PEQUEÑA FLOR 1

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Desde lejos, Eri podía observar a su pequeña flor, estaba triste, las noticias no eran buenas para ella, Maya estuvo emocionada, antes de ver el resultado del test, ya que tenía síntomas de embarazo, pero al ver el negativo se puso a llorar

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Desde lejos, Eri podía observar a su pequeña flor, estaba triste, las noticias no eran buenas para ella, Maya estuvo emocionada, antes de ver el resultado del test, ya que tenía síntomas de embarazo, pero al ver el negativo se puso a llorar.

Eri no podía verla triste, así que la lleve a su lugar favorito, para que se tranquilizará, Maya le mintió diciéndole que estaba bien, y que la estaba acostumbrada a ver siempre la misma respuesta. La alfa aparcaba el coche, mientras su esposa paseaba por el camino que llevaba al gran lago, sabía hacia donde se dirigía, así que la dejó tranquila, durante unos minutos.

Elías la llamó, para preguntarle cómo estaba su pequeña, así que Eri le tuvo que explicar, que no habían conseguido quedarse embarazadas, era el tercer intento. Los resultados médicos eran buenos, ninguna de ellas tenía problemas hormonales, lo intentaron durante muchos años y meses, después del negativo, Maya necesitaba un tiempo para reflexionar.

Cargo con la cesta que habían llevado, con los dulces favoritos de su esposa, Eri se preocupaba mucho por su querida omega. Maya se encontraba sentada sobre el muelle de madera, al borde, sus sandalias estaban a su lado, ella jugueteaba con el agua, mientras se imaginaba como sería su hijo, nunca perdería la esperanza.

-Amor ¿Cuándo tendremos a nuestro Noah? – no tuvo que girar su cabeza, para saber que Eri la escuchaba – Quiero conocer a nuestro bebé, pero no puedo tenerlo – acarició su vientre con tristeza – Crees que...

-Mi hermosa flor...- se sentó a su lado y beso su mejilla- Noah vendrá cuando menos lo esperemos, podemos intentarlo otra vez.

-Yo quiero ser mamá, siempre lo he querido...- apoyo su cabeza sobre el hombro de su alfa – ¿Qué más tengo que hacer?

-Sue dice que han sacado nuevos métodos de fertilidad, podemos probar alguno...- Maya cerro sus ojos con tristeza – Tal vez, así funcione, la llamaremos después.

Eri intento animarla de nuevo, con uno de los dulces, pero Maya no quiso, le hizo un gran puchero y luego volvió a mirar en dirección al lago, la alfa comenzó a hacerle cosquillas, sabía que no le gustaban y que pronto se enfadaría, haciendo un pequeño berrinche, para luego sonreír.

-¿Nadamos? – pregunto la omega, después de derrumbar a Eri sobre el muelle, era pequeña, pero tenía mucha fuerza – No hay nadie, podemos estar desnudas.

No espero la confirmación de Eri, ya que empezó a quitarse la ropa antes de terminar la frase, el vestido cayó sobre la alfa, enseñándole su ropa interior, Maya sonrió cuando vio que su esposa estaba nerviosa y se quitó las braguitas que llevaba, dejándolas con delicadeza sobre el vestido, después la miro con una sonrisa pícara y quito el sujetar.

-Acompáñame, amor...- nadar era lo que la calmaba en esos momentos, era su mejor terapia – Eri, ven conmigo.

Entro al lago, sin volverla a mirar, sabía que eso la ponía bastante nerviosa y más cuando se escabullía, Maya podía aguantar mucho tiempo, pero eso le daba igual a Eri, se asustó cuando no vio cuando estaba. La alfa se quitó la ropa con rapidez, sin vez donde caía su ropa, solo quería salvar a su omega.

Lo que ocultan las palabrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora