Capítulo 124 Sorpresa nocturna

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-Mi nombre es Cristina. Ya nos conocimos antes. Tal vez usted no me recuerda, pero estoy segura de que recuerda a mi tío Caleb. ¡El señor Ayala me contrató como su secretaría hace poco! -dijo con una sonrisa.

Yo seguía un poco aturdida pues acababa de despertar de una siesta, pero aun así me di una idea de lo que dijo. <<¿Por qué Álvaro la contrataría como su secretaria de repente?>>

-Entonces, ¿fuiste tú quien decoró su oficina con etas plantas? -Pregunté. <<Tanto Álvaro como Josué tenían plantas en sus oficinas, pero no tomó mucho para que Álvaro se deshiciera de ellas porque le estorbaban. ¿Por qué ahora esta dejando que ella decore su oficina?>>

-¡Sip! La oficina del señor Ayala lucía sin vida debido a su personalidad fría, así que le pedí consejos al señor Cedillo y puse algunas macetas -contestó Cristina.

-Ah, ya veo -asentí y masajeé mi frente mientras salía de su oficina.

Debido a la renuncia de Estela, tenía que hacer la mayoría del trabajo yo sola. Aunque la auditoría del Corporativo Ayala estaba completa, aun no había muchas cosas por trabajar con HiTech.

A las 8 p.m. me sentía demasiado exhausta a pesar de haber pasado mi primer trimestre sin problemas. Mientras estaba guardando mis cosas y preparándome para regresar a casa, recibí un mensaje de Álvaro:

<<Tengo unos asuntos que atender, así que llegaré tarde a casa. Ordené sopa para ti, ¡así que asegúrate de cenar temprano!.>>

No lo pensé demasiado porque entendí lo ocupado que estaba y no quería acapararlo todo el tiempo. Regresé al chalé y me sorprendí al ver a la señora Hernández limpiando el piso.

-¿Qué está haciendo aquí, señora Hernández? ¿No dijo que estaría muy ocupada estos días?

La mujer se detuvo y soltó un suspiro mientras me miraba.

-¿Con qué se supone que una mujer vieja como yo se ocupe si hasta a mi hijo le parezco inútil?

<<Tenemos una sirvienta de medio tiempo para limpiar el chalé. Ha dejado todo el lugar impecable, así que supongo que está de mal humor...>>

-Últimamente me siento mal después de cenar, señora Hernández, ¿Podría ayudarme?

-Hmm, si te ves hinchada. Dame un minuto, te daré un remedio casero. ¡Ve a caminar después de tomarlo y te sentirás mejor!.

La seguí hasta la cocina y me recargué en la puerta mientras decía:

-Ay, señora Hernández... ¡No tiene idea de lo difícil que fue la vida para mí y Álvaro en su ausencia! Ninguno de los sabe cocinar, ¡así que no teníamos nada para comer!.

-¡Ja, ja! Deberían aprender a cuidar de ustedes mismos, chicos. Me quedaré aquí para cuidarlos de ahora en adelante. Ese bebé llegará en unos meses, ¡así que tenemos que ser extra cuidadosos! -dijo con una risita.

La señora Hernández parecía estar de mucho mejor humor después de una breve charla. Como me sentía un poco cansada, bebí un poco de la mezcla de hierbas que me preparó y me fui directo a la cama. En medio de la noche, me desperté porque mi teléfono comenzó a sonar.

-¿Hola...? -contesté con sueño sin mirar quién llamaba.

-¿Hablo con la señora Samara Arias, la esposa del señor Álvaro Ayala?

El hombre al teléfono sonaba muy profesional.

-Si, ¿usted es? -respondí mientras miraba la hora. <<Son las dos de la mañana, ¿Quién podría llamarme a esta horas?

Le llamó para informarle de que el vuelo H898 de Ciudad J a Ciudad K ha sufrido un accidente. Su esposo esposo estaba a bordo en ese vuelo y está siendo trasladado al hospital de Ciudad K. Necesitamos que venga de inmediato.

Me senté de golpe. <<¿Un accidente de avión? ¿Cómo?

Mi mente se quedó en blanco y acepté sin pensarlo dos veces, sin saber qué más hacer. Me temblaron las manos al marcar el número de Álvaro en mi teléfono. Nadie respondió la llamada. Intenté llamar a Joel y a Josué, pero probablemente era demasiado tarde pues tampoco contestaban. En mi estado de pánico, decidí llamar a Rebecca. Respondió al teléfono con bastante rapidez, y pude oírla sollozar profundamente en el teléfono.

-¿Dónde estás, Samara? ¡Alvi está en peligro! ¡Ven rápido!.

-¿Qué ha pasado? ¿Dónde está? -pregunté mientras sostenía el teléfono en mi mano en todas mis  fuerzas.

-Me iba a llevar a Ciudad K, pero luego algo salió mal con el avión... Intentó protegerme durante el aterrizaje de emergencia, y él... -Empezó a llorar aún más fuerte mientras continuaba-. Mis padres también están en urgencias. Los médicos necesitan que vengas a firmar los formularios de consentimiento. ¡Lo siento, Samara! No volveré a intentar robártelo. Con tal de que sobreviva, haré lo que sea.

No sentí la necesidad de seguir escuchando y colgué el teléfono para ahorrarme la angustia. Ahora que la noticia me tenía bien despierta, me levanté de la cama y caminé por la habitación. Después de tranquilizarme un poco, decidí llamar a Mayra, pero no respondió. Intenté llamar a Nicolás y, para mi sorpresa, él si contestó mi llamada.

-¿Qué demonios, Sami? ¡Son las 3 de la mañana! ¿Tanto así me extrañas? ¿Por eso me llamaste a estas horas?




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