Capítulo 107 Los viejos hábitos son difíciles de cambiar

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-¡Yo soy la dueña! -exclamé, al tiempo que les mostraba mi tarjeta de identificación y el título de la propiedad-. Esta mujer entró a mi propiedad sin mi consentimiento y miren, incluso quebró un par de objetos de valor, ¡por favor, ayúdenme, oficiales!

-Muy bien, señorita Arias, ¿está herida? -preguntó uno de los oficiales mientras me regresaba mis documentos.

Sacudí la cabeza en negación.

Tal vez Rebecca jamás había experimentado este tipo de humillación y por eso sus ojos brillaban con una rabia que no había visto jamás.

-¡Perra! -exclamó.

Al tiempo, los policías la tomaron y se la llevaron a toda prisa; una vez que me quedé sola observé todo el desorden que ahora había en la sala y dejé escapar un suspiro, pero no limpie nada, en cambio me fui a mi habitación y me acosté después de darme un baño. De repente, alcancé a escuchar que el timbre de la puerta principal estaba sonando muy fuerte, en un principio creí estarlo imaginando pero unos segundos después volvió a sonar; me levanté de la cama y bajé las escaleras preguntándome a mí misma quién estaría tocando a altas horas de la noche. Antes de abrir la puerta miré las cámaras de vigilancia y ahí estaba Gael, en un traje negro. 

<<¿Qué está haciendo aquí a las 2 de la mañana?>>.

Abrí la puerta y lo miré confundida.

-Doctor Ceja, ¿Qué lo trae por aquí?

Al verme dejó escapar un suspiro de alivio.

-¿Por qué no contestaba el teléfono?

Me tomó por sorpresa la manera tan ruda en que preguntó.

-Ah, lo que pasa es que lo silencié y luego me dormí, ¿sucede algo?

Entonces entró al chalé y se sentó en el sillón de la sala de estar, se le veía cansado.

-Álvaro quiere que le lleves sopa al hospital, quiere comer algo.

No supe cómo reaccionar ante esa ridiculez.

-Hay muchos restaurantes cerca del hospital, ¿no puedes comprarle algo de ahí?

El hombre se masajeó la frente y contestó:

-¿Quiere que tú misma cocines y le lleves la comida.

<<¿Ahora? ¿Acaso está loco? ¿Por qué quiere hacer sufrir?>>.

Observé lo agotado que Gael se miraba y las bolsas negras bajos sus ojos, suspiré y dije:

-Esta bien, voy a cocinar y se lo llevaré al hospital. Por cierto, deberías quedarte y pasar la noche aquí, elige una de las habitaciones de huéspedes y descansa.

<<Pobre hombre...¿Cómo puede Álvaro torturarlo de esta manera?>>.

Gael ya se estaba quedando dormido, solo asintió y se dejó caer en el sofá, me aseguré de que estuviera cómodo y luego me fui directo a la cocina. Luego de un rato, pase una segunda vez por la sala de estar y Gael estaba plácidamente dormido, evidentemente yo sola no podía subirlo a una habitación así que me ocurrió ir por una almohada y una manta para él; un rato después, la sopa estaba lista y cuando miré el reloj ya eran las 3 de la mañana, así que vertí la sopa en un recipiente y me dirigí al hospital.

Álvaro seguía despierto cuando llegué, estaba recostado sobre la cama de hospital en su habitación; portaba la típica bata azul de persona hospitalizada y tenía un vendaje en su cabeza  parecía que todas las heridas de su cuerpo ya eran costras. Se veía un poco desaliñado pero seguía siendo igual de atractivo.

Al verme llegar su expresión cambió por completo y luego miró al recipiente de comida con emoción. Con voz despreocupada, dije:

-Recién tuviste una cirugía y el doctor Ceja me comento que debes llevar una dieta, así que te he traído una sopa.

Respondió con un leve gruñido y no dijo nada, tampoco había cambiado su expresión; fruncí el ceño y dije:

-¿Qué?

-¿Gael te despertó? -preguntó antes de bajar la mirada y comenzar a comer.

Me dejó sin palabras, traté de mantenerme con calma y no gritar a una persona hospitalizada, así que con una simple respuesta dije:

-Nop.

<<¿Estás bromeando? ¡Si Gael tuvo que ir hasta el chalé por ti y tu estúpida sopa!>>.

Mientras esperaba que terminara de comer me senté en el sofá y cerré los ojos y tomé una pequeña siesta.

-¿Sigues enojada? -preguntó.

Como estaba tan cansada como para abrir los ojos, simplemente contesté:

-¿De qué?

-Pablo me ha ayudado bastante y como en estos momentos no tengo manera de pagarle su amabilidad, tengo que ser bueno con ella -dijo con calma, pero podía notar que estaba en una situación complicada.

Abrí los ojos y lo miré.

-¿Y? ¿Significa que tendrás que responder a su amabilidad por el resto de tu vida?

Entonces, me miró directamente a los ojos.

-No, esta es la última vez que hago algo como eso.

Dejé escapar un resoplido, coloqué mi barbilla entre mis manos y le regresé la mirada.

-Los viejos hábitos son difíciles de cambiar -contesté. Sabía que Álvaro estaba tan acostumbrado a cuidar de Rebecca que no podría mantenerse alejado de ella. Antes de que él pudiera decir algo más, miré el recipiente de comida y dije-: La comida se te va a enfriar.

Frunció las cejas, me dio una mirada mortal y terminó de comer; minutos después, su atención estaba en mi otra vez.

-Sufrí un accidente de auto y estoy herido, ¿no te doy lastima?

Era una pregunta tan rara para venir de él; simplemente me puse de pie, tomé el recipiente de entre sus manos y dije;

-Es tarde, deberías dormir.

<<¿Qué si me da lastima? La verdad no sé, después de haber pasado por tantas cosas, creo que me volví un tanto insensible>>.

Álvaro se dio cuenta de que estaba a punto de irme y dijo:

-Alguien debe quedarse conmigo, es una orden del hospital.

Estuve tentada a llamar a Rebecca pero recordé que seguramente seguía atrapada en la estación de policías Como no había nadie más que pudiera cuidarlo, acepté de mala gana.

-Esta bien.

<<Me voy a quedar, de todas formas solo es una noche>>.

Regresé al sofá y me volví a dormir.

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