Al final, me puse unas sandalias y bajé las escaleras. Al ver que estaba por salir de la casa, Mirna gritó:
-¡Señorita Ayala, ¿va a salir?! ¡No puede! ¡El señor Ayala me dio órdenes especificas de que usted no saliera del chalé sola! ¡Denme un minuto para salir con usted! -Dicho esto, se apresuró a limpiar la cocina y le dije:
-No es necesario, no iré tan lejos. Quizás solo de un paseo por la vecindad.
La Dra. León llegó para revisarme y sugirió:
-¿Por qué no me deja ir con usted?
Mirna dio una pausa y pregunto, insegura:
-¿Le parece bien? -La pregunta era dirigida hacia mí y asentí.
-Sí.
<<Tal vez ir acompañada era una buena idea estando embarazada>>
Al salir del chalé junto con la Dra. León, tomamos una caminata tranquila por la vecindad en lugar de irnos en auto. La doctora me miró y comentó:
-Puedo ver que eres igual que yo. Pareces no estar acostumbrada al estilo de vida apresurado de las grandes ciudades, ¿cierto? -Asentí y respondí:
-La Ciudad J se considera una población desarrollada, pero su estilo se vida no es tan apresurado como la Ciudad K.
-Sabes. Los primeros días en que llegué aquí, me tomé el tiempo de conocer y explorar la vecindad. Gracias a ello, me encontré un café pintoresco y tranquilo en donde venden postres deliciosos. Es un buen lugar para escuchar los rumores y chismes de las familias más influyentes de la Ciudad K. ¿Te interesa conocerlo?
-¡Claro! -De igual manera, estaba aburrida hasta el cansancio. Pensé que el café iba a estar muy lejos, pero para mi sorpresa, estaba a un lado de la vecindad. El café solía ser un chalé y la atmósfera adentro era muy tranquila.
-¿Qué piensas? No está mal, ¿verdad? -Me preguntó la Dra. León. Moví mi cabeza de arriba abajo y mi espíritu salió de mi cuerpo por el ambiente tan relajante. Mientras ella conversaba con el mesero, yo tomé la oportunidad de observar alrededor-. La vista del segundo piso es asombrosa. ¡Vamos! -Ordenó algunos postres y tomó nuestro número de mesa. Luego, me llevó al segundo piso y bajamos por unas escaleras rotatorias de madera para buscar una mesa disponible. Unos segundos después, regresó y tiró de mis brazos-. Oye, este...vamos al primer piso. Aquí casi no hay mesas vacías. -Me quedé confundida por sus palabras porque claramente podía ver muchas mesas vacías.
<<¿Por qué.....>>
Fue entonces que mi mirada se fijó en una pareja sentada por la ventana y me quedé asombrada por un momento.
<<Entonces, ¡la razón por la que Álvaro no regresó es porque vino a tomar el té con Rebecca!>>
-¿Regresamos al segundo piso? -indagó la doctora, nerviosa y sacudí la cabeza.
-No es necesario. Usted misma lo dijo, la vista de aquí es hermosa. ¡Hay que quedarnos aquí! -Dicho esto, me dirigí a la mesa al lado de la ventana . La Dra. León se acercó y se sentó en el asiento opuesto.
-¿Hay algo que quieras comer en particular? -Su tono era incómodo.
-No. -Tenía una vista despejada para ver la mesa de Álvaro y Rebecca desde mi asiento. La nuestra tampoco estaba tan escondida y si Álvaro levantaba su cabeza podría verme de inmediato.
<<Me pregunto de qué hablaran>>
Basada en la expresión seria de Rebecca, podía ver que la conversación no iba en su favor. Quizás Álvaro se puso sediento por su charla porque levantó su vaso de agua para beberlo y fue ahí que intercambiamos miradas. En un instante, frunció el ceño antes de poner el vaso en la mesa. Parecía alarmado y le lancé una mirada para saludarlo. En ese momento, el mesero llegó con nuestros postres y me volteé hacia otro lado. Agaché la cabeza y me enfoqué en probar los postres. Luego de dar unos cuantos bocados, le sonreí a la doctora.
-Ahora entiendo por qué me recomendó este lugar. ¡Los postres están deliciosos! -La doctora me regresó la sonrisa y podía ver cómo seguía mirando detrás de mí de manera inquietante; claramente se sentía incómoda. No la culpaba.. Después de todo, Álvaro y yo estábamos casados, pero aquí estaba él, tomando el té con otra mujer. Y no cualquiera. Su relación con Rebecca era un tema candente de debatir en la Ciudad J.
-Señorita Ayala, tal vez podríamos saludar al señor Ayala. Estoy segura de que su charla con la señorita Villa va a terminar pronto. ¡Podemos regresar juntos! -sugirió la Dra. León, incómoda.
<<Qué manera de ponerlo! ¡Charla, eh!>>
Le di unos cuantos mordiscos más a mi postre antes de levantar la ceja y responder:
-No es necesario que vayamos. El señor Ayala va a venir con nosotras. -¿Álvaro se acercó a nuestra mesa justo a tiempo y me reprendió con el ceño fruncido.
-Acabas de salir del hospital. ¿Por qué andas corriendo por ahí?
Apoyé mi barbilla sobre mi mano y observé a Rebecca con una expresión tormentosa.
<<Me preguntó de que habrán hablado para estar tan furiosa>>
Claro, tal vez no quería que Álvaro viera que yo estaba ahí.
-¿No te da miedo que se enoje porque estás con nosotras? -Fijé mi mirad en él antes de entrecerrar los ojos. Álvaro frunció y me respondió, insatisfecho:
-¡Samara! -Su tono me hizo enderezar mi espalda mientras aumentaba mi fastidio.
-No tienes por qué gritar. Puedo escucharte bien. -Al ver de reojo mis postres en la mesa, me di cuenta de que había perdido el apetito.
<<Qué lástima>>
Le lancé una mirada de disculpas a la Dra. León.
-Me temo que sus buenas intenciones se echaron a perder porque ya no me quiero comer esto. Quizás podemos llevarlos a casa.
ESTÁS LEYENDO
Reticencias de amor
FanfictionConmocionada, me quedé de pie sin poder moverme luego de leer las dos palabras que aparecían en mis resultados de la ecografía. ≤¡Solo Sucedió una vez! ¿Cómo quedé embarazada? ¿que debo hacer ahora?≥
