Cap. 185 -Sola

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Para alguien tan atractivo como Marco, no era sorpresa que la chica tuviera los ojos puestos en él todo el tiempo.

-Gracias por ayudarme, señor Buenrostro y también por la cena. -Había hecho mucho por mi hoy. No podía quedarme callada y no agradecerle. Marco frunció ligeramente y gruño de manera indiferente como respuesta. Después de eso, ya no dijo nada. Nuestra cena estuvo muy tranquila, pero era de esperarse. Al final de cuenta, éramos dos individuos que apenas se conocían y ninguno tenía mucho de qué hablar. En especial, porque Marco parecía una persona refinada y elegante. Estaba atrayendo un poco la atención con su buena apariencia y al terminar de comer, puse de lado mis cubiertos. Marco me miró al ver esto y con voz baja me preguntó si estaba llena. Asentí y le mostré una sonrisa tenue. Bajó sus cubiertos y se limpió la boca de manera elegante.

-Entonces, vámonos. -La forma en cómo Marco manejaba las cosas hacía que se me dificultara encontrar un punto en común. Aún así, me di cuenta de que no era frío ni distante, sino que más bien irradiaba una cierta tranquilidad. Era el tipo de persona que usaba la sensatez para solucionar cualquier problema. Cuando me subí al auto, vi que el reloj del panel decía 9:00 p.m. Al pensar en los papeles de divorcio que encontré en el cajón del estudio, mi corazón se hundió. Una parte de mí no quería regresar al chalé, pero no tenía opción. A pesar de que la Ciudad K era grande, no tenía a dónde ir. Me tomó un tiempo notar la vista por afuera de la ventana del auto y me quedé asombrada. ¿No era este el centro de la Ciudad? Marco no me llevó a casa, sino a la Residencial Greenleaf.

-¿La Residencial de los Buenrostro? -pregunte, mirándolo.

-Pasarás la noche aquí. -Su expresión era indiferente y difícil de leer. Me quedé sorprendida, pero antes de poder decir algo, ya se había estacionado y salió del vehículo. Lo seguí hasta la residencial de los Buenrostro solo para encontrarme con una Silvia de ojos llorosos bajando las escaleras. Tenía su abrigo puesto y parecía ir a algún lugar. Al verme con Marco, se detuvo.

-Espera, ¿por qué estás con Marco?

-La encontré en el camino. -Dicho esto, Marco subió las escaleras como si no quisiera continuar con la conversación. Silvia me miró y su rostro paniqueado se comenzó a relajar un poco.

-¿Qué estabas haciendo caminando sin tu teléfono ni bolso? -me reí con timidez.

-Se... me olvidaron antes de salir. -Silvia sacó su teléfono para hacer una llamada. No supe qué decir por un momento y solo nos sentamos en silencio. No le tomó mucho tiempo en llegar a Álvaro. Silvia estuvo esperando en la puerta y lanzó sus brazos de inmediato para tranquilizarlo.

-Cálmate, Álvaro. Esta bien -dijo Silvia con un susurro-. No la asustes y habla con calma. -Su voz era baja, pero aun así podía escucharla. Me dejé caer en el sofá y traté de contener mis emociones. Álvaro entró a la sala gruñéndole a Silvia y se acercó hacia mí, preguntando con voz baja:

-¿Cenaste? ¿Tienes hambre? Asentí una vez más y luego volteé a ver a Silvia, quien estaba parada al lado de él.

-Gracias por todo tía Silvia. Me iré a casa. Dale las gracias a Marco de mi parte, por favor. -Después de eso, me levanté y salí del chalé sin mirar a Álvaro. Silvia nos siguió y se despidió de nosotros.

-¡conduzcan con cuidado! -dijo, sacudiendo su mano. Al subir al auto, Álvaro no hizo ningún comentario, pero se inclinó y trato de ponerme el cinturón de seguridad. Lo quité de encima y me lo puse yo sola. Luego, miré por la ventana, aturdida. Álvaro dio una pausa sin hablar y encendió el auto. El viaje a casa no tomó más de 30 minutos. Cuando se estacionó, salí del auto y noté que el chalé estaba iluminado. Además, había algunas personas paradas en el jardín.

Entre la multitud, vi a la doctora, al equipo de ama de llaves y a algunos guardaespaldas cuyos rostros me parecían extraños. Di una breve pausa para observarlos de nuevo y me fui directo a mi habitación sin emitir una sola palabra. Álvaro no entró hasta después de media hora y para entonces, ya estaba lista para dormir. Me quedé acostada llena de confusión cuando escuche movimientos en la habitación. Abrí los ojos y vi a Álvaro quitándose la chaqueta.

-¿Me puedo dormir sola? -Estaba del lado de mi cama, pero decidí no esconder mi cansancio al hablar. Álvaro continuó quitándose su ropa sin decir nada y la tiró hacia una pila.

-¿Por qué? -preguntó con tono frío e incluso su mirada era igual.

-Solo quiero dormir sola. -Lo miré de nuevo, esperando a que tomara una decisión. Álvaro frunció sus labios y no dijo nada por un rato.

-¡Será mejor que me des una explicación satisfactoria!

Observé los patrones del diseño de las sábanas.

-Debemos irnos acostumbrando a nuestra separación inminente -dije, irritada y de pronto, Álvaro resopló:

-Solo ha pasado un rato y ¿ya encontraste a tu próxima víctima? ¿Te gustó Marco?

-¿De qué demonios estás hablando esta vez, Álvaro? -Mi ira estalló y no pude evitar alzar la voz. Él solo soltó una risita.

-¿No es así?

Contuve la turbulencia en mi corazón por un momento, pero no estaba segura de cómo responderle. Lo único que sentía era pánico, ira y frustración atravesando por mis venas. Luego de una breve pausa, miré a Álvaro y le pregunté:

-¿Me odias?

Tal vez me calmé demasiado rápido o quizás la pregunta fue muy ingenua. Álvaro frunció.

-¿Por qué te odiaría?

Me acerqué y me recosté en la cabecera de la cama.

-Todo lo que tengo en este momento debería pertenecerle a Rebecca. Yo aparecí como por arte de magia e interrumpí en sus vidas para hacerlos terminar su relación. La culpa es mía.


Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora