Cap.178: Regresando a Ciudad K

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Por el tamaño de la mesa, Javier tuvo que levantar la voz para que todos pudieran escuchar. Todas las miradas estuvieron sobre Rebecca por un rato. Fue incómodo y nadie dijo nada, pero ella se lo tomó con calma. Su rostro estaba inmóvil con una sonrisa elegante, pero no parecía estar molesta.

-Señorita Arias, está rodeada de personas honorables y cultas -dijo Joel-. A penas he dicho un par de palabras y ya están en un argumento ad hóminem conmigo.

-Oh, ¡basta con las acusaciones sofisticadas! ¡Si que es un ad hóminem! -se burló Javier-. Supongo que tú debes ser Joel Quintana. Escucha, si tanto quieres protegerla, ¡solo cásate con ella! ¡Hazla que deje de anhelar y deprimirse por el esposo de alguien más como un perrito enamorado!

-Ah, así es la naturaleza humana, ¿cierto? -respondió Mayra-. La grama del vecino siempre luce más verde. La fruta prohibida siempre sabe mejor si no la puedes obtener.

Me tomó por sorpresa el resentimiento en su mirada cuando observó a Gael. Fuera lo que fuera su historia, parecía ser muy intensa. El rostro de Álvaro se puso serio.

-Creo que las mujeres embarazadas no deberían permanecer en lugares tan agitados -dijo en voz baja-. Sigamos comiendo.

Rebecca me miró agraviada, pero no dijo nada. Me masajee las sienes; era obvio que el comentario iba dirigido para mí. Muy pocos sabían sobre el embarazo de Mayra, pero mi vientre era evidente.

-¡Qué muestra tan descarada de favoritismo! -respondió Javier de forma engreída.

Nicolás me volteó a ver con una expresión suave. Al darse cuenta de que Javier le había pasado un platillo, frunció el ceño con decontento.

-Sabes que no me gusta el pescado.

-¡Te gustará cuando lo pruebes!

Javier parecía tener un ánimo relativamente decente. Solía molestar a Nicolás para que probara nuevas cosas, pero sus acciones parecían ambiguas. Era extraño considerando que solo era una comida.

Al principio, Gael debía quedarse en el hospital, pero se rehusó a hacerlo por que ya casi se había recuperado por completo. Para compensarlo, contractó a un doctor personal para que se encargara de sus necesidades. Mayra se encontraba mucho mejor, así que insistió en que la dieran de alta. Javier se giró y me lanzó las llaves de su auto:

-Yo también me preparé para ir al país M. Por favor, llámame si tienes problemas.

Álvaro y yo debíamos tomar un avión, así que nos dirigimos directo al chalé a empacar. Ya eran las 10 de la noche cuando llegamos a Ciudad K. Nos habían asignado a alguien para que nos recogiera del aeropuerto en una limosina negra. Álvaro estaba haciendo malabares con el equipaje y conmigo cuando de pronto, un hombre de mediana edad salió del auto. Con un tono muy respetuoso, saludó a Álvaro de forma sincera. Él asintió levemente en respuesta y le entregó nuestro equipaje antes de ayudarme a subir al auto.

Yo estaba adormilada, pero aun así logré captar la presentación que Álvaro me hizo. El hombre era César, el mayordomo de su tía. Lo saludé con una leve inclinación de cabeza, pero pronto me dormí sobre el hombro de Álvaro. Tal vez fue por el largo vuelo y las prisas de todo el día, pero caí en un profundo sueño. Ni siquiera me desperté cuando Álvaro me llevó a nuestra habitación.

Me quedé boquiabierta cuando me desperté al día siguiente. El mobiliario de la habitación me resultaba extrañamente familiar. Estaba segura de que ya estábamos en Ciudad K, así que ¿Qué era todo esto? Aunque me di cuenta de las similitudes entre el mobiliario de la habitación y el que teníamos en el chalé de Ciudad J, estos artículos parecían más nuevos y modernos. Era probable que los diseños fueran un poco menos populares debido a lo nuevos que eran.

Me acosté por un rato más para quitarme la somnolencia antes de por fin levantarme. La distribución de la habitación era la misma que la del chalé en la que vivíamos. Incluso los artículos de aseo eran de marcas que yo utilizaba con frecuencia, organizados según las instrucciones de Álvaro. Cuando salí del baño, vi a Álvaro , quien llevaba un traje completo.

-¿Dormiste bien anoche? -preguntó con una sonrisa.

Asentí con la cabeza y le eché un vistazo. Llevaba su habitual traje negro diseñado a la medida, como todo lo que tenía.

-¿Has pensado en usar otros colores?

Ya le había comprado ropa de otros colores, pero todas estaban colgadas en el armario, intactas. Álvaro alzó una ceja y se acercó a mí.

-¡Puedo intentarlo!

Luego de eso, procedió a tirar de mi brazo hacia la salida. Me quedé paralizada por un momento.

-¡Al menos déjame vestirme!

-Ve a desayunar primero. ¡Puedes cambiarte después de comer!

-¿No estamos en casa de tu tía? -pregunté con el ceño fruncido.

Álvaro sacudió la cabeza y tomó mi mano.

-Hay demasiado ajetreo ahí y además está lleno de gente. Por eso compré este lugar. Me preocupaba que no pudieras dormir bien. Diseñaron la habitación según el chalé de Ciudad J, pero esta es mucho más grande. También será más fácil atender la llegada del bebé.

Su atenta consideración me sorprendió. En ese momento, sentí que el calor florecía en mi corazón.

-¿También está la señora Hernández aquí? -pregunté con una sonrisa.

-No. -Sacándome del dormitorio, dijo-. Alguien tiene que gestionar las cosas en Ciudad J. Sin embargo, he contratado personal de medio tiempo, un médico personal y amas de casa para atender tus necesidades; ellos viven en la cuadra siguiente.

Al principio no entendí a qué se refería, pero más tarde supe que tenía que ver con la disposición del propio recinto. Era un edificio grande y elegante de estilo oriental dividido en tres cuadras principales. El edificio principal, en donde vivíamos Álvaro y yo, tenía dos niveles.

En los otros dos edificios vivía el doctor, las armas de llaves y algunos guardaespaldas. Además, todo el lugar estaba decorado con árboles y flores bellas. Una rocalla y una fuente de agua adornaban la casa principal y el jardín, pero también estaba lleno de frutas y verduras de temporada. El patio trasero estaba lleno de árboles frutales. Había flores y plantas de temporada que pusieron con cuidado especial para decorar ambas zonas. Era un lugar amplio. Luego de desayunar, Álvaro me llevó a recorrer el lugar y me dijo que me vistiera. Íbamos a visitar a su tía.

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