Capítulo 58 ¿De verdad te gustan los bebés?

6.1K 291 9
                                        

El señor Montoya y Camila ya habían bebido demasiado y ahora se encontraban hablando sobre el pasado; el hombre miró a Camila y dijo:

-Durante todos estos años has estado buscando a tu hija, ¿estás cerca de encontrarla?

La tristeza podía notarse en los rasgos de la señora Ortega.

-Ya pasaron más de 20 años y todavía no tenemos información relevante, ni siquiera estoy tan segura de que siga con vida.

El señor Montoya suspiro y trato de brindarle consuelo. -No te rindas, estoy seguro de que pronto las cosas van a mejorar.

Después de escuchar brevemente su plática comencé a sentir el estómago revuelto, probablemente porque había comido mucho y ya estaban sirviendo  el siguiente platillo, así que dejé mi asiento y fui al sanitario. De pronto me di cuenta de que Álvaro venía detrás mío.

-¿Estás bien?

-Si, solo tengo un poco de nauseas. -Recién había comenzado a asentir  náuseas mañaneras, así que esto no era nada.

Cuando tuve las suficientes fuerzas para responderle, pregunté:

-¿Sabes de qué estaban hablando el señor Montoya y la señora Ortega? Pensaba que la señora solo tenía un hijo.

Entonces me llevó fuera del baño y nos sentamos en unos pequeños asientos en el pasillo, luego colocó su gran mano sobre mi vientre y dijo:

-La señora Ortega estuvo casada con otro hombre antes de casarse con el padre de Nicolás, ella y su ex marido tuvieron una hija pero él abandono a la pequeña y desde entonces, la señora Ortega la ha estado buscando.

Álvaro no apartó su cálida mano de mi vientre mientras seguía hablando conmigo, jamás lo había visto comportarse de esa manera tan agradable. Con una sonrisa en el rostro lo miré y pregunté:

-Álvaro,¿ de verdad te gustan los bebés?

Ya teníamos 2 años de casados y antes yo no era más que una pared para él, simplemente me ignoraba, pero desde que supo que estaba embarazada cambió su actitud de manera positiva. Debo de aceptar que siempre había creído que solo existían dos tipos de amor entre un hombre y una mujer, ya fuera a primera vista o de ese que se va dando con el tiempo y la convivencia, pero en mi relación con Álvaro ni una de estas opciones era el caso, parecía que el incentivo era su hijo no nacido.

Ignoró mi pregunta y caminamos juntos de regreso a la mesa de la cena; fue una velada larga y prolongada, cuando por fin salimos del jardín Pear ya se había hecho tarde para irme a la cama, así que en cuanto nos subimos al auto me quede dormida. Cuando llegamos al chalé, Álvaro me bajó del auto sin que me diera cuenta. A la mañana siguiente desperté debido al timbre de mi teléfono, miré a mi alrededor y Álvaro no estaba ahí; cuando tomé el teléfono me di cuenta de que era una llamada de Mayra.

-¡Cariño, soy libre! -En la voz de Mayra  podía escucharse su emoción, pero también parecía que estaba corriendo porque parecía ir jadeando.

Yo seguía sorprendida, así que pregunté:

-¿Estás diciendo que los oficiales terminaron de investigar tu caso y concluyeron que eres inocente?

-Si, el oficial a cargo dijo que la cantidad de cianina encontrada en mi armario estaba dentro de los parámetros que se pueden utilizar para uso medicinal, así que me dejaron ir.

El escuchar a Mayra tan emocionada me hizo soltar un respiro de alivio.

-¡Super! Pero ahora debes descansar, en la noche saldremos a celebrar.

-¡Si, hay que ir a comer carne, mariscos...

Comenzó a mencionar todas las comidas que se le antojaban y yo las acepté.

-Muy bien, entonces ve a casa y duerme, cuando salga del trabajo te marco.

-¡Esta bien!

Después de que colgamos pude sentir como hasta mi estado de ánimo había mejorado. En ese momento, recordé que cuando era pequeña, una de mis profesoras solía decirnos que vivíamos en un mundo justo en el que todas nuestras acciones caían dentro del bien o del mal, sin embargo, con el paso del tiempo entendí que en este mundo no existen ni un bien ni un mal absolutos. Así como solemos decir que no podemos juzgar a un libro por su portada, tampoco podemos decir que una persona es totalmente buena o mala.

Después de bañarme y arreglarme baje los escalones y me encontré con el banquete que había preparado la señora Hernández, quien al verme sonrió y dijo:

-Buenos días, venga a probar estos platillos y dígame cual prefiere.

Mis ojos comenzaron a buscar a Álvaro por todo el lugar pero no lo encontré. Una vez que me senté en la mesa, quedé sorprendida por la gran cantidad de comida que había delante mío.

-Señora Hernández, es demasiada comida.

Todavía con la sonrisa en el rostro, la señora Hernández contesto:

-Para nada, el señor Álvaro me dijo que anoche comió muy poco y las mujeres embarazadas necesitan ingerir más alimentos de lo normal.

-Ahora que lo menciona, ¿sabe en dónde está? - En toda la mañana no lo había visto.

-Se fue a la oficina, recibió una llamada a primera hora -murmuró la señora Hernández y yo solo asentí con la cabeza mientras pensaba en que tenía que hacer durante el día.

Como últimamente la suerte no parecía estar de mi lado y seguido me encontraba con el estúpido de Joel Quintana, más valía que empezara a llegar a tiempo. Después de comer unos cuantos bocados estaba lista para levantarme de la mesa e irme cuando la señora Hernández me detuvo; puso algo de frutas en un recipiente e insistió en que me lo llevara. Cómo sabía que tenía buenas intenciones accedí y me subí al auto.

Estaba feliz porque al llegar a la oficina no me topé con Joel pero al salir del elevador, alguien me tomó del brazo y me hizo girarme, el mundo seguía dándome vueltas por la brusquedad del movimiento cuando de repente, sentí como una mano chocaba con fuerza contra mi mejilla.

<<¡Zas!>>



Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora