Era mi primera vez en Ciudad K y al ser la capital del país, tenía muchísima historia. No sólo rendía homenaje a su gran pasado, sino que también daba paso a un futuro aún más prometedor. Sin embargo, ser una Ciudad grande conlleva también algunas problemáticas, específicamente el tráfico. Álvaro tenía una mano en el volante mientras daba golpecitos impaciente con la otra. Yo quise distraerme observando el paisaje por la ventana. Me veía tranquila, pero en realidad estaba bastante nerviosa. No había conocido a la tía de Álvaro aún.
El centro de la Ciudad tenía una vista encantadora. En un lugar donde cada metro cuadrado valía mucho dinero, había áreas verdes y parques por doquier. La gente que vivía aquí era muy adinerada con sus autos llenando los estacionamientos. Cundo salí del auto, pude ver que hasta los arbustos y los árboles de la zona eran exóticos. También había un estanque de lirios en el centro con lirios rosas y blancos floreciendo. Álvaro me llevó por un camino empedrado y subimos unas escaleras hasta llegar a otro chalé de estilo oriental.
En los dos años que había estado con Álvaro, había visto muchas residencias lujosas, pero la propiedad frente a mí era particularmente sorprendente y abrumadora. Frente al portón se encontraba una mujer serena de alrededor de 30 años de edad. Llevaba un vestido oscuro con flores bordadas. En cuanto nos vio, nos recibió con una sonrisa. -Vaya, los esperaba para el desayuno, pero como se tardaron tanto en llegar, ya es hora de la comida.
-Una disculpa, el tráfico estaba horrible -respondió Álvaro con la mirada tímida. Me volteó a ver y en todo ese rato, nunca soltó la mano. -Ella es mi esposa, Samara.
La mujer me miró con indulgencia y su sonrisa se hizo más grande. Se acercó a mí para verme a más detalle. -¿Así que está es la mujer que tu padre escogió? Tiene una esencia elegante y gentil, además se ve hermosa aunque esté embarazada.
Sonreí y dije:
-Hola, tía Silvia.
Jorge Ayala solo tuvo tres hijos. De esos tres, dos eran hombres. El mayor murió joven y dejó a su hermano como el único hombre. El segundo hijo era más despreocupado y no estaba interesado en asuntos corporativos y poco se supo sobre al hija, Silvia Ayala. Al terminar con las presentaciones, la tía Silvia nos invitó a entrar. El edificio tenía una paleta de colores simples; con paredes de loseta blanca y negra. Aunque era evidente que los materiales y el diseño en general eran de la más alta calidad.
Junto al chalé se encontraba un área al aire libre. Desde ahí se podía ver a alguien sentado en la sombra tomando té con un libro en las manos y junto a esta persona había un Mastín tibetano. Yo no era para nada aficionada de los perros, en especial perros grandes como este que se veía muy intimidante. No pude evitar recargarme sobre Álvaro y tomarlo del brazo. Al ver mi reacción, Álvaro se detuvo para ver cual fue la causa de mi comportamiento.
-Ese de allá es el hijo de tu tío Benjamín, Marco -dijo Silvia con una sonrisa. -Ustedes dos deben ser de la misma edad.
Álvaro asintió sin decir nada. Yo, por el otro lado, tuve un mal presentimiento desde que entré a la residencia. Silvia solo se veía unos años mayor que Álvaro, pero cuando presentó a Marco, se refirió a él como "El hijo de tu tío Benjamín". Álvaro nunca había mencionado nada sobre Silvia Ayala, pero aunque tenía mis dudas, no podía solo sacar mis pensamientos y preguntar cosas. Eso sería impertinente. Cuando entramos al recibidor, no pude evitar ver a Marco, quien seguía sentado en la terraza. Llevaba puesta una camisa grisácea y pantalones grises con pantuflas blancas. Marco tenía un airea de elegancia y amabilidad, a pesar del atuendo que llevaba puesto. Un hombre como él sería perfecto para cualquier mujer. De pronto, escuche mi nombre a lo lejos. Regresé a la realidad y seguí caminando hacia el recibidor.
-Estás embarazada, querida -dijo Silvia con una sonrisa amable. -Deberías cuidar por dónde caminas.
Asentí en respuesta. De repente sentí comezón en la cabeza como si alguien me estuviera mirando fijamente. Por instinto me di la vuelva y noté que Marco me estaba viendo; su mirada fija era muy clara. Cuando nuestras miradas se cruzaron, me sorprendí. Le sonreí por impulso y bajé la cabeza esperando que lo tomara como un saludo. Frunció el ceño y regresó su atención a su libro.
El recibidor que llevaba hacia la sala estaba muy bien iluminado y decorado con lujos. Había un piano de cola bien cuidado cerca de las escaleras con muchas decoraciones sofisticadas. Silvia le ordenó a su personal que prepararan la comida antes de invitarnos a sentarnos en la sala.
-Tu tío Benjamín está en la oficina, pero vendrá pronto. -En ese momento, me miró y preguntó:
-Llevas 7 meses de embarazo, ¿no es así? ¿Ya sabes para cuando te alivias?
Le sonreí y miré a Álvaro. -Si, ya tiene todo preparado.
Silvia asintió y la sonrisa en su rostro era más que suficiente para conmocionar a cualquiera. Después de platicar un rato, Silvia nos invito al patio trasero por té. A pesar de ser familia, Álvaro no le hablaba mucho, así que Silvia llenó casi todos los silencios. Me preguntó sobre varias cosas, desde la empresa y los Ayala hasta otra noticias, pero lo único que no preguntó fue sobre el señor Ayala.
Las respuestas de Álvaro eran cortas y suficientes para continuar la conversación mientras respondía las preguntas. Una mirada superficial me hizo darme cuenta de que tenía los ojos rojos. En ese instante, me levanté y dije:
-¿Por qué no siguen poniéndose al tanto? Ya he estado sentada tanto tiempo que me duele un poco la espalda.
Silvia se levantó preocupada. -Tenemos un médico personal aquí. ¿Necesitas que le pida que te revise?
Sacudí la cabeza rápidamente. -No hay necesidad. Solo necesito ir a caminar. Continúen, por favor.
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Reticencias de amor
Hayran KurguConmocionada, me quedé de pie sin poder moverme luego de leer las dos palabras que aparecían en mis resultados de la ecografía. ≤¡Solo Sucedió una vez! ¿Cómo quedé embarazada? ¿que debo hacer ahora?≥
