Capítulo 59 Un día horrible

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De inmediato el silencio llenó la habitación; lo único que podía sentir era el ardor en mi rostro. Después de unos segundos miré a la mujer que tenía delante y en su rostro se podía notar la rabia, como si todavía se estuviera conteniendo. En eso Rebecca tiró de mi y dijo:

-¡Samara, me mentiste!

<<¿Le mentí? ¿Se refiere al bebe?>>

Me di cuenta que estaba a punto de volver a levantar la mano y la detuve en seco, entonces con tono frío contesté:

-Señorita Villa, ¿no tiene respeto por si misma? ¿Cómo puede hablar con tanto descaro si es una cualquiera? En verdad no tiene vergüenza.

El sonido de unos pies que venían apresurados hacía nosotras hizo que ella ya no pudiera responder. Entonces, Rebecca soltó mi mano con brusquedad, lo que provocó que ella misma perdiera el equilibrio y cayera golpeando su cabeza contra un escritorio. Para cuando Álvaro y Joel llegaron, Rebecca seguía en el suelo y tenía sangre en la frente; mientras tanto, yo me quedé inmóvil mirándola.

<<¡Maldita sea! Es un desperdicio que no se haya convertido en actriz, tiene tanto talento>>.

-Rebecca, ¿estás bien? -Joel se apresuró a ayudarla-, ¡Samara, esta vez fuiste demasiado lejos!

<<¿Fui demasiado lejos?>>.

No le dije nada a él, en cambio me giré hacia Álvaro, cuyo rostro no mostraba expresión.

-Álvaro, yo no la empuje, ¿puedes creerme?

Luego miró la sangre en la frente de Rebecca y con una mirada fría me advirtió:

-¡Deberías conocer tus propios limites!

Esas pocas palabras me habían hecho perder toda la confianza en él, mientras lo miraba llena de ingenuidad me reí, y solté:

-¡Soy una tonta!

Me había hecho creer que era el hombre indicado con sus acciones de los últimos días.

<<¡Qué ridículo>>.

Traté de reprimir la pena que sentía por mí misma y me dirigí hacía Rebecca.

-¡Señorita Villa, creo que debería mejorar sus habilidades en actuación! ¿Acaso ha sabido de alguna mujer embarazada que sea capaz de empujar a alguien con tanta intensidad? -Justo después de eso le di una bofetada en la mejilla, ni siquiera le di la oportunidad de responder; la golpeé tan fuerte que hasta a mí me dolió la mano.

Al tiempo que Rebecca se cubría el rostro asombrada por mi acción, yo le dediqué una sonrisa.

-¡Mira esto como una venganza! Y por cierto, deberías poner en práctica el código ético que utilizan las amantes y no te conviertas en una burla.

Con el giro que había dado la situación, el ambiente dentro de la oficina se había convertido en algo sorprendentemente incómodo, quería huir lo antes posible del lugar. Así que, después  de mirarlos a todos una última vez, traté de salir de la oficina a toda prisa, pero de repente, Álvaro me detuvo cuando estaba pasando junto a él. Al instante me solté de su agarre y con sarcasmo comenté:

-Señor Ayala, será mejor que consuele a su amor.

Al salir de la oficina me dirigí a los Apartamentos Glenwood, pero luego recordé que Mayra estaba descansando así que preferí no molestar y me fui al supermercado a comprar algunos víveres; como Mayra había estado fuera de casa por unos días, supuse que algunos de los comestibles habrían caducado así que fui a comprarle más; tenía algo de tiempo libre. En mi camino me encontré con Nicolás, quien al parecer se había involucrado en una situación incómoda con una mujer, por que la joven chica le estaba gritando, parecía que la hubiera ofendido; en un principio no tenía ni la más mínima intención de interferir porque no me sentía de humor como para hacerlo, pero entonces él me miró y se acercó a mí sin yo poder evitarlo y dijo:

-¡Ayúdame! -Sin esperar una respuesta de mi parte, le dijo a la bella mujer-: Sandra, ella es la mujer de la que te hablé y a quien he esperado por 10 años, en verdad no me interesas... ¿Podrías dejar de molestarme por favor?

Sandra hizo un puchero al ser rechazada.

-Nicolás, el hecho de que te guste no significa que ella sienta lo mismo por ti, además, a su edad ya debería estar casada, ¿Qué es lo que te gusta de ella?

<<¡¿Qué?! ¿Me veo tan vieja?>>

No quería verme involucrada en su problema pero Nicolás me tenía agarrada de la mano con mucha fuerza. Con seriedad en el rostro, le explicó a Sandra:

-Cuando estábamos en primer año me preguntaste quien era la chica de la fotografía que llevaba en mi cartera y mírala bien, es ella, es totalmente cierto que la sigo desde hace 10 años.

La chica me miró por un largo rato de arriba hacía abajo con sus grandes ojos marrones y después comenzó a llorar. Y a mi me empezó a doler la cabeza al presenciar una situación tan trivial.

-Nicolás, ¿Qué haces?

-Solo quiero que se rinda y deje de molestarme, me ha estado siguiendo durante todos estos años -dijo con impotencia.

<<¿Qué se rinda?>>

Esto era una pérdida de tiempo para mí, le volteé los ojos, me di la vuelta y me fui pero el llanto de Sandra todavía se podía escuchar detrás mío, no obstante, Nicolás la dejo ahí llorando y me siguió.

-Samara, en verdad me gustas mucho, además soy rico y poderoso; Álvaro ni siquiera siente algo por ti, deberías dejarlo y empezar a tomarme en cuenta.

Como no estaba de humor para escuchar sus estupideces me detuve en seco y lo miré con frialdad. Se sorprendió por que mi mirada lo había tomado por sorpresa, pero rápidamente se recuperó y volvió a preguntar:

-¿Podrías tomarme en cuenta, por favor?

-No me interesas, ¡Aléjate de mí! -dije en advertencia.


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