La Dra. León observó la expresión áspera de Álvaro antes de voltear a verme y asentir. No supo que más decir y solo estuvo de acuerdo.
-¡Está bien! -Llamé al mesero e hice que me envolviera los postres para llevar. Me levanté, harta de la mirada amenazante de Álvaro y le dije a la doctora:
-La esperaré abajo. -Lo único que la doctora podía hacer era asentir con incomodidad. El clima estaba un poco caliente y me moví para cubrirme debajo de un árbol. Álvaro me siguió hasta afuera con Rebecca detrás de él y al instante me di cuenta de que estaba a punto de llorar.
-¿Por qué rechazaste la propuesta de mi mamá? Tiene razón y lo sabes. ¿Vas a desperdiciar tu vida por un bebé? -dijo con voz llorosa. Álvaro la ignoró y fue hacia mi dirección. Se detuvo enfrente de mí y prácticamente ordenó:
-¡Vamos, sube al auto!
-Puedes irte tú primero si estás ocupado. ¡Esperaré a la Dra. León! -Le lancé una mirada aguda a Rebecca y le mostré una ligera sonrisa-. Además, parece que ustedes dos no han terminado de hablar. Entonces, por favor, ¡Continúen!
-¡Samara! -habló Álvaro, molesto-. Podemos hablar cuando regresemos a casa. -Mi expresión era seria y asentí.
-Es cierto. Lo que tengamos qué decir se puede hablar en la casa, acostados muy cómodos en la cama . Tenemos todo el tiempo del mundo. Por eso, te digo que hables con la señorita Villa primero.
-¡Samara, tú! -Rebecca se puso roja de la ira- ¡Eres una descarada! -Me le quedé viendo, confundida.
-¿Por qué soy una descarada, señorita Villa? Álvaro y yo estamos casados. Es natural que lo que nos tengamos qué decir, se discuta en casa. ¿Por qué actúas tan inocente? Estás por ser madre y estoy segura de que has tenido sexo millones de veces. ¿Hay necesidad de actuar tan mojigata? -La rojez en el rostro de Rebecca se extendió hasta su cuello. Se me quedó viendo, sintiéndose humillada y furiosa.
-Samara Arias, tú....
-¡suficiente! -gritó Álvaro y volteó a ver a Rebecca-. Le diré a Josué que te lleve a casa. -Habiendo dicho esto, me tiró de la mano.
-¡Suéltame, Álvaro Ayala! ¿No viste que Rebecca estaba a punto de llorar? ¿No sabes que debes tratar a las mujeres con delicadeza? -Lo regañé. Rebecca seguía parada en el mismo lugar con sus ojos rojos y llorosos. Álvaro se detuvo de manera abrupta y el movimiento fue tan repentino que no pude detenerme a tiempo. Choqué contra su pecho y el dolor me atravesó. Siseé mientras mi nariz palpitaba y levanté mi cabeza para mirarlo- ¿No pudiste haberme advertido cuando ibas a detenerte? -Álvaro resopló y respondió:
-No se cómo tratar a las mujeres con delicadeza. Tú misma lo dijiste.
<<¡Ja!>>
-¡Y acabas de probar mi punto! Lo único que sabes hacer esparcir tus semillas. Todo lo demás debe ser demasiado difícil para que tu cerebro comprenda. -Seguía enojada con él y mi tono era duro-. Discúlpame por haber arruinado tu cita maravillosa con Rebecca. Aunque fue mera coincidencia que me los haya encontrado aquí en el café. Sin embargo, usar un método tan insípido para vengarte es estúpido y humillante incluso para ti.
-¿Vengarme? -Se rio y continuó-. Samara, ¿puedes tratar de ser más razonable ? ¿Tienes que ser tan crítica y desagradable cuando hablas?
-¿De qué otra manera debería hablarte? -Álvaro cerró la boca y continúo arrastrándome hacia el chalé. Mi paso era sumamente lento al estar caminando detrás de él debido a mi peso. Al fin, se detuvo y me preguntó:
-¿Necesita que te cargue? -Arqueé las cejas y respondí:
-¡Sí! -Su mirada se fijó en mi abdomen dilatado antes de cargarme al estilo nupcial y dio unos cuantos pasos, diciendo:
-Te has puesto más gorda.
<<¿Disculpa? ¿En serio me está llamando mujer gorda embarazada? ¿Cómo demonios eso es justo?>>
Lo observé antes cerrar mis ojos porque era más fácil ignorarlo si no lo veía. No estaba enojada. Pero al final del día, seguía siendo una mujer y era natural que me molestara verlo con Rebecca. Casi siempre fingía no darme cuenta de nada. Sin embargo, mis hormonas se desequilibraron un poco más de lo normal y esto hacía que mis emociones estuvieran fuera de control más de lo que me hubiera gustado. Antes de darme cuenta, me había convertido en una arpía.
-¡Je! -Mis ojos se abrieron de golpe al escuchar la risa repentina de Álvaro. Ya estábamos de regreso en el chalé y había un Bentley negro afuera de los portones. Supe de quién era al instante porque ya lo había visto varias veces.
<<No ha pasado mucho tiempo desde que hospitalizaron a Jonathan gracias a Álvaro. ¿Qué hace aquí de nuevo?>>
Jonathan era muy apuesto, alto y delgado. Tenía una gran apariencia y todos los recursos para tener a cualquier mujer a sus pies. Estaba sosteniendo un ramo de rosas enorme y una caja de regalo. Por suerte, no había muchas personas en la vecindad. Si estuvieras en la entrada de la empresa o de un centro comercial, hubiera atraído toda la atención de las chicas. Le di una palmada en el brazo de Álvaro para indicarle que me bajara. Ser rio con frialdad y comentó:
-¡Qué idiota tan más inútil y bueno para nada! No sabe ni cómo obtener un trabajo decente ni ganar dinero. La familia Arias estará arruinada si termina siendo manejada por él. -Me quedé impactada por las palabras de Álvaro.
<<¿Desde cuándo es tan parlanchín?>>
-¿No te duelen los brazos? ¡Bájame!
-¿Por qué? -Me miró antes de observar a Jonathan de manera fría- ¿Estás planeando quejarte de mí con él?
<<Vaya, vaya, ¡esto es una novedad! ¿Acaso está celoso?>>
-Entonces, ¿prefieres que yo hable sin hacer nada y esperar a los titulares de mañana? -Miré su expresión tormentosa de reojo y continué-. La Ciudad K no es como la J. Te aseguro que no vas a querer leer los titulares de mañana, anunciando que dos hombres tan importantes como ustedes se estaban peleando por una mujer embarazada, ¿verdad?
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Reticencias de amor
FanfictionConmocionada, me quedé de pie sin poder moverme luego de leer las dos palabras que aparecían en mis resultados de la ecografía. ≤¡Solo Sucedió una vez! ¿Cómo quedé embarazada? ¿que debo hacer ahora?≥
