142 Llama a Mayra

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Al ver a la señora Hernández entrar en pánico, no pude evitar reír un poco mientras colocaba las bayas en la canasta. -Está bien, solo faltan unas cuantas pocas. Me bajaré en cuanto terminé. -Cuando terminé de recolectar las bayas, le dije a Álvaro mientras me sostenía de su cabeza:

-Listo, ya me puedes bajar.

A nuestro lado, la señora Hernández estaba muerta de la preocupación mientras sostenía la canasta. -La juventud de hoy es demasiado atrevida. ¿Saben lo peligroso que fue eso?

Álvaro estaba en buena forma gracias a sus ejercicios de rutina, así que me tomó  por la cintura y me bajó con cuidado. Cuando mis pies tocaron el suelo, pude notar gotas de sudor en su frente. Tras unos segundos para procesarlo, me reí:

-¿Por qué estás sudando? ¿Tan pesada estoy?

Me miró con una pequeña sonrisa y escupió una baya que tenía en la boca. -Llevaba a dos personas sobre mis hombros, ¿tú qué crees?

Me detuve un segundo para tocar mi abdomen. Esos últimos días, había podido sentir cómo el bebé crecía cada día. En ese momento, el teléfono de Álvaro comenzó a sonar y salió para responder, así que tomé la canasta que cargaba la señora Hernández y entré a la sala. Enjuague las bayas en agua salada, pero mis ojos no podían evitar mirar hacia el jardín mientras los nervios me comenzaban a invadir. La única llamada que tomaría en privado sería de Rebecca. Llega un punto en la vida de todo cuando la gente piensa en tomar medidas extremas. No pude controlarme más y volqué el tazón con el agua y las bayas. <<Lo hice a propósito>>. El ruido fue tan estruendoso que la señora Hernández corrió hacia mí y al ver el desastre me miró preocupada y preguntó:

-¿Qué pasó? ¿No te lastimaste?

Agité la cabeza antes de mirar a Álvaro sin expresión alguna. Él caminó hacia mí y me escaneó de pies  a cabeza. Al ver que estaba bien, suspiró del alivio. -¿Qué pasó?

-Nada -respondí. Tras ver las bayas esparcidas por el piso, perdí el interés en lavarlas, así que solo me di la vuelta y me fui a la habitación.

A mis espaldas, pude escuchar a la señora Hernández murmurar:

-Señor Álvaro, si tiene el tiempo, considero que sería buena idea llevar a Sami al hospital. Creo que no está bien.

<<¿No lo estoy? El cansancio mental es una enfermedad, ¿no?

Cuando entré a la habitación, sentí mucha tristeza, así que llamé a Mayra. Tras sonar unas cuantas veces, me contestó:

-¡Sami!

-Hola. ¿Cómo van las cosas por allá? -No sabía qué decirle.

Aunque Mayra se escuchaba emocionada. -Si, te tengo que decir que este lugar es hermoso. Las ciruelas afuera de la casa ya están en su punto y están buenísimas. Te mandaré algunas estos días, estate pendiente de paquetería. -Se escuchaba tan feliz que por un momento parecía contagiosa.

Respondí con una pequeña risa. -¿Cómo van tus náuseas? ¿No tienes problemas para acostumbrarte al lugar?

-Para nada. -Imaginé que estaría en las montañas, ya que podía escuchar el viento silbar por el altavoz. -El aire es muy fresco y planté algunas plantas en el jardín. Hasta pude plantar unas cuantas flores salvajes. Son muy hermosas; si tienes el tiempo deberías venir a verlas. Estoy segura de que te encantarían.

Asentí sin pensar que no podía ver mis gestos. -Claro.

Debió haber sentido que no estaba de muy buen humor por mis silencios ya que me preguntó:

-Sami, ¿pasó algo?

Por un momento, no supe cómo explicarle la situación y tras una breve pausa le respondí murmurando:

-Mayra, toqué fondo y no puedo salir.

Álvaro ya estaba disminuyendo su contacto con Rebecca, pero me era imposible mantener la calma cada vez que escuchaba cualquier cosa sobre ellos dos. Era como si un millón de hormigas picotearan mi corazón y ese sentimiento era algo que ya no podía soportar.

-¿Es por Álvaro? -preguntó tras un suspiro. -Sami, es normal que estés tan emocional; estás embarazada. Tal vez solo estás pensando demasiado las cosas. -Tras una pausa, continuó:

-Mhmm -respondí murmurando. En ese instante, la puerta de la habitación se abrió repentinamente y Álvaro entró al cuarto. Regresé mi atención a la llamada y añadí:

-Debes cuidarte mucho allá.

-Esta bien -respondió antes de continuar tras un pequeño silencio. -No le digas a Gael dónde estoy.

Para ese momento, Álvaro ya estaba junto a mí y pude notar que cargaba con unas cuantas bayas en la mano . Respondí con un murmuro antes de terminar la llamada. Cuando colgué. Álvaro se sentó a mi lado y me acercó una baya a la boca. -Pruébalas.

Agité la cabeza en negación, no tenía ánimos para comer. Ante mi reacción, no dijo nada más y se quedó a hacerme compañía en silencio. Después de un rato, me llevó los documentos de su estudio y comenzó a revisarlos. No tenía otra cosa que hacer, así que encontré un libro y me senté junto a él para leer. Mayra sí que era una mujer eficiente, pues recibí una llamada de Javier justo antes de quedarme dormida mientras leía. El sonido del teléfono me despertó. Álvaro seguía revisando sus documentos, así que cuando escuchó mi teléfono, solo me miró unos minutos antes de regresar a lo suyo. Acepté la llamada y me levanté para dirigirme al balcón.

-Javier.

-¡Dios mío, mujer! De no ser por Mayra que me llamó, hubiera pensado que estás muerta. -Javier Castro no cambiaría nunca. A pesar de ser hombre, era bastante conservador y quisquilloso.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora