El reencuentro

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''No te alejes sin tener palabras de amor en las que pensar durante tu ausencia, no vaya a ser que nunca se reencuentren''
Jean Paul

''No te alejes sin tener palabras de amor en las que pensar durante tu ausencia, no vaya a ser que nunca se reencuentren'' Jean Paul

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Cuando por fin nos decidimos a bajar, nos encontramos a Menekshe al pie de las escaleras. Yo miro interrogante a la criada principal de la Sultana Halime. Ella hace una pequeña reverencia y levanta la cabeza.

- ¿Que haces aquí, Menekshe? - se adelanta a preguntar Nur.

- Vengo con órdenes de la Sultana Halime - dice la mujer - La Sultana desea hablar con la señorita. - dice señalándome.

Nur y Sirin me miran, y yo asiento.

Veremos que tiene la Sultana Halime para decir.

- Bien - responde Nur - Iremos a ver a la Sultana Halime.

- Entonces seguidme - dice la mujer, empezando a recorrer el pasillo.

Las tres las seguimos por la infinidad de pasillos que hay en el palacio hasta un ala del castillo en la que nunca había estado. Los aposentos de la Sultana Halime son mucho más oscuros que los de la Valide Sultán y resultan mucho menos acogedores.

Cuando llegamos a una puerta cerrada, Menekshe aparta la cortina que hay en la ventana situada al lado de la puerta. Por ella se puede ver a la Sultana Halime acariciándole el pelo al Şehzade Mustafá, cuyo pequeño pecho está cubierto con manchas rojas.

- Sultana Halime - dice Menekshe y la mujer levanta la cabeza, sin dejar de acariciar el pelo de su hijo.

Sirin, Nur y yo hacemos la reverencia que corresponde y la Sultana Halime me mira con trsiteza desde el interior de la habitación. En ese momento, Mustafá abre los ojitos débilmente y sonríe al ver a su madre. Después gira la cabeza y me ve a mí.

- Ayşe - dice el niño, con toda la emoción que puede.

- Hola mi Şehzade - digo - ¿se encuentra bien, mi príncipe?

- No - responde él con un puchero - me pica el cuerpo y echo de menos a mis hermanos.

- Cuando os recuperéis podréis jugar todo lo que queráis con vuestras hermanas - digo, intentando animarlo.

- ¿Sí? - pregunta esperanzado

- Por supuesto, pero debéis hacerle caso a vuestra madre y descansar - le digo. Él levanta la cabeza hacia su madre, que asiente y le da un beso en la frente.

AnastasiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora