CAPITULO 89

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Taku caminaba apoyado a Jay, mirando a todos lados, desde hacía unos minutos podía oler unas feromonas conocidas para él, lo que le daban ganas de vomitar, sujetaba su estómago para intentar calmar el malestar. El beta lo miraba preocupado, nunca lo había visto reaccionar de esa manera, no pudieron terminar la excursión al acuario.

-¿Te ayudo? – negó con la cabeza, si Jay se acercaba a él estaría en peligro, era mejor mantenerlo alejado- Taku ¿Estás bien? No tienes buena cara, quiere que nos sentemos a descansar.

-Primero te llevaré a tu casa, tengo que asegurarme de que estés bien – el beta lo miro extrañado, nunca había ido a su casa – Cuando lleguemos, será mejor que no salgas hasta mañana en la madrugado y ves acompañado.

-¿Por qué?- no quiso darle explicaciones, estaba demasiado ocupado vigilando los pasos que los seguían- ¿Qué pasa?

-No podemos hablar, pequeño beta, mantente en silencio, hasta que lleguemos a casa – Jay se detuvo en seco, haciendo que Taku tropezara con él- Sigue caminado, pequeño beta.

-No quiero, se puede saber qué te pasa – puso sus brazos sobre las caderas y miro a Taku- Deja de actuar así, me estás asustando ¿ha pasado algo en el acuario?

-Sigue caminando y no digas nada, pequeño beta – se negó a hacerle caso, lo que altero a Taku, los pasos cada vez estaban más cerca y el olor era más potente- Estoy haciendo esto por tu bien, no me hagas enfadar.

-Me gustaría que me explicaras, porque estás así, no me voy a mover hasta que me lo digas – Taku empujo a Jay para que siguiera caminando, el beta clavaba sus pies en el suelo.

-Te lo diré cuando estemos en un lugar seguro, pequeño beta- las manos de Taku estaban sudadas y temblaban sobre los hombros de Jay- Pero ahora, haz lo que te pido.

El alfa acercó al beta hacía él, sujetando su cadera, quería protegerle las espaldas, aunque Jay pensaba que era otra cosa, estaba sonrojado, Taku nunca lo había tocado de ese modo, el alfa no decía nada, pero no se separaba de Jay, que estaba a punto de estallar, esa escena era demasiado vergonzosa, aunque le gustaba.

-Cuando yo te diga, empieza a correr, pequeño beta – le susurro en el oído, haciendo que se sonrojara- No mires hacía atrás, aunque escuches algo raro, tu sigue corriendo.

-¿Qué pasa? – se estaba empezando a asustar.

-Llevan un rato siguiéndonos, pero no te asustes – apretó la cadera del beta, mientras temblaba- Yo haré de cebo, mientras tu escapas, ves a casa, pequeño beta.

El alfa se acercaba más a ellos, Taku acelero el paso, para llevar a Jay al super que había al final de calle, lo dejaría ahí, mientras se enfrentaba a él, si estaba solo, no podría hacerle daño.

-Pequeño beta, cuando cuente tres entra y sal por la otra puerta – soltó a Jay, el beta se sintió desilusionado, quería seguir así- Ves lo más rápido posible a tu casa.

Cuando llegaron al lugar, Taku empujo a Jay al interior del super y se detuvo a pocos metros de la puerta, los pasos cesaron, pero lo sentía cerca, demasiado cerca, podía notar su respiración.

-No te muevas- Taku sintió el filo de una navaja sobre su cuello y se quedó quieto- Sígueme sin decir nada.

-¿Qué quieres de mí? Travis – su voz sonaba temblorosa, no quería que notarán su miedo -¿Qué haces aquí?

-Vengarme – lo empujo, para que empezará a caminar – Ellos también quieren verte, te hemos echado de menos, cobarde.

Travis lo siguió empujando hasta llegar a un callejón, apartado de la vista de las personas curiosas, el alfa empezó a temblar cuando pudo ver aquellas sombras, el pequeño beta, no había podido escapar y estaba forcejeando para que lo soltaran.

Lo que ocultan las palabrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora