Capitulo 51 Sangre

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Tal vez por mi conciencia culpable, me quedé paralizada. Al sentirme así, Álvaro se volvió más cauteloso. Después de escuchar esa grabación con Rebecca, comencé a resistirme ante él. Volteó a verme, pero.... Luego de un largo tiempo, salió de la cama y se puso su pijama. Se fue al balcón y se quedó ahí para fumar. Mientras seguía acostada, tuve un presentimiento misterioso deslizándose en mi corazón. Seguí su ejemplo y me acerqué a él. Lo abracé y presioné mi cuerpo contra su espalda.

-Vayamos al baño y volvamos a intentarlo. -Pude sentir como se puso tenso y apagó su cigarrillo. Se dio la vuelta y con algo de hostilidad en su voz, preguntó:

-¿Cuándo comenzó?  -Me quede sorprendida . ¿Se refería a cómo lo rechacé? Agaché la cabeza y rechiné los dientes, diciendo:

-Tal vez después del aborto... -Su relación con Rebecca siempre será como un cuchillo clavado en mi corazón. Incluso conforme el tiempo pasaba, las heridas iban empeorando. Al observarme, me pasó de largo, empujándome y comentó:

-Esperaré en el estudio. -Tomé sus brazos de manera instintiva y pregunté:

-¿Compraste el bar de Mayra para dárselo a Rebecca? Detuvieron a Mayra. ¿Me puedes ayudar? -Sabía que se iba a poner furioso por preguntárselo porque al final de cuentas, no le di la satisfacción que quería, pero no podía seguir retrasando la pregunta. Agachó su cabeza y se emparejó con la mía. Entrecerró los ojos y se río con frialdad.

¿Viniste por eso?

Sacudí mi cabeza con firmeza, asustada por la mirada en sus ojos y lo negué.

-No, yo....

-Me querías convencer con tu cuerpo. ¿Es por eso que me permitiste hacerte lo que quisiera? -Se rio y se burló de mí-. Samara, ¿no entiendes que ya no me atraes? -Sacudí mi cabeza. A pesar de eso, sus palabras me pusieron nerviosa; tenía razón. Me le quedé viendo y dije, atragantada:

-Álvaro, tienes a Rebecca y muchos amigos, pero yo no tengo a nadie más que a Mayra. Por favor, te lo suplico. -¡Ja, ja! -resopló- ¿No tienes a nadie más que a Mayra? ¡Que sorpresa, Samara! -Era evidente que estaba enojado. Sin embargo, no tenía otra solución para esto. Si tuviera otra solución para esto. Si tuviera otra salida, nunca le hubiera preguntado eso. Por desgracia, él era mi única manera de ayudar a Mayra. Tomé su mano y miré hacia otro lado para evitar su mirada furiosa. Me mordí los labios y me disculpé con lágrimas en los ojos.

-Álvaro, solo me quede suplicarte. Lo siento. -La temperatura en la habitación bajo varios centígrados y con la poca ropa que traía puesta, me congelé. Álvaro me vio desesperada y su enojo fue disminuyendo poco a poco. Luego de una pausa, dio un suspiro. Me tomó del brazo y con firmeza, ordenó:

-Ve al baño. -Me quedé asombrada, pero pronto entendí a lo que se refería. En ese instante, me cargó al estilo nupcial y se dirigió al baño-. Samara. -Me llamó con voz ronca. Volteé a verlo con lágrimas en los ojos y agachó la cabeza para cubrir mis ojos.

-Álvaro, sé más gentil, por favor. -Me daba miedo que fuera a pasarle algo a mi bebe. De pronto, sentí un dolor punzante en mi vientre y asustada, balbuceé-. Detente. Estoy...sangrando. -Se quedó congelado y agachó la cabeza para ver un charco de sangre a mis pies Me contraje por el dolor y tiré de sus brazos. Empecé a jadear sudando por la frente- ¡Llévame al hospital, rápido! -La sensación que tuve era un tipo de dolor diferente. El humor de Álvaro decayó de inmediato y su mirada se desplomó. Tomó una  toalla al lado de él y limpió el agua escurriendo en mi cuerpo antes de cargarme. Al acostarme en la cama, buscó su ropa y me vistió con ella. Después, le llamó a Gael. Tomé la punta de su camisa y me quejé por el dolor.

-No hay mucho tiempo. ¡Necesitas llevarme al hospital, Álvaro!

-¡Carajo! -Esta era la primera vez que lo escuchaba maldecir. Me cargó hasta el auto de inmediato y encendió el motor. Su mirada se puso seria y sus labios estaban presionados en una línea delgada. No podía saber lo que estaba sintiendo. Durante el camino, condujo a toda velocidad e ignoró el semáforo rojo. Cuando por fin llegamos al hospital, me metió de prisa y una enfermera nos dio la bienvenida con una silla de ruedas.

-¿Que sucede? -preguntó alguien entre la multitud, ansioso. Álvaro me miró con ojos fríos y ordenó:

-Samara, ¿les dices tu o yo? -Mi corazón comenzó a latir muy fuerte y empecé a sudar. A pesar de eso, el dolor en mi abdomen me dejó sin opción. Agarré a la enfermera y exclamé- ¡He estado embarazada por menos de dos meses y hay señales de que esté teniendo un aborto espontáneo! ¡Asegúrese de que me pueda quedar con el bebé, por favor! -La enfermera asintió comprendiendo la situación y me consoló.

-No se preocupe. La llevaremos al cuarto de operación. -En medio del caos. fui perdiendo la consciencia gradualmente y sentí una sensación de arrepentimiento por no haber sido cuidadosa. Al inicio, pensé que estaría bien porque había visitado el hospital varias veces y siempre resultaba estar bien.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora