MEMORIES 8

42 4 0
                                        

Jay estuvo atento durante toda la noche, el beta se encargaba de que Noah estuviera bien, puso un paño frio sobre la frente del omega y lo iba cambiando cada poco tiempo. Sus padres, también fueron a ver como estaba su nuevo inquilino, su hijo les había prometido que se haría cargo de él, para que lo dejaran quedarse en casa.

-Debemos cambiar las gasas de su espalda, Jay...- Noah estaba despierto, aunque no lo pareciera, el omega mantenía los ojos cerrados para descansar – Lo haré yo, para que tú seas su apoyo – Jake sonrió, para darle seguridad a su hijo – Noah, esto te va a doler un poquito ¿podrás aguantar? – asintió.

Noah escondió su cabeza en la almohada, para que no escucharan gritar, Jay acariciaba su mano para calmarlo, aunque Jake estuviera limpiando las heridas con solo agua, era demasiado doloroso para él, el beta podía notar como temblaba bajo sus mano.

-Has sido muy valiente, Noah...- Jake sonrió y cubrió las heridas con unas gasas nuevas – Jay hubiera empezado a gritar y a escaparse por todos lados, puede parecer un chico valiente, pero si se hace una pequeña herida, enseguida se alarma – el omega se rio - ¿Tienes hambre? Puedo prepararte cualquier cosa.

-Estoy bien, señor Jake...- el beta se rio cuando lo llamo así, el omega seguía preocupado por si les faltaba el respeto – La cena que preparo su esposa, estaba muy rica.

-Pequeño omega, eso fue anoche...- acarició su cabello, ante la atenta mirada de su hijo – Ya han pasado varias horas de la cena, ahora estamos preparando el desayuno, hay algo que quieras – Noah miro a Jay, para que lo ayudará – Mi hijo, toma un vaso de leche con algunas galletas ¿Quieres lo mismo? – asintió - ¿Frio o caliente? – volvió a mirar al beta – Jay es según el día, así que con eso no te puede ayudar.

-Frio, por favor...- el beta se alegró cuando escucho su voz de nuevo - ¿Hay magdalenas? – asintió – Puedo tomar tres.

-Puedes comer todas las que quieras, Noah...- Jay cruzo sus brazos con seguridad, cuando hablo – Mi mamá las prepara con una receta secreta, están muy buenas, siempre hace muchas así que no habrá problemas.

Jake salió de la habitación, para dejarlos solos unos minutos, iba a decirle a su esposa lo que había pedido Noah. Jay lo ayudo a vestirse con cuidado, el omega no le quitaba la vista, ya que no le había preguntado nada desde la noche anterior.

-Buenos días – sonrió Jolie – Mi esposo dice que querías probar mis magdalenas, así que te he puesto algunas en tu sitio, al lado de mi hijo.

-Mamá ¿puedo comer yo también magdalenas? – la beta asintió y saco más de la cocina – Gracias.

Noah se preguntaba, si después del desayuno debía volver a casa, se lo pregunto a Jay y beta negó con la cabeza, su madre le comento que su tío aún no había vuelto a casa, y por más que lo llamarán no contestaba los mensajes.

-No debes preocuparte por él...- Jay le paso algunas magdalenas, el omega ya se había comido las suyas – Se estará escondiendo por lo que te hizo, cuando lo encuentre...

-No harás nada, Jay...- Jolie lo amenazo con la mirada – Hablaremos con él, como personas civilizadas que somos, nada de empezar a golpear cosas, te conozco.

-¿Pero porque? Él le hizo daño a mi amigo...- agarro la mano de Noah y lo miro – Mamá, solo un poco, para que no lo vuelva a hacer.

-¿Quieres que haga desaparecer todos tus discos? – Jay negó con la cabeza – Cuando ese hombre venga, seremos tu padre y yo quien nos encargaremos de hablar con él, así que no puedes hacer ninguna de las tuyas.

-Mamá, tú también lo has visto...- le insistió – Papá es muy malo peleando, por eso yo...

-Tus discos acabaran en el trastero si haces algo, lo digo enserio, Jay...- el beta mordió su magdalena con indignación – Sabemos que Noah es tu amigo, pero es un asunto en el que no debes meterte.

Lo que ocultan las palabrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora