158: Diviértete un poco

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-¿Qué tipo de mala suerte es esta? ¡Ni siquiera pude huir de ello! -dijo de forma débil mientras se encontraba inerte en el asiento copiloto y yo exploté de risa.

-Tengo habitaciones vacías. Si no te gusta dormir en hoteles, puedes venir a dormir en mi casa.

-Espera -dijo mientras sacudía la cabeza-. Aun quiero vivir un par de años más. Pensaré en algo.

Durante el camino, hablamos sobre lo que había sucedido durante estos años. Después , el frunció el ceño y dijo:

-¿Por qué no le quieres contar a Álvaro sobre tu secuestro? Sera mucho más fácil que le pidas que investigue en lugar de hacerlo tú sola.

Se trataba sobre una enfermedad, así que no había nada que esconder.

-La relación de Álvaro y Rebecca sigue confundiéndome a veces. Si ella resulta estar detrás de todo esto, me temo que estaré cavando mi propia tumba. Será mejor que investigue por mi cuenta por precaución.

-¡Maldición! -dijo Javier, sintiéndose frustrado-. ¿Cómo te volviste tan miserable después de casarte? Después de todo, no veo nada bueno en tu vida lujosa.

En verdad no había nada bueno.

Poco después de eso, llegamos al restaurante y entramos luego de estacionar el auto. Mayra había llegado antes y nos apartó una mesa. Al vernos, agitó su mano y gritó:

-¡Aquí estoy!

Javier sonrió y después dijo:

-¡Cariño! ¡He llegado!

Sus palabras llamaron la atención de varios clientes. Javier era atractivo y llevaba lentes de sol; parecía una celebridad en el restaurante. En ese momento, algunas mujeres comenzaron a conversar entre ellas:

-Es tan atractivo. ¿Será una celebridad?

-No lo sé. Seguro que es una celebridad o un modelo. Pero la mujer a su lado está embarazada así que probablemente sea un hombre casado.

-Puede ser. Como siempre, todos los hombres buenos nunca están disponibles.

-Es una lastima.

....

Cuando me senté, Javier me dio un codazo.

-¿Escuchaste eso? No es vergonzoso salir conmigo, ¿cierto? -Dijo Javier mientras nos miraba a mí y a Mayra. Ella apretó sus labios y volteó sus ojos.

-No seas tan narcisista. Es como caminar con un mono con todos viéndonos. ¡Qué molesto!

-Tks. -Sus palabras no le agradaron-. No nos hemos visto en años. ¿No tienes nada más agradable que decirme?

-De acuerdo, de acuerdo -dije-. Par de peleoneros, ni siquiera pueden evitar discutir cuando salimos a comer, ¿cierto?

Ambos se miraron fijamente pero no dijeron nada más después de eso. Desde el momento en que se conocieron, siempre estaban discutiendo. Así es como algunas personas se llevaban. Después de todo, hay de todo tipo de personas en este mundo.

-¿Eh?

En medio de la comida, Javier miró hacia la entrada con confusión. Mayra lo volteó a ver y dijo con indiferencia:

-¿Qué pasa, mono? ¿Viste a uno de los tuyos?

-Si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada -resopló. Después, continuó mientras observaba la entrada-. Vi a alguien que conozco.

Sentí curiosidad y me giré para mirar. En efecto, había alguien que él conocía; Nicolás Herrera. Además, había una mujer a su lado. Era la mujer de la última vez. Me giré hacia Javier y no pude evitar preguntar con curiosidad:

-¿Lo conoces?

Javier asintió y dijo:

-No solo lo conozco. En aquel entonces, casi...

Javier dejó de hablar al observar a la mujer a un lado de Nicolás.

-¿Por qué no deja de seguirlo?

-Eso no es asunto tuyo. Solo enfócate en tu comida, ¿quieres? -dijo Mayra mientras tomaba un trozo de carne y lo ponía en su plato. Javier se giró de vuelta hacia la mesa y dijo con desprecio:

-No como carne.

-Actúas como una mujer, Javier. ¿Acaso eres gay?

A Mayra le encantaba irritar a las personas cuando se aburría. Al escuchar sus palabras, Javier volvió en sí pero solo siseó después de pensarlo por un momento.

-¿Dices que soy gay solo porque no como carne? En ese caso, ¿los monjes también lo son?

Ambos continuaron con sus peleas infantiles mientras yo me giré para mirar a Nicolás. Me di cuenta de que él y la mujer ya habían tomado asiento. Había algo de distancia entre nuestras mesas, así que en realidad no podían vernos.

Después  de comer, Javier tiró de los brazos de Mayra y delos míos mientras decía:

-Deberíamos divertirnos esta noche. Estoy de vuelta después de tanto tiempo, no piensan dejarme en un hotel para que me pudra ahí, ¿cierto?

Mayra se quedó sin palabras después de escuchar eso.

-¿A qué te refieres con divertirnos? ¿No ves que ambas estamos embarazadas? ¿Cómo se te ocurre salir con dos mujeres embarazadas?

-¡Maldición! ¿Dos mujeres embarazadas? ¿Hace cuánto quedaste embarazada, Mayra? ¿Quién es el padre del bebé?

La voz de Javier sonó fuerte por la emoción y atrajo la atención de los de la mesa de a un lado.

Enseguida le hice una seña para que bajara la voz y dije:

-Yo estoy embarazada, lo que significa que ella también lo está. Ambas lo estamos. Ya sabes que somos como gemelos siameses. No pienses de más.

La cosa era que Mayra no quería que nadie supiera. Soltó un alivio de suspiro al escuchar lo que dije.

-Sera una pena si no te conviertes en editor con ese cerebro que tienes.

-¿Qué demonios? -Javier se quejó-. ¡Tú eres quien no usa su cerebro cuando habla, ¿de acuerdo?!

El cielo estaba oscureciendo cuando salimos del hospital. Mi teléfono se estaba quedando sin batería, pero Javier seguía tirando de mis brazos mientras decía con una voz infantil:

-Vamos, chicas. ¿Podemos divertirnos un poco antes de volver, por favor?

Mayra se quedó perpleja.

-Por dios, deja de perder el tiempo. ¡Samara está embarazada! ¿Cómo se supone que salga de fiesta contigo?

Javier tronó sus labios en respuesta.

-¿Acaso hay una regla que diga que las mujeres embarazadas no pueden salir de fiesta? Estará bien mientras no tome. Además, hay algunas cosas de las que debe hablar ahora que estoy aquí. Le hará daño al bebé si se guarda todo y no lo habla.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora