Capítulo 116 Respeto

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No podía encontrar la caja. Mientras tanto, Álvaro tenía sus manos cruzadas mientras me observaba. Luego de echarle un vistazo, dije:

-Ve y dúchate primero. Voy a seguir buscándola.

Él se quedó en silencio por un momento y luego dijo:

-¿Sabes lo que hay dentro de la caja que el abuelo te dio?

Sacudí mi cabeza y dije:

-No lo sé. La señora Hernández me dijo que te podía dar la caja si no me quería casar contigo. No sé lo que el abuelo puso dentro. Tal vez estaba planeando impedir que te casaras conmigo amenazándote con el Corporativo Ayala.

-Qué superficial -dijo Álvaro con desdén.

No negué sus palabras. Luego de lo que pareció años de buscar, no pude encontrar la caja. Para ese momento, comenzaba a sentirme irritada.

-El abuelo te la dio. ¿Has visto la caja?

-¿Te hace falta dinero? -preguntó mientras me miraba.

-No -contesté, sorprendida por sus palabras.

-Entonces no tiene caso que busques la caja. Dentro de ella, hay dinero para ti. Estoy seguro de que el abuelo temía que te murieras de hambre si me dejabas.

-¿La abriste? -pregunté con el ceño fruncido, sintiéndome un poco molesta.

Él asintió con sinceridad.

-¡Álvaro Ayala! -dije furiosa-. ¡Era mía!. ¿Qué derecho tienes de abrirla sin mi permiso?

Esa no era la primera vez que hacía algo así. La última  vez, me llevó con Camila sin mi consentimiento y le pidió que tomara mi cabello para una prueba de ADN. Esta vez, abrió la caja sin preguntarme primero. Él me estaba observando, pero no podía descifrar lo que estaba sintiendo en ese momento.

-No tengo planes de divorciarme de ti, así que esa caja no sirve de nada.

-¿Y qué? -Me acerqué a él-. Álvaro, ¿de verdad crees que debo dejar que hagas lo que quieras solo porque  estoy casada contigo? ¿Acaso no merezco tu respeto?

-Lo lamento -se disculpó. Después, enderezó su espalda y dijo con un suspiro-. No debí hacerlo sin decirte. No lo haré de nuevo.

-¡Ja! -solté una breve carcajada-. Álvaro, qué gracioso eres. ¿Estás tratando de cambiar de tema fácilmente? ¿Crees que soy como esa caja inútil? ¿Harías lo mismo si se tratara de Rebecca? ¿Le faltarás el respeto y tomarías sus cosas sin decirle?

-Esto es entre tú y yo, Samara. -Álvaro tenía el ceño fruncido, claramente descontento con mis palabras-. Somos una pareja. ¿Por qué tienes que involucrar a alguien más en nuestro asunto privado?

-¿Somos una pareja? -pregunté con un tono de burla.

Álvaro se quedó en silencio al escuchar mi comentario. Levanté mi cabeza para observar su atractivo rostro y no pude evitar reírme.

-Álvaro, parece que para ti no somos una pareja casada. Solo somos pareja por tus padres. Hay alguien en tu corazón; sé que no tengo lugar en él. Es obvio que no me tienes respeto. Es por eso que puedes hacer lo que quieras con mis cosas y que puedes decidir si me quedo o me voy.

Muchas cosas se habían acumulado en esos días y la caja fue la gota que derramó el vaso. Sabía que ya no podía ignorar sus interacciones con Rebecca. Tal vez él no quería discutirlo conmigo pues me dijo en un tono tranquilo:

Samara, tú eres mi esposa y te respeto. Ya me disculpé por lo de la caja y yo no soy quien decido si te quedas o te vas. Se está haciendo tarde, regresemos a nuestra habitación.

-Álvaro, hay que divorciarnos.

No estaba segura cómo sonó mi tono, pero sabía que estaba tranquila cuando lo dije. Esto era algo que había guardado en mi corazón por mucho tiempo. La oportunidad de decirlo en voz alta había llegado y yo la aproveché. Álvaro se quedó paralizado con su mirada oscura fija n mí. No pude descifrar las emociones en sus ojos, pero estaba segura de que no estaba muy contento.

-¿Ya lo has pensado bien?

-Si -dije después de asentir.

-¿Qué es lo que quieres?

Álvaro continuó mirándome con una expresión de apatía. De hecho, sospeché que solo me estaba siguiendo la corriente con mi estallido. Luego de un momento, continué:

-No sé nada. Solo espero que mi bebé no tenga nada que ver contigo de ahora en adelante.

Si cortaba lazos con él, debía hacerlo bien.

-No tienes nada. ¿Cómo vas a criar a tu bebé? ¿Vas a depender de Nicolás? ¿ O de Jonathan? -preguntó con los ojos entrecerrados. Lo miré con incredibilidad y dije:

-Álvaro, ¿de verdad crees que soy el mismo tipo de persona que tú? ¡Deja de usar tu manera de pensar para definirme!

-¿Qué tipo de persona soy? -Él se acercó a mí y bajó la voz-. Te he explicado cientos de veces las cosas entre Rebecca y yo. En cuanto a ti y Jonathan, ¿no planeabas decirme si no te preguntaba sobre él?

Apreté mis labios, sin saber a lo que se refería.

-¿Qué quieres decir?

Álvaro levantó una ceja y contestó:

-Me rechazaste durante el banquete de cumpleaños de Camila, pero después estabas tomando la mano de Jonathan, ¿Alguna vez me has dado una explicación sobre eso?

Abrí la boca, pero no supe que decir. Álvaro tenía un control excelente sobre sus emociones. Me volteó a ver continuó:

-No te pregunté nada porque esperaba que me dijeras tú sola. Samara, no todo tipo de amor se demuestra diciendo <<Te amo>>.

-Jonathan y yo...

Dejé de hablar, sin saber cómo explicarle lo que había sucedido mientras sentía una presión en mi pecho. No quería darle explicaciones; no quería hablar de ello para nada.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora