar la noche, solo un poco más.

La mano de James descansa detrás de su cuello. Ve como muerde su labio, como sus ojos van de un lado a otro y en su frente hay una arruga, clara señal que tiene un debate interno, Steven desea que esté pensando hacer lo mismo que él, aunque resulta mil veces mejor.

Son movimientos rápidos, pero en su memoria se guardaron en cámara lenta. James filtra un brazo entre su abrigo y la camisa, le toma de la cintura. La mano detrás de cuello se cierra y le atrae a su cuerpo. La boca del príncipe esta nuevamente sobre la suya y sus pies se despegan del suelo.

Coloca sus brazos detrás de la cabeza de James, porque necesita sujetarse, la gravedad natural le ha abandonado. El agarre del príncipe se refuerza más y cierra los ojos, cae.

Esta vez James juega con su labio inferior y como no tiene ni la menor idea de qué hacer, deja que haga de él lo que desee. Permite que succione un poco y se vuelve casi líquido cuando el musculo de su boca delinea el mismo labio y se infiltra en interior de su boca, buscando, tocando, presionando.

Es más, mucho más. Se le escapa un suspiro destrozado, es como un aullido o una súplica. El beso termina y es dejado nuevamente sobre el suelo. Abre sus ojos con lentitud temiendo verle, avergonzado. Los ojos de James se ven más brillosos que antes y más oscuros.

-Lo siento. –se disculpa, tiene la vergüenza de disculparse, dios. –Yo-

-Que descanses, te veré en un rato. –huye, porque podría decirle que no tiene nada de que disculparse y terminaría de morir por el bochorno.

Entra con prisa a su habitación. Cierra la puerta y corre a la cama. Se lanza y ahoga un grito contra una de las almohadas. La sonrisa que crece en sus labios amenaza con partirles la cara en dos.

-Dios... -hay una chillona risa escapando de él. -¿Qué fue eso?

Se acomoda, ve hacia el techo y presiona sus mejillas con sus manos para deshacer la sonrisa, pero es inútil, no puede. 

Palacio [STUCKY] [STARKER]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora