143: Javier Castro

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Ignoré sus palabras y le pregunté:

-¿Sigues fuera del país?

Javier y yo éramos amigos de la Universidad. Cuando nos graduamos, él salió del país para continuar sus estudios en psicología. Como yo era muy reservada, raras fueron las veces que lo contactaba después de nuestra graduación y mi matrimonio con Álvaro.

-Sí, ¿Tú dónde estás? ¿Sigues en Ciudad J? Oh, por cierto, ¿Cómo te sientes? -comenzó a divagar.

Hice una mueca al escucharlo, pues no quería tocar el tema. -Estoy bien, ¿Cuándo piensas regresar?

-Ya pronto. -Parecía que estaba tomando algo, después de una pausa, continuó:

-Deberías venir algún día al país M cuando tengas tiempo. Mayra me platicó sobre tu condición y pienso que podría ser depresión. Tus síntomas son los mismos que antes. Ven para acá y nos ponemos al tanto.

Comencé a sentir un dolor de cabeza, así que me sobé las sienes y accedí. -Esta bien.

-Samara, esto no debe tomarse a la ligera. Es una enfermedad que puede poner en riesgo tu vida.

Sabía que me decía esto por que se preocupaba por mí, así que solo asentí y murmuré:

-Lo sé, está bien.

Al ver que Álvaro había dejado sus documentos de lado, me apresuré a terminar la llamada. -Se está haciendo tarde. Buenas noches.

-¿Qué demonios? Pero si todavía es de día aquí, ¿Qué quieres decir con buenas noches?

En lugar de continuar con la conversación, colgué de inmediato. Álvaro caminó hacía mí y guardé mi teléfono antes de lanzarle una mirada indiferente. -¿Ya terminaste de trabajar?

Asintió y se acercó y me estrechó entre sus brazos. Después de plantarme un dulce beso en la frente, susurró:

-¿Quieres ir de viaje a Ciudad K?

-¿Ciudad K? -dije sorprendida y pregunté por curiosidad:

-¿Tienes algo que hacer en Ciudad K?

Me jaló a la cama y puso su mano sobre mi vientre. -Estoy pensando en mover la cede del Corporativo a Ciudad K.

Ciudad K era la Ciudad del país. En términos de economía y vivienda, la Ciudad K era de las mejores ciudades para vivir. Si el Corporativo Ayala deseaba expandirse y desarrollarse más, Ciudad K era la mejor opción. Pero como estaba planeando mover la cede, no estuve muy de acuerdo. -Yo pienso que el Corporativo está bien ubicado aquí en Ciudad J. Ha estado basado aquí por años, si cambias la cede a Ciudad K tan repentinamente, me preocupa que el negocio no pueda expandirse por un tiempo.

Puo su mentón en mis hombros y asintió suavemente. -Cierto, pero el Corporativo Ayala ha establecido una nueva empresa allá, así que no será tan difícil.

Asentí en silencio. Después de estar sentada tanto  tiempo, comencé a sentirme somnolienta. Me recargué sobre él y quedé dormida. Tras descansar dos días en la residencia, comencé a sentirme ansiosa, así que decidí salir de la casa para caminar. Además de Mayra, no tenía más amigos en Ciudad J y ahora que Mayra estaba en el campo, no podía invitar a nadie a acompañarme. Estuve pensando un tiempo hasta que decidí ir al centro comercial sola. No importaba qué hiciera, me iba a aburrir de todas formas.

Cuando estacioné el auto en la entrada del centro comercial, me encontré con alguien conocido; era Nicolás, junto a él venía una joven que también me parecía familiar. Tras pensarlo un poco me di cuenta que la había visto en el supermercado aquella vez. Miré como los dos entraban al centro comercial aferrados uno del otro. Parecía que Nicolás había venido a hacerle compañía, a diferencia de la vez pasada. Al parecer, Nicolás estaba interesado en ella, pues se veían muy felices caminando abrazados. Quizá fue que los miré demasiado porque Nicolás se dio cuenta de que estaba ahí. En cuanto me vio, quedó paralizado por un segundo antes de caminar hacia mí.

-¿Vienes a comparar o a buscar compañía? -exclamó.

Al ver que la joven venía detrás de él, sonreí -Solo vine a caminar.

-¿Quieres comer con nosotros? -Mientras hablaba, la mujer ya estaba a su lado, jalando discretamente la manga de su camisa. Era obvio lo que trataba de decir.

-No gracias, ustedes adelante -dije sacudiendo la cabeza.

¿Qué tiene que hacer una mujer embarazada como yo interponiéndose entre una pareja joven? Antes de que pudiera irme. Nicolás me detuvo.

-Vamos a comer, tengo que hablar contigo.

-¡Nicolás! -La chica a su lado se veía molesta y le reclamó:

-Me prometiste pasar el día conmigo. La señora Arias quiere ir de compras sola. No deberíamos molestarla.

Nicolás frunció el ceño y parecía estar molesto. -Tengo que hablar con ella. ¿Por qué no te regresas primero y te veo otro día?

Tras escuchar sus palabras, la expresión de la joven cambió completamente. Se veía furiosa. -¡Le prometiste a la señora Ortega que pasarías tiempo conmigo!

-Deja de usarla como escusa, es molesto -replicó Nicolás. -Si no quieres ir de compras. Vete a tu casa. Todavía tengo cosas que hacer así que me tengo que  ir.

Tras decir esto, me arrastró al centro comercial. Con los ojos rojos, la joven corrió tras nosotros para tomarlo de nuevo de la manga y decir entre dientes:

-Nicolás, perdón. Me equivoque. No voy a impedir que hables con ella, así que cuando termines, vamos de compras. ¿Está bien?

Sentí pena por ella al escucharla, por lo que volví a rechazar a Nicolás. -Hablamos otro día, tengo algunas cosas que hacer, así que me tengo que ir.

El centro comercial de esta área esta muy grande y caminé directo a la tienda para bebé. Como Álvaro casi terminaba de arreglar el cuarto para el bebé, no faltaban muchas cosas que comprar. Cuando salí de la tienda, pude ver que Nicolás, quien me estaba buscando. Al verme, exclamó:

-¡Vámonos!

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