Capítulo 60 Molestias y mareos

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Nicolás había tenido mala suerte de encontrarse conmigo ese día, después de todo, seguía molesta por el incidente de la mañana, pero contuve mi enojo y me dirigí al apartamento. No me había dado cuenta de que Nicolás seguía detrás mío, hasta que de repente me tomó de la mano y con valentía dijo:

-¿Todavía me consideras un niño?

<<¡Maldita sea! Todavía no puedo deshacerme de él>>

-¡Si y eres muy molesto! ¡Yo....ah! -Estaba a punto de decir algo cuando me levanto de los muslos y me puso sobre sus hombros, ni siquiera me dejo terminar de hablar.

-¿Con que si? ¡Pues ahora verás de lo que este chico es capaz! -gritó, cada vez se le notaba más alterado. Después de hablar me dio dos nalgadas y me quedé sin saber qué decir.

Además, debido a mi embarazo y a la presión que estaba ejerciendo en mi vientre fue que empecé a sentir muchos mareo; mientras él corría conmigo en sus brazos no aguante más y exclamé:

-¡Nicolás, bájame! ¡Estoy embarazada y esto es peligroso!

Cuando me escuchó se detuvo en seco y al instante me bajo.

-¿Cuánto tienes?

-Tengo un embarazo de 2 meses y no estoy para aguantar tus payasadas, ¡Aléjate de mí!

<<¡Maldición!>>

-¿Álvaro es el padre? -preguntó.

Cuando escuché su pregunta no pude evitar molestarme pero traté de mantenerme relajada.

-Claro que sí, pues soy su esposa, ¿de quién más podría ser? Solo déjame en paz.

Aun así, el hombre parecía estar muy sorprendido y me impidió el paso, luego me miró fijamente:

-¿Él lo sabe?

Molesta por su pregunta contesté:

-Obvio, es el padre.

Noté que se decepcionó al escucharme, pero no me importó y entré al edificio.

Al llegar al departamento Mayra seguía dormida, podía suponer que debido al encierro en la misma comisaría no había podido descansar; ya había pasado bastante tiempo desde la última vez que la visité y su casa era un desorden. Me puse a limpiar y después piqué algo de fruta y me senté en la sala de estar a usar el teléfono mientras esperaba que despertara, pero de repente yo también me quede dormida y al despertar , me encontré con una nota que había dejado Mayra en la mesita de centro. Decía que se había ido a comprar unas cosas. Para entonces ya casi era media noche y decidí irme a casa, dado que mi apartamento estaba junto al de ella; cuando llegué iba a ser las 11 de la noche y mi teléfono comenzó a vibrar, pero era una llamada de un numero desconocido así que decidí ignorarlo. Sin embargo seguía llamando y no me dejo otra opción mas que contestar.

-¿Bueno?

-¡Samara! -Parecía ser la voz de Joel.

<<¿Por qué me esta marcando a estas horas?>>

-¿Pasa algo?

-¿Álvaro no fue a casa, verdad? -Parecía estar emocionado-, ¿acaso creíste que te iba a tratar diferente debido al embarazo? En verdad me das muchísima lastima, mientras tú estás sola en casa tu marido está acostándose con otra, ¿no te molesta? Me di un leve pellizco en el entrecejo y respondí impaciente:

-Señor Quintana, ¿esta enojado por qué Álvaro y Rebecca están teniendo sexo en estos momentos y no lo invitaron? ¿Por eso me está llamando? ¿Para desquitarse conmigo? -Tras una pequeña pausa, agregué-: ¡No me vuelva a llamar para descargar su coraje! Si en verdad le gusta Rebecca, entonces háblelo con Álvaro directamente, incluso pudiera ser que entre los tres....

-¡Samara, vete a la.... -corté la llamada antes de que tuviera oportunidad de terminar su frase.


Había sido un día horrible, tenía problemas tanto en el trabajo como en mi vida personal y sentía que todo se me venia encima. Por otro lado, mi apartamento no era tan grande, si acaso medía 100 metros cuadrados pero de todas formas era cómodo para llevarme una buena vida; después de haberme sentido tan irritada durante todo el día decidí que lo mejor sería dormir para olvidarme de mis preocupaciones pero, para mi desgracia, debido a la siesta que había tomado antes, no pude conciliar el sueño y mejor encendí mi computadora. Cuando entré a mi correo electrónico me encontré con ese correo tan llamativo y del que casi me había olvidado: se suponía que Créditos Herrera se iba a encargar de la auditoria del Corporativo Ayala, no obstante, jamás esperé que créditos Herrera me iba a tender una trampa y no me quedó otra opción más que pedirle a Jonathan que me enviara una copia del reporte interno de Créditos AC de los últimos años, el cual pretendía contrarrestar los problemas que habían sido ocasionados por Créditos AC.

Pero, hoy en día, ese reporte no serviría de nada porque Créditos AC tendría que encargarse de la auditoria del Corporativo Quintana, así que decidí ignorar el correo. De hecho, si hubiera tenido un plan alternativo ni siquiera le habría pedido ayuda a Jonathan. En ese momento sentí que debía olvidar el pasado. De repente, escuché que tocaban el timbre de mi puerta y de inmediato me puse de pie creyendo que se trataba de Mayra y que ya había regresado de hacer las compras, aunque comencé a sentirme mareada, probablemente por haber estado acostada durante tantas horas, me puse de pie. En cuanto abrí la puerta me agaché para pasarle un par de pantuflas de interiores y dije:

-Te tardaste un poco, ¿Qué compraste?

-Todavía me sentía un poco mareada.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora