Capítulo 100 Hay que vivir una buena vida

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Durante todo el trayecto ni uno de los dos dijo una sola palabra y para cuando llegamos al chalé, ya tenía bastante sueño. Álvaro me sacó del auto y me llevó directamente a la habitación, me recostó en la cama y dijo:

-No te duermas, deberías lavarte primero.}

Estaba tan cansada que no pude evitar arroparme y tratar de dormir, pero cuando Álvaro se dio cuenta de lo que trataba de hacer, me tomó de la cama y me llevó directo al baño, entonces volvió a decir:

-Lávate porque si no, mañana sufrirás las consecuencias.

Acepté y como pude me agarré de él, luego me estiré para tomar la pasta de dientes y me la arrebató; aplicó la pasta en mi cepillo y me dio un vaso con agua.

-Lávate bien los dientes -dijo, como si le estuviera hablando a un niño.

Con el cepillo de dientes en la boca, contesté:

-No soy una niña pequeña.

Entonces se rio y respondió:

-No veo la diferencia.

Después de que me obligó a lavarme me sentí un poco más despierta y caminé hacía la cama , luego Álvaro se recostó a mi lado, me abrazó y apoyó su barbilla en mi cuello.

-Esta noche vamos a dormir bien.

Levanté una de mis cejas y dije:

-¿Estás hablando contigo mismo?

Entonces me miró y sonrió:

-Te lo estoy diciendo a ti, es normal que eso reaccione cuando ve a su dueña.

<<¡Sin importar el momento o lugar se excita rápidamente!>>.

Torcí la boca y lo aparté.

¡Apestas, tú también lávate!

Entonces me dedicó una sonrisa con malicia y preguntó:

¿En donde apesta?

-¡Todo tú!

Y justo cuando cerré los ojos para dormirme me susurró al oído:

-Samara, ¿de ahora en adelante viviremos juntos en armonía, si?

Al escucharlo pronunciar esas palabras comencé a sentir una presión en mi pecho, mi corazón me estaba doliendo; una vez más torcí los labios levemente pero no dije nada.

<<¿En verdad podremos vivir una buena vida?>>.

-Álvaro, ¿me quieres? -Sabía que era una pregunta tonta pero aun así tuve la necesidad de hacerla.

Acarició mi rostro y el lóbulo de mi oreja al contestar:

-¿Y tu me quieres?

<<¿Yo?>>.

Sentía algo por él porque ya  había pasado mucho tiempo a su lado, además, lo que sentí por él fue amor a primera vista y durante todo ese tiempo confié en mis sentimientos y creí que con eso sería suficiente, sin embargo, ya pasó bastante y él todavía no corresponde mi amor. En este punto, ya no tenía las mismas intenciones que ante, incluso ya había pensado en dejarlo...Tal vez no lo quería tanto como creía.

La mirada de Álvaro se tomó sombría cuando no dije nada.

-Esta bien, iremos poco a poco pero estoy seguro de que en el futuro estaremos enamorados el uno del otro.

Una vez más no dije nada y lo aparté de mi.

-Ve a bañarte, estoy cansada.

Debí haberlo alejado antes en lugar de dejar que me tuviera cerca durante tanto tiempo, ese dolor me estaba consumiendo; antes de levantarse e irse al baño me dio un beso en la frente y yo, me quedé con la mirada perdida en el techo.

Entonces, su teléfono comenzó a vibrar, en un principio no pensaba contestar pero como seguía sonando, no lo pude evitar.

-Alvi, ¿puedes venir? No me gusta estar sola, me da miedo. -La voz tenue de Rebecca se escuchó al otro lado de la línea.

Miré hacía el baño y luego contesté:

-S

-¿Ye esta bañando, llama en un rato.

-¡Samara! -Exclamó molesta-, ¿por qué contestaste su teléfono? ¿Qué hacen juntos? -Se le escuchaba angustiada.

-Ya te dije que está en el baño, llama más tarde.

-¡Samara, eres una sinvergüenza!

A veces sentía que a Rebecca se le habían acabado las ideas, ahora solo hacía berrinches y lloraba, no había más. Si no fuera por su atractivo físico una chica como ella no sería una amenaza para nadie. 

-Si, soy una sinvergüenza pero, ¿por qué no, usted señorita Villa , como su amante le marca después? Así no tendré que satisfacer sus deseos sexuales mientras esté embarazada. -Ella no me caía mal pero no me agradaba su comportamiento, era muy agotador, así que antes de que gritara terminé la llamada.

Luego de eso aventé el celular en la cama y me di un leve masaje en el área de las cejas; cuando abrí los ojos me encontré con Álvaro parado frente a la puerta del baño, tenía una expresión sombría en sus ojos. A pesar de la situación no me mostré incómoda y dije:

-Tú teléfono no paraba de sonar y por eso lo contesté, era Rebecca, quiere que le hagas compañía.

Era verano pero aun así sentí frío al estar acostada y arropada en la cama; no pude evitar acurrucarme con la manta.

-¿Y qué le dijiste? -preguntó despreocupado, incluso en su voz no había gran emoción; en realidad, parecía que estaba siendo honesto al preguntar.

-Le dije que te llamara después -dije al tiempo que me cubría todo el cuerpo con la manta, incluyendo el rostro y ahí fue cuando comencé a sentir calor, luego cerré los ojos y me dispuse a tratar de dormirme.

Alcancé a escuchar que él se reía levemente y luego se acostó a mi lado y apartó el cabello de mi rostro, entonces, abrí los ojos y lo miré firmemente. Unos segundos después, abrió la boca para decir algo:

-Samara, soy tu esposo y una mujer me llamó para que le hiciera compañía en mitad de la noche, ¿no deberíamos estar peleando?

Sorprendida, me levanté de la cama y lo miré para decir:

-En ese caso no te quedes aquí y vete a otro lugar.

Se mostró confundido por unos instantes y luego se frotó la frente mientras que con impotencia decía:

-Esta bien que discutamos pero todavía somos marido y mujer y debemos estar juntos en la misma casa.

Dicho eso, entendí que no podía seguir hablando con él y solo asentí, luego volví a acostarme en la cama.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora