1a NOVELA de la Saga: Las Hermanas
El único deber que tenemos con la historia es reescribirla.
Oscar Wilde.
Nunca mejor dicho
#1 ella (27/02/2021 - 30/03/2021)
#1 otomano (21/07/21 -
''Cuando nos invade la pena, un día dura tanto como tres otoños.'' Le Thangh Tonh
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No recuerdo nada. No siento nada.
Junto las manos mientras mis ojos derraman lágrimas, observando los tres ataúdes que hay delante de mí. Uno grande y dos pequeños, todos de color negro, con una tela escrita encima de ellos.
Ahí estaban mis pequeños y su padre.
Escucho unos pasos apresurados, así que aparto las lágrimas que corren por mis mejillas, sorbiendo un poco los mocos, mientras veo a Hadgi aparecer, con el semblante algo triste.
- Mi Sultana, es hora de irnos - yo asiento, colocando el velo sobre mi cara, con tal de que los guardias no me reconocieran.
Ya llevaba dos meses visitando las tumbas de mis seres queridos gracias a la ayuda de las Sultanas Dilruba y Halime, que me habían acogido. Tras la muerte de Mehmed y Mihrimah, el pueblo se alteró en sobremanera. La gente estaba acostumbrada a que los Sultanes pidieran la muerte de sus hermanos varones, pero nadie jamás se había atrevido a matar a una Sultana.
Y eso no había caído en gracia.
Las ganas de revolución se olían en el aire, y cada día la gente estaba más cerca de explotar. Kösem se había hecho cargo de la regencia en cuanto yo había desaparecido, creando una guardia cruel y despiadada, que aterrorizaba a los ciudadanos.
La griega también había ordenado desmantelar el cuerpo de los jenízaros, alegando que los guardias imperiales eran suficientes. Para sorpresa del pueblo, los jenízaros habían aceptado y los procesos habían comenzado.
O eso creían.
Desde hacía años, cuando había empezado a ganar poder, había decidido apoyar mi poder en el ejército, cosa que ahora me vendría como anillo al dedo. Los jenízaros permanecían leales a mí, puesto que siempre les había apoyado. Y bajo mis órdenes, los jenízaros habían aceptado los mandatos de Kösem.
Todo tenía que ser perfecto, y una rebelión jenízara no era necesaria.
El vacío que había en mi corazón era tan grande que solo la venganza lo llenaría, y necesitaba tiempo para ejecutar mi plan. Tonta de ella, Kösem había entendido mi desaparición y la de mis hijos como miedo, aunque las patrullas seguían recorriendo el Imperio en busca de los príncipes perdidos.
Hadgi atrae mi atención, agarrándome del brazo y apretándome con fuerza contra la pared. En ese momento los veos, soldados de palacio.
¿Qué hacían aquí?
Hadgi y yo esperamos con sigilo, viendo una figura vestida de negro y con un pañuelo alrededor de la cabeza entrar en las tumbas. Reconozco su rostro joven y los trazos de pelo dorado que caen por su cara, blanca y delgada.