El puente de Londres no se ha caído, lo han botado.

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Los días que le siguieron no fueron ni raros, ni incómodos

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Los días que le siguieron no fueron ni raros, ni incómodos. Se sintieron vacíos, carentes de emoción alguna y solamente un poco conflictivos. 

Pero, eventualmente, Steven ofreció una rama de olivo al prepararle una elaborada cena de tres tiempos y agregó al postre una mirada de eterna devoción. Extendió la mano sobre el tiramisú y James no pudo más que sonreír.

–Eres verdaderamente insoportable. –le aseguró mientras dejaba un beso en el dorso de la misma. 

–Lo sé. Lo mismo podría decir de ti. –le contesta con la sonrisa ladina.

Esa fue la primera noche que durmieron juntos después de lo que pareció una eternidad. James empujo la puerta de la conocida habitación y Pigeon saltó de la cama en cuanto lo vio entrar. Steven dio un brinco al salir del baño.

– ¿Se te ha perdido algo? –preguntó con el característico aroma del dentífrico de hierba buena.

James lo observó un rato, laxo y sonriente. –Sí. ¿Me ayudas a encontrarlo?

Se besaron en la semioscuridad y no pudieron evitar sentirse como la primera vez. A Steven le temblaban las piernas y James tenía la imperiosa necesidad de lanzarse contra el príncipe y meterlo debajo de su piel. 

–Me alegra que estés aquí, muchacho. –le sonrío contento el rey. –No puedes ni imaginarte el lío que fue aquí.

No necesita imaginarlo, conociendo a Steven como finalmente le conoce, puede saberlo. 

No volvieron a la naturalidad, no todavía. Existían un par de días que James sentía la punzada del enojo pero se desvanecía cuando el príncipe Steven ingresa a la habitación con el lento caminar que había adquirido. Podría decir que pasaba horas observando la nueva y curvilínea figura que ahora tenía. 

Los días se consumen rápido y cuando su majestad pregunta por qué no ha regresado, James entiende que viene la parte más difícil de todo aquello: enfrentar a su madre.

– ¡¿Qué?! –rugió la mujer en el teléfono.

–Tiene cinco saludables meses, mamá. –le asegura mientras ve como Steven sigue agregando más miel a la dulce sandía que comía a media tarde.

– ¿Cómo estás seguro que es tuyo? –James no necesitaba pruebas porque no tenía dudas, no cuando los grisáceos ojos le observaban del otro lado de la isla de la cocina. 

–Creo que no quieres escuchar eso, mamá. 

Enviaron el comunicado a la prensa inglesa y austriaca la tarde de viernes, para el día lunes habían recibido una cantidad absurda de presentes, de cartas de felicitaciones, de invitaciones a entrevistas formales. Todas declinadas amablemente.

– ¡Mira esto! –chilla Steven a media tarde. Levanta un pequeñísimo suéter decorado con ositos todavía más pequeños. 

James nota como los ojos del príncipe se humedecen. – ¿Estás bien?

Palacio [STUCKY] [STARKER]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora