-Señorita Arias, el señor Ayala me envió para recogerla -dijo Josué de forma respetuosa mientras bajaba la ventana dela auto.
<<Qué acosador>>.
-¡Le dije que no iba a ir! -Comenzaba a molestarme.
-El señor Ayala me envió para recogerla -repitió Josué con seriedad.
En ese momento, me sentí molesta y expliqué:
-Ya sé, ya sé. Iré por mi cuenta, ¿de acuerdo'
-Permítame que la lleve.
<<Qué demonios....>>
¡Zas! Golpeé el volante para desquitar mi coraje. Después, volví a mirar a Josué y ordené:
-¡Muévete!
Él se hizo a un lado, esperando a que saliera del auto.
<<Álvaro me está volviendo loca>>. Después de bajar de mi auto, Josué dijo con un tono serio de siempre:
-Señorita Arias, sígame por favor.
Me subí al Bentley negro, aun llena de frustración. Aunque necesitaba desahogarme, Josué no era la persona indicada para hacerlo. No era idea desquitarme con él. Me apresuré a la sala de Álvaro al llegar al hospital. Josías, Joel y Rebecca estaban ahí, mirándome atónitos. Tal vez porque aparecí de repente. Dirigí la mirada a Álvaro y después hacía el resto de ellos.
-Ya se pueden retirar.
No era posible desquitarme con Álvaro frente a otros. Josías siempre había sido un chico sensato. Se quedó perplejo por un momento, pero después captó la indirecta y se fue de la sala también.
Sin embargo, Rebecca levantó sus cejas y exclamó:
-Disculpa, Samara, pero ¿Dónde están tus modales? Entraste sin siquiera haber tocado.
-Señorita villa, ¿Qué estaban haciendo tú y el resto con la puerta de la sala abierta? ¿por qué habría de ¿tocar si ni siquiera estaba cerrada?
-¡Samara! ¡Eres una idiota! ¡No tienes vergüenza! -exclamó Rebecca, avergonzada.
Con toda la frustración hirviendo dentro de mí, contrataqué:
-Ah, ¿si? ¿Quién ha estado pegada a Álvaro todo este tiempo? ¿Qué se siente quedarse con las sobras todo el tiempo?
-¡O... oye!
Me burlé e interrumpí:
-¿Qué? El señor Quintana y el Doctor Ceja tampoco están tan mal. Ah, es verdad. Un caballero como el doctor Ceja no se fijaría en una chica descarada como tú. Pero, ¿no le gustas al señor Quintana? ¿Por qué lo sigues teniendo detrás de ti? ¿Así de desesperada estás?
En ese momento, el rostro de Joel se puso serio.
-Samara, cuidado con tus palabras.
-Ah, ¡mira lo que tenemos aquí! ¡El señor Quintana tratando de salvar a la damisela en apuros! -me burlé.
-¡Suficiente! -gritó Álvaro. Después, volteó a verlos y dijo-. Por favor, retirense.
Rebecca y Joel estaban muy molestos, pero no dijeron nada más porque no querían empeorar la situación. Se fueron poco después y por fin me quedé sola con Álvaro. Nos volteamos a ver y me di cuenta de que su rostro lucía un poco pálido. Por otro lado, él también notó mi descontento. Él levanto las cejas y preguntó preocupado:
.¿Qué sucedió?
-¿No me llamaste para almorzar contigo? -dije molesta mientras comenzaba a desquitar mi frustración.
-De acuerdo...entonces, ¿Qué quieres comer?
-Álvaro, ¿de verdad estás tan aburrido?
<<¿Me hizo venir hasta aquí para preguntarme esta simple pregunta?>>
-Si te sientes solo, por qué no le dices a la querida Rebecca que te haga compañía? No me hagas perder el tiempo.
Álvaro se quedó en silencio y siguió mirándome, con un toque de culpa en sus ojos. Al darse cuenta retrocedió un poco. En ese momento, su mirada lucía extremadamente amarga y sus expresión no era muy linda.
-¿Te vas a quedar a hacerme compañía?
-No -contesté mientras bajaba la cabeza. Pausé por un momento y continué-. Estoy de mal humor y no tengo la paciencia para lidiar contigo en este momento.
Álvaro me tomó de la cintura, me jaló al lado de su cama, bajo su voz y preguntó:
-¿Estás molesta porque me lastimé para salvar a Rebecca?
-¡No! -Después de tantos años, ya no me molestaba por esas cosas. Su mirada se volvió más suave mientras observaba mi vientre y lo acariciaba con gentileza.
-¿Es por este pequeñito? -preguntó con las cejas levantadas y yo voltee los ojos.
En ese momento, Josué trajo un festín de comida a la sala. Después de acomodarla en la mesa, miró a Álvaro y preguntó:
-Señor Ayala, ¿necesita algo más?
Álvaro lo volteó a ver y negó con la cabeza.
-Es todo por ahora. Puedes retirarte.
Cuando Josué se fue, Álvaro me miró y dijo:
-Oye... ¡mira! Son tus comidas favoritas.
Y en efecto, lo era. Me sentía hambrienta. Tome utensilios y me tragué la comida sin esperar a Álvaro. Después de algunas bocadas, sentí la mirada de Álvaro sobre mí y me sentí incomoda. Lo volteé a ver y pregunté:
-¿No vas a comer?
Él frunció el ceño y sus ojos se fijaron en el catéter en su brazo. Estaba intentando decirme que no era conveniente usar sus brazos para comer. Sabía que quería que lo alimentara, pero fingí que nos abía y seguí comiendo. Esa fue mi mini venganza para él. Cuando estaba por terminar, él seguía mirándome. Sentí lástima por él y le lleve un poco de comida.
-¡Abre la boca! -ordené.
Él fue muy obediente: como un niño inocente. Al ver que casi terminaba, le informé:
-No me quedaré esta noche porque no puedo dormir bien aquí.
ESTÁS LEYENDO
Reticencias de amor
FanfictionConmocionada, me quedé de pie sin poder moverme luego de leer las dos palabras que aparecían en mis resultados de la ecografía. ≤¡Solo Sucedió una vez! ¿Cómo quedé embarazada? ¿que debo hacer ahora?≥
