Solté un suspiro de alivio, me acosté y me preparé para dormir.
Al día siguiente, me levanté más temprano que de costumbre. Álvaro no se había despertado y se encontraba profundamente dormido. Aún así, su postura para dormir era muy satisfactoria de observar. Su cabello color negro, corto y limpio dejaba a la vista sus facciones clásicas, las cuales estaban bien definidas.
Era la primera vez que veía su rostro con calma. Sus pestañas eran muy largas y sus labios estaban cerrados con fuerza, con las comisuras de sus labios ligeramente hacia abajo. Esa expresión en su rostro era una señal de un constante estado de alerta. Se decía que las personas que dormían con esa postura eran persistentes e insistentes en conseguir lo que quieren. Y en efecto, Álvaro encajaba en esa descripción. Él tenía un pecho amplio, hombros anchos y una cintura estrecha. Además, sus piernas eran delgadas y tenían muy buena proporción. Su estado de alerta era demasiado alto incluso cuando estaba profundamente dormido. De pronto, abrió sus ojos negros sin la más mínima señal de somnolencia y me miró fijamente. Por un momento, me sorprendí cuando nuestras miradas se encontraron , pero enseguida volví a la normalidad. Luego de un rato, su cuerpo tenso se relajó. Entrecerró sus ojos y extendió su mano.
-Ven.
Desvié mi mirada sin la más mínima señal de vergüenza de que me atrapara observándolo mientras dormía.
-Duerme más, iré abajo.
Seguro la señora Hernández se había despertado temprano y fue al mercado. La caja de frutas que Jonathan había traído seguía en el patio y estaba demasiado grande para que las moviera yo sola. Decidí solo llenar un plato de frutas y las metí.
Jonathan tenía razón; todas eran frutas de la provincia R. Los tomates no solo estaban grandes, sino que también sabían deliciosos. Los mangos verdes también estaban muy buenos. Cuando era pequeña, siempre me gustó comerlos con chile. Sabía magnífico. Jonathan había traído demasiados. Mayra siempre decía que tenía antojo de ellos, así que lavé algunos y los guardé para ella. Luego de ver la hora, le envié un mensaje. Ella seguía en el hospital, así que se los llevaría más tarde.
Al escuchar movimientos en las escaleras, me giré y vi que era Álvaro, quien llevaba una pijama gris. Lucía alto y esbelto, atractivo incluso en pijama.
-¿Por qué no siegues durmiendo? <<Seguía siendo temprano y no tenía nada que hacer>>
-No puedo dormir. -Su mirada lucía frívola, pero había un aire convincente en él. Como era de esperarse, me miró por un largo rato y dijo en voz baja:
-Me siento inquieto.
No pude evitar quedarme inmóvil. Guardé mi teléfono y dije con indiferencia:
-Más tarde iré al hospital a visitar a Mayra.
-¡Samara! -Álvaro me abrazó por la espalda y su voz sonaba ronca-. Los gatos suelen ponerse irritables y gruñones cuando se sienten inquietos. Los seres humanos somos iguales y no hemos tenido intimidad en mucho tiempo. ¿Deberíamos ir al baño? ¿Eh?
Su voz estaba llena de deseo reprimido. Yo me quedé en silencio. En efecto, no importaba lo correcto y bien vestido que un hombre luciera; se convertía en un bastardo cachondo cuando tenían deseos sexuales.
Tomó mi silencio como consentimiento él no se contuvo más. Sus manos se movieron alrededor de mi cintura, explorando mientras las deslizaba de arriba a abajo.
-¡Álvaro, estamos en la sala! -Si el continuaba y la señora Hernández regresaba, estaríamos muy avergonzados.
-¡Vamos al baño! -Mientras hablaba, ya me había cargado y luego entró al baño. Después prendió la regadera antes de ponerme al borde de la bañera. Puso sus brazos alrededor mientras inclinaba su cabeza hacía mí. Nada de esto me sorprendió.
-Álvaro, no...
Su voz sonaba grave y seductora mientras tomaba mis manos y nuestros dedos se entrelazaban...
No dijimos nada. Luego de rodar en la bañera por casi una hora, me acosté débilmente entre sus brazos. Me limpió y después me puso ropa que había escogido. Me cargó hasta la sala y me puso sobre el sofá antes de regresar a ducharse. <<Por fin entiendo bien el dicho; un lobo hambriento es un lobo molesto>>
Jonathan llamó un par de veces. Contesté la llamada mientras Álvaro se encontraba en el baño, sintiéndome bastante cansada.
-¿Qué sucede?
-¡Estás despierta?
Al escuchar su tono de voz, me di cuenta de que había despertado demasiado temprano y no tenía nada que hacer.
-Si. ¿Qué pasa?
-Quiero comer la pasta que preparas. ¡Tráeme más tarde! -dijo en un tono demasiado infantil. Fruncí el ceño pues me sentía un poco molesta.
La enfermera lo hará. Tengo cosas que hacer más tarde.
-Samara -dijo en un tono más serio-. Si no me lo traes, tendré que ir a tu casa.
<<¡Esto es una locura!>> Me tranquilicé y respondí:
-De acuerdo. Lo prepararé para ti -contesté y terminé la llamada enseguida.
La señora Hernández regresó del mercado y me miró con sorpresa al ver que ya me había levantado.
-¿Tienes algo que hacer? ¿Por qué estás despierta tan temprano?
-No es nada. Dormí temprano anoche, así que también me desperté temprano.
Después de decir eso, me levanté y tomé la bolsa de compras de sus manos-. ¿Hay carne molida en la cocina?
Ella asintió y respondió:
-Sí. Hoy compré un poco más. ¿Por qué? ¿Qué quieres comer? Lo cocinaré para ti. Sonreí y dije:
-Comeré lo que sea que cocines. Solo deja un poco de carne molida para preparar un poco de pasta. La llevaré al hospital.
La señora Hernández no pudo evitar sorprenderse y me miró con confusión.
¿Es para el caballero que estuvo aquí ayer?
Le sonreí sin contestarle porque Álvaro estaba bajando las escaleras. Después, regresé a la sala y me senté. Álvaro llevaba un traje y se sentó a mi lado. Me miró con calma y después encendió la televisión.
-¿No tienes planes para hoy? -pregunté con el ceño fruncido. Había mucho por hacer en la oficina.
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Reticencias de amor
FanfictionConmocionada, me quedé de pie sin poder moverme luego de leer las dos palabras que aparecían en mis resultados de la ecografía. ≤¡Solo Sucedió una vez! ¿Cómo quedé embarazada? ¿que debo hacer ahora?≥
