131: Invitación no deseada

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Si no fuera por la bella mujer con clase a su lado, estaría rodeado de mujeres jóvenes en ese momento.

<<¿Qué lo hizo venir a Ciudad Q?>>

La mujer a su lado tenía una cintura pequeña y llevaba un vestido largo. Lucía encantadora, pero no cautivante. Lucían como la pareja perfecta mientras ella sostenía sus manos dentro de un grupo de personas y atraían la atención de la multitud.

Mayra perdió las ganas de comprar, así que asintió y dijo:

-Bien, ¡Vámonos!

Al principio, pensé que no nos había visto. De pronto, un hombre musculoso que llevaba un traje negro se puso en nuestro camino luego de que Mayra y yo camináramos un poco. El hombre llevaba lentes, así, que no se podía ver su expresión.

-¡El señor Arias quiere verlas a las dos! -dijo el hombre que nos bloqueó el paso.

-¡Sami! -Mayra lucía un poco nerviosa mientras tomaba mi mano con fuerza. Le di una palmadita y le aseguré:

-Estaremos bien. -Después, miré al hombre en traje negro y dije-. Lo siento, pero ya es tarde. Por favor dígale al señor Arias que lo visitaremos a la próxima.

El hombre nos detuvo mientras tomaba la mano de Mayra y nos preparábamos para retirarnos.

-Señorita, el señor Arias mencionó que si no obedece, él las visitará personalmente esta noche a las dos.

-Ve y dígale a Jonathan que deje de ser tan insistente o pasará un mal rato si nos dificulta la vida -dijo Mayra en voz alta de repente, aun sosteniendo mi mano mientras sus emociones se desbordaban.

El hombre se mantuvo tranquilo y dijo:

-¿Pueden cooperar, por favor? De lo contrario, tendré que llevarlas cargando yo mismo.

-Tú... -Mayra estaba molesta y su rostro se puso rojo de la ira. La detuve y miré al hombre en el traje negro.

-¡Muéstrenos el camino!

Sabía que Jonathan era muy terco y no tenía sentido forcejear. El hombre de traje sacó del centro comercial y cruzó la calle a pie. Después, entramos a un café. Al llegar al segundo piso, nos dirigimos a la entrada de un cuarto y el hombre que nos acompañaba dijo:

-Adelante, el señor Arias está adentro.

Mayra y yo nos miramos y entramos. El cuarto privado del café era diferente al cuarto privado del restaurante pues lucía más elegante y artístico. Las conversaciones de las personas dentro del cuarto privado se pueden escuchar claramente a través del mosquitero.

-Jonathan, ha pasado mucho tiempo desde que me visitaste en Ciudad Q. Pensé que te habías olvidado de mi -dijo una mujer de forma extravagante, pero no sonaba terrible.

Mayra y yo entramos y levantamos la ventana. Después, vimos una mesa de sándalo en forma de octágono, en donde Jonathan estaba de frente a una mujer. La mujer llevaba un vestido verde que mostraba su figura delgada y esbelta a la vez. Estaban preparando té con elegancia y sus movimientos eran naturales pero ágiles. De pronto, me quedé congelada.

-¿Preparar té en un café?

<<¡Las personas ricas si que saben divertirse!>>

Jonathan frunció el ceño cuando nos vio. Su rostro lucía sombrío, con expresiones fáciles que no podía comprender.

-¡Ha pasado tanto desde que las vi a ambas! 

Mayra le tenía miedo por naturaleza. Sin embargo, su furia interna hizo que le lanzara una mirada intensa a Jonathan.

-¿Por qué nos quieres aquí?

Jonathan solo la ignoró. Mientras tanto, él me observaba con sus cejas levantadas.

-¿Deberíamos tomar algo de té?

Mayra quería seguir hablando y yo la detuve. Después, miré a Jonathan y respondí:

-¡De acuerdo!

Tomé a Mayra y nos sentamos. La mujer que llevaba el vestido verde puso las delicadas tazas de porcelana frente a nosotros con elegancia y nos mostró una sonrisa amable.

-Por favor, tomen un poco de té.

Mayra no dijo nada y miró a Jonathan mientras me sostenía y respondió furiosa:

-Jonathan, ¡ve directo al grano!

-¡Primero bebe el té! -expresó Jonathan con una expresión fría.

Yo no moví la taza; solo lo observé y dije:

-Ya se está haciendo tarde. Puedes decir lo que quieras. Será difícil dormir si tomamos té a esta hora.

La mujer sonrió con dulzura y se mantuvo en silencio. Jonathan sonrió con intención de ridiculizar.

-¿Tan tranquila estás? Pensé que ya tenías insomnio incluso sin tomar té, considerando el hecho de que dejaste la empresa de tu propio esposo  de forma miserable.

Sus ojos se fijaron en mi vientre y dijo en un tono cruel:

-Si no me equivoco, ya tienes cinco meses de embarazo. Aún hay tiempo para que abortes.

-Jonathan ¡eres un persona demente! -dijo Mayra. Su expresión de miedo que tenía al principio se convirtió en una de furia.

Jonathan no estaba contento y frunció el ceño. Después, levantó sus ojos para mirar al hombre de traje y dijo:

-Hay mucho ruido. Por favor lleva a la señorita afuera para que coma algunos postres.

Luego de eso, el hombre caminó hacia Mayra y le pidió que saliera del cuarto. Ella entró en pánico y fijó su mirada en Jonathan.

-¿Qué intentas hacer?

Jonathan no dijo nada y solo me observó.

-Solo pórtate bien. Hablemos. Después, ambas pueden regresar a casa a salvo, Sami, de verdad te extraño y no tengo ninguna otra intención. -Jonathan hundió su mirada después de mirar a Mayra-. Si seguimos discutiendo, será difícil para mí controlar mis emociones, como ya lo saben.

Así que era una amenaza indirecta. Al ver la cara de preocupación de Mayra mientras me observaba, le di una palmadita en su mano de repente y dije:

-No te preocupes. Ve y come algo. Solo dame unos minutos.

-Sami...

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora