Lo miré con el ceño fruncido y enseguida respondí:
-¿Disculpa, Señor Quinn? Sé que está intentando proteger al amor de su vida, pero, ¿no debería llegar al fondo de esto encontrando al verdadero culpable? La señorita Larson fue quien me agredió. Yo solo estaba tratando de defenderme.
Como siempre, Rebecca se hizo la victima y comenzó a llorar frente a nosotros.
-¡Deja de mentir, Samara! ¡Tú fuiste quien me amenazó y me dijo que ya no podría ver a Álvaro! ¡Me empujaste porque me rehusé a ceder a tu absurda petición!
Álvaro me miró con el ceño fruncido, como si se sintiera frustrado.
-Ya es suficiente drama por hoy. Ya me he tenido que encargar del papeleo para que pudieran hospitalizar a Mayra.
Álvaro se giró y dijo a Joel:
-No creo que este sea el mejor momento para molestarse por algo tan trivial. Quiero que te quedes frente a la sala de emergencia y te comuniques conmigo si algo anda mal.
Joel me lanzó una mirada intensa porque estaba furioso. Tomó a Rebecca y mientras pasaba a mi lado, susurró:
-Me vengaré de esto, Samara. ¡Solo espera!
Miré a la aparente mujer lamentable mientras se retiraba. Rebecca tenía suerte; tenía el amor de Álvaro y Joel, Gael la adoraba y estaba bendecida con padres cariñosos que ejercían gran influencia. Una mujer como ella, fácilmente podía vivir sin preocupaciones sin casarse. Álvaro puso los documentos que llevaba con él en la mesa a un lado de la cama y preguntó:
-¿En qué estás pensando?
Ya que Mayra seguía sin recuperar el conocimiento, me senté en el sofá y sugerí:
-¿Por qué no atiendes de las cosas que tienes en tu agenda? Igual, no podemos hacer nada por ahora.
-¿De verdad crees que se supone que me vaya en un momento tan crítico?
Él tenía razón; Gael seguía en la sala de emergencia.
Yo me encontraba tumbada en el sofá leyendo para tomar una siesta pues estaba exhausta después de varias horas consecutivas de yoga. Minutos después, Álvaro recibió una llamada de Joel y supuse que habían sacado a Gael de la sala de emergencias. A pesar de emocionada, tenía que quedarme con Mayra hasta que despertara. Sin embargo, ella despertó antes de que pudiera quedarme dormida. Se golpeó la cabeza por accidente mientras se levantaba de la cama.
-¿Él está bien?
Era bastante evidente que se refería a Gael. Al darme cuenta, le dije:
-Esta bien. Está saliendo de la sala de emergencias en este momento.
Ella suspiró de alivio ya que pronto se había perdido en sus pensamientos, mirando al techo. No pude aguantarme y pregunté:
-¿Cómo están las cosas entre ustedes?
Mayra me dirigió una mirada mientras soltaba otro largo suspiro de desesperanza.
-Básicamente seguimos igual...
-¿Ya sabe que estás embarazada?
-¡No!
Al final, decidí dejar de meterme en su asuntos porque no sabía comprender las cosas que pasaban entre ellos. Ya que ella no tenía intención de contarme, decidí terminar la conversación. Por fin, Javier llegó con una canasta de frutas a la sala. Ya que estábamos conversando, él soltó un suspiro de alivio cuando vio a Mayra había despertado.
-¡Santo cielo! Por suerte no fue nada serio, ¡Estoy seguro de que te recuperarás en poco tiempo!
-Mmm.... -Mayra asintió en respuesta, exhausta.
Javier tenía curiosidad; no pudo aguantar las ganas de llegar al fondo del accidente y preguntó:
-¿Por qué tuviste un accidente? ¿Había alguien contigo?
Mayra no tenía intención de contarle la verdad, así que lo ignoró y mintió:
-¡Fue...fue un accidente! ¿Cómo se supone que previniera un accidente?
-Estás mintiendo, ¿cierto? -Javier volteó los ojos reprendía a su amiga.
Le seguí la corriente a Mayra porque sabía que ella no tenía intención de decirle la verdad. Enseguida, interrumpí la conversación y pregunté:
-¿Qué has traído? ¿Dónde conseguiste una canasta de fruta tan delicada?
-Puedes ir a la entrada del hospital y conseguir otra por $150 cada una.
Luego de decir eso, se dirigió al sofá y tomó asiento. La habitación se llenó de silencio porque no había nada más de qué hablar. Decidí dejarme llevar y me mantuve en silencio pues Mayra necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos. Por otro lado, Javier comenzó a navegar en su teléfono.
Estaba por quedarme dormida cuando Álvaro regresó. Hace algún tiempo, Javier tuvo un encuentro con él. Por ello, antes de que pudiera presentarlos, Javier se levantó del sofá y saludó:
-¡Álvaro!
Para ser sincera, temí que Javier soltara las cosas que tenía en mente. Por lo tanto, me apresuré a ir al lado de Álvaro y le pregunté:
-¿Cómo se encuentra el doctor Ceja?
-Lo trasladaron a su sala. Por ahora, se ha estabilizado y su vida ya no corre peligro.
A mitad de su frase, le lanzó una mirada escéptica a Javier. Él no era tonto; se dio cuenta de que el hombre que tenía delante estaba molesto por su presencia, así que comenzó a explicar:
-Deberías dejar de mirarme de esa manera porque no tengo nada que ver con su querida esposa.
Me quedé sin palabras debido a la extraña situación. Álvaro apartó la mirada y se giró hacia Mayra, quien había recuperado la conciencia.
-Para estar seguros, deberías pasar los próximos dos días en el hospital para asegurarte de que todo esté bien.
Álvaro siempre había sido un hombre indiferente; aparte de sus amigos íntimos y los miembros de su familia, rara vez saludaba a los demás. Era obvio que estaba intentando consolar a Mayra. De lo contrario, no había entablado una conversación. Mayra frunció el ceño y respondió:
-De....de acuerdo...
Mientras tanto, Javier tenía los ojos pegados a Álvaro, sin ocultar su curiosidad.
-Deberías volver a casa. Haré que alguien más venga y vigile. Solo puedes volver cuando hayas descansado lo suficiente.
Después de que Álvaro hablara claro, se acercó y tomó mi bolso que estaba en el sofá. Al principio, quise decirle que debía quedarme para cuidar de Mayra, pero la paciente se adelanto y dijo:
-Los dos deberían volver a casa y dar por terminado el día. Hay médicos y enfermeras de guardia las 24 horas del día. Yo estoy bien. Samara, estás embarazada, así que no creo que sea prudente que te quedes.
Lo pensé por un momento y después asentí.
-De acuerdo, mañana vendré a ver cómo estás.
Después de salir de la sala, Javier vino detrás de nosotros y comenzó a hablar:
-Señor Ayala, creo que es hora de que tengamos una charla.
-¿De qué quieres hablar conmigo? -preguntó Álvaro de forma retórica y con un tono insensible.
-¿Qué otra cosa podría ser? ¡Tú esposa!
Javier era un tonto imbécil. No podía creer que tuviera las agallas de provocar a Álvaro planteando una petición tan absurda. Me puse de pie frente al ascensor, interpuse en su camino e interrumpí su conversación.
-¡Oye! ¿ya cenaste? -pregunté a Javier.
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Reticencias de amor
FanfictionConmocionada, me quedé de pie sin poder moverme luego de leer las dos palabras que aparecían en mis resultados de la ecografía. ≤¡Solo Sucedió una vez! ¿Cómo quedé embarazada? ¿que debo hacer ahora?≥
