Capítulo 122 De vuelta a casa

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-De acuerdo, entonces colgaré -respondí.

Mientras observaba la rocalla en el patio, mi corazón se aceleró como si alguien lo estuviera apretando suavemente. Dolía un poco, pero me sentía conmovida.

Álvaro no era bueno cuidando de los demás. Lo sabía desde hace mucho. Si alguien tenía un lugar en su corazón, él cuidaría de esa persona hasta que no supiera cómo hacer nada. Sin embargo, no pude evitar preguntarme: ¿Cuánto durarán los días así de cálidos y perfectos? El sol se puso lentamente. Daniel le había ordenado a alguien que me llevara sopa. La sopa llegó con algunos platillos que eran adecuados para las mujeres embarazadas.

Al final no comí mucho. Cuando los hombres que estaban remodelando las habitaciones se fueron, caminé por la casa. Muchas partes de ella habían cambiado. Las colecciones que originalmente se encontraban en la sala habían desaparecido. Yo había roto algunas y el resto las guardó Álvaro en el almacén.

Instalaron luces cálidas dentro de la casa oscura e incluso cambiaron el sofá café por uno azul oscuro. En cuanto al cuarto del bebé, los hombres lo amueblaron con temática de color azul cielo: una elección perfecta. Una mirada a la habitación era suficiente para animarse. Sin embargo, las lágrimas se juntaron en mi ojos. <<¿Está haciendo esto por el bebé o por mi? Probablemente es por el bebé?

Me aferré a ese momento, esperando que el tiempo se detuviera mientras me quedaba en el cuarto del bebé. En mi aturdimiento, no me di cuenta de que el timbre de la casa había estado sonando por mucho tiempo. Cuando por fin me percaté del ruido, bajé las escaleras enseguida. Resultó que era Joel. Tenía una expresión desdeñosa en su rostro pues me había tardado mucho en abrir la puerta.

-¿Qué tan grande es esta casa que la señorita Arias necesita tanto tiempo para abrir la puerta?

Ignoré su cruel comentario. Después vi a Álvaro, quien estaba recargado contra la rocalla. Parecía que estaba ebrio. Cuando me acerqué a él, el fuerte aroma del alcohol llegó hasta mi nariz. Fruncí el ceño, lo ayudé a levantarse y después miré a Joel.

-Gracias por traerlo.

Él no respondió y solo me miró una vez más antes de irse. Ayude a Álvaro a entrar a la habitación poco a poco. Parecía que estaba ebrio, pero al mismo tiempo no: lucía distraído y no decía ni una palabra. Lo único que hizo todo el tiempo fue agachar su cabeza, aturdida.

-¿Te sientes mal? -pregunté mientras agitaba su cuerpo un poco.

Él levantó su cabeza para mirarme y pude notar que su mirada estaba perdida.

-¿Ya comiste?

Asentí y suspiré. Parecía que había bebido más de lo usual, así que me levanté para traerle agua. Sin embargo, él me detuvo. Me acercó hacía su pierna, entrecerró sus ojos y dijo:

-¿A dónde vas?

Voy a traerte agua.

<<¿Por qué parece un niño cuando actúa así?

Él asintió lentamente y dijo:

-Iré contigo.

Se levantó después de decir eso, pero para su desgracia, su cuerpo se rehusó a cooperar y se volvió a sentar cuando perdió el equilibrio.

<<Ya te encuentras en un estado grave. ¿Por qué insistes en acompañarme?>>

Cuando regresé con el agua, vi a Álvaro con sus brazos colgando a un lado de su cuerpo, como si no tuviera huesos. No pude evitar suspirar mientras llevaba el vaso de agua hacía sus labios.

-Abre la boca.

Él me miró con ojos entrecerrados y murmuró:

-Samara.

-¿Si?

Cuando terminó de tomar un sorbo, extendí mi mano a punto de quitarle la ropa cuando de pronto me detuvo.

-No te muevas.

-¿Álvaro, de verdad es hora de que duermas.

Al mirar hacía el reloj, me di cuenta de que ya era media noche. Álvaro asintió, se levantó y dijo:

-De acuerdo. Ya iré a casa. No es seguro que Samara esté sola en cas.

<<-¿Qué? ¿Cuánto bebió?>>

Lo volví a poner en la cama, lo tomé de las mejillas y le dije:

-Álvaro, ya estás en casa. Mírame. Soy Samara.

Él agrando sus ojos para volverme a mirar. La felicidad que solía llevar en sus ojos no existía en ese momento y en lugar de ello, había algo de ternura. Él extendió la mano para tocar mi rostro y sonrió.

-Viniste por mí. Vayamos a casa.

<<Al parecer bebió bastante>>.

-De acuerdo, vamos a casa.

Cedí a su argumento mientras lo ayudaba a levantarse. Justo cuando estaba a punto de llevarlo a caminar por la casa para luego regresar,  él terminó arrastrándome por las escaleras, tropezándose todo el camino. De todas las habitaciones de la casa, me llevó a la nuestra. Pensé que la habían remodelado por completo, pero no fue así. La cama de sándalo había desaparecido; la cambiaron por un tatami.

Las fotos de nuestra boda que nos tomaron en aquél entonces cubrían la pared y había un pequeño catre color pastel a un lado de la cama. El armario seguía igual, pero los hombres lo convirtieron en un vestidor. Tenía mucho espacio. Me agradaba bastante. Álvaro me llevó alrededor de la habitación y después me sonrió con torpeza.

-¿Te gusta?

-Si.

Él era un hombre frívolo, así que estaba segura de que la paleta de colores pastel era por mí. Álvaro había bebido demasiado. Luego de caminar por la habitación, se quedó dormido en la cama.

Pronto era Lunes. Era día de trabajo. Por lo general, Álvaro se levantaba temprano. Como yo no tenía nada que hacer, lo acompañé a la oficina.

Ya habían pasado algunos días desde que Estela estaba de vacaciones. Cuando volví a verla, lucía mucho mejor, como si por fin se hubiera recompuesto. Cuando notó mi presencia, sonrió y dijo:

-Señorita Arias, quiero hablar con usted.

Asentí y la llevé a mi oficina.

Estela era alguien que conocía desde hace años, y éramos iguales en ciertos aspectos de personalidad. Luego de hacerle una seña para que se sentara, dije:

-Ya he enviado la auditoría del Corporativo Ayala. Tendrás que prestar más atención al caso de Hi Tech. Mi vientre sigue creciendo y cada día tengo más síntomas de embarazo. Tal vez pierda de algunas cosas, así que será mejor que tú también las revises.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora