Posibilidad.

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Anthony salió primero y el auto ya le esperaba con luces apagados y el motor ronroneando en la fría oscuridad. Su cabeza está revolucionada desde la impactante declaratoria del Rey. No podía creerlo.

En su cabeza no cabía la posibilidad de vivir en un lugar lejano, apartado de todos, desayunando y cenando únicamente con Peter. No se imagina los furtivos besos que podrían darse en medio del jardín, o tomarse las manos mientras leen los libros de los poetas enamorados.

Claro que no, Anthony no se imaginaba despertando cada mañana al lado del rey. Besarlo hasta el amanecer, dormir hasta el atardecer. Eternamente solos.

–Hey... ¿a dónde quieres ir? –Peter aparece un par de minutos después y el auto comienza a deslizarse en la oscuridad.

– ¿A casa?

–Al apartado entonces. –la gran y cálida mano del rey atrapa la suya. El aire se siente viciado con las preguntas que revolotean entre ellos.

Tiene miedo. Recuerda la trágica historia de su tío abuelo Eduardo I. El rey que renunció al trono por amor, amor que luego le traicionó y le abandonó en medio de un solitario palacio. Su tío perdió la razón y meses después, la vida. La mujer corrió la misma suerte, no aprendieron a vivir juntos y no sabían vivir el uno sin el otro.

Anthony ya conocía la agonía de vivir sin Peter, también conocía el estrés que era vivir con él. – ¿Estás bien?

El auto se detiene en un costado del palacio, cerca de unas de las puertas traseras del apartado de su hermano. – ¿Tú lo estás?

En el rostro del mayor hay una oscura sombra, hay preocupación en sus ojos y una profunda arruga en el centro de su frente. –Sí lo estás tú, sí.

Besar los carnosos labios no hace más que multiplicar la confusión de su mente, alborotar su corazón y correr lejos de ahí. – ¿Estaremos haciendo lo correcto?

Ve, por primera vez, duda en el rey. –Nos dejan sin opciones. –incluso se encoge de hombros.

La oscuridad del palacio es su cómplice para ingresar con la única compañía que el latido desesperado de su corazón. Cruzan pasillos, suben escaleras, cierran puertas, todo sin soltarse de las manos.

– ¿Estás consciente de las consecuencias? –en el sofá de su habitación Peter cruza una pierna y observa el interior oscuro. –Porque, literalmente, nos lanzaríamos al exilio.

– ¿Te importa eso? –no, o tal vez sí. No sabe.

–No volvería a ver a mi familia. –declara con tristeza. –Mamá, papá, James, Steven.

–Oh, claro que seguiremos viendo a Steven. No es muy devoto a las reglas que se diga.

–Que tranquilo lo dices, se me olvida que tú no estarías perdiendo nada.

– ¿Un reino te parece poco? –rasca su cabeza, los nervios, el temor le están ganando y le hace hablar sin pensar bien. –No dije que sería hoy o mañana, tenemos que pensarlo bien.

Incluso si fuera en veinte años, Anthony está convencido que no es la mejor de las opciones, ¿pero qué otra tiene? Solo morir de amor o vivir a escondidas. Renunciaría a toda la vida que conoce, a su familia. Renunciaría a los planes de hacerse un ingeniero, a un renombre por su ayuda tecnológica, no por su sangre.

–Anthony, puedo sentir que no quieres hacerlo... –la voz de Peter, siempre varonil y fuerte, ahora es un susurro. –No puedo obligarte a hacerlo, pero es la única alternativa que tenemos para vivir como tú quieres.

Palacio [STUCKY] [STARKER]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora