Capítulo 67 Tú no eres yo

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-Señorita Villa, usted no es yo, ¿Cómo es que sabe lo que no quiero? -No pude aguantar más, después de todo, Gael también lo estaba escuchando. Me decidí por entrar a la oficina de Álvaro y la miré con frialdad-: Aunque mi marido no me quiera ahora estamos esperando un bebé que es de los dos y eso nos vuelve una familia. Puede que usted no lo sepa pero no todas las parejas se aman.

Álvaro y Rebecca se sorprendieron ante mi repentina aparición, luego ella contestó:

-¿En verdad crees que puedes hacer que se quede contigo por tu hijo?

-En realidad no estaba segura de poder lograrlo pero después de ver su reacción creo que lo logré; mi hijo y yo estamos por encima de usted, señorita Villa. -Pude notar la expresión de Álvaro se tornaba cada vez más seria pero lo ignoré y continúe-: Pero claro que será lo suficientemente desvergonzada como para intentar quedarse a su lado; puede que luego de que dé a luz él se aburra en casa y quiera probar algo diferente y es ahí donde usted encaja, podrá darle esa nueva experiencia.

-¡Ja, ja, ja! -De repente, se escuchó unas risas que provenía de la puerta, resulta que Joel y Nicolás estaban ahí.

Nicolás trató de contener la risa y dijo:

-Disculpen, no era mi intención espiar su conversación pero estaban haciendo mucho ruido y todo se escuchaba hasta afuera. No pude evitar reírme. Luego Joel entró a la oficina y me miró con enojo; entregó un documento a Álvaro y dijo:

-¡Esta bien que tengas tu propia familia pero no debiste permitir que alguien como Samara insultara a Rebecca! -Dicho eso, se llevó a Rebecca con él.

Pero antes de que pudieran salir me interpuse en su camino y lo miré con molestia.

-Señor Quintana, ¿alguien como yo? ¿Qué quiso decir con eso?

-¡Qué eres egoísta, despreciable y que no tienes corazón! -respondió de inmediato.

Asentí con la cabeza y mostré una sonrisa en forma de burla. -Gracias por su respuesta tan detallada, entonces, ¿Cuál es el tipo de mujer que atrapa su ojo? -Hice caso omiso de sus expresiones y proseguí con una sonrisa-: Cuando eres una perra, jamás dejas de serlo. Al parecer la señorita Villa es tan simpática que los ha hecho olvidar que le encanta destruir familias, incluso ha obligado a una esposa a abortar a su propio bebé y ha inculpado a alguien por supuesta posesión de drogas, ¿a ella la perdonan solo porque luce delicada y débil?

-¡Samara, deja de decir estupideces! -exclamó Rebecca enfadada.

Levanté las cejas en su dirección.

-¿Por qué tan desesperada?

-¡Basta! Joel, lleva a Rebecca directo a su casa y que no regrese -intervino Álvaro.

Joel estaba a punto de decir algo cuando de repente, Gael lo interrumpió.

-Joel, cuando regreses por favor pasa por mi oficina, tengo algo para tu padre, es para su reumatismo.

Al mismo tiempo Nicolás miró a Álvaro y preguntó:

-Señor Ayala, ¿ya está disponible? Necesitamos hablar.

De esta manera, Joel ya no tuvo oportunidad de agregar nada más y solo me miró con desprecio al tiempo que se iba con Rebecca. Luego me giré hacía Gael y dije:

Necesito hablar contigo. <<¡En verdad lo necesito!>>

Asintió y dijo:

-Vamos a mi oficina.

Una vez dentro de la oficina de Gael me senté y suspiré con cansancio.

-Últimamente sufro de mareos y tanto los hombros como la espalda me duelen mucho.

Una vez que terminé de contarles mis síntomas se encaminó a su asiento y comenzó a buscar por información; luego de un rato me mostró lo que parecía ser mi diagnóstico.

-Al parecer tus mareos son el resultado de no dormir como deberías, tienes que descansar como corresponde, además, puedo notar que tiene indicios de depresión así que debes tratar de estar bien y de mantenerte de buen humor.

Lo escuché y luego apoyé mi barbilla en una mano.

-Pronto me iré de viaje de negocios a Ciudad A, ¿Hay algún somnífero que pueda tomar?

-Si, pero no son buenos para el bebé y no deberías tomarlos -contestó.

Asentí en respuesta y pensé en que si esto seguía así, no estaba segura de poder salir adelante, ni siquiera sabía si el bebé lo lograría.

Una vez que salí de la oficina de Gael casi me tropiezo con Álvaro, quien se notaba muy molesto pero lo ignoré porque no me sentía bien. Entonces me detuvo con una mano.

-¿Qué tienes? -preguntó con voz grave.

-¡Qué sigo viva! -respondí alterada y entré al elevador.

De regreso a mi oficina, Estela colocó un par de documentos sobre mi escritorio.

-Señorita Arias, estos son los informes de la auditoria del Corporativo Ayala, por favor revíselos y firme de recibido.

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