De repente, su teléfono comenzó a sonar, a mi no me interesaba saber con quién hablaba o de qué trataban sus conversaciones, pero él parecía disfrutar el poner el altavoz; tomó la llamada y la persona de la otra línea comenzó a llorar.
-¡Alvi, estoy en la estación de policías! ¡Samara me reportó, por favor ayúdame!
<<¿Era Rebecca? ¿A estas horas? Pensé que le habría llamado antes, cuando los policías se la llevaron>>.
Álvaro me miró y yo solo me encogí de hombros.
-¿Qué se suponía que debía hacer? Cuando llegué estaba dentro de mi casa sin autorización.
Se masajeó la frente sin saber cómo lidiar con la situación.
-Ya es tarde, solo pasa la noche ahí. Le pediré a Josué que pase temprano.
-Pero Alvi...
Antes de que Rebecca pudiera decir algo más, él colgó la llamada. Luego se giró a verme y pude notar que no sabía qué ahcer conmigo.
-¿Tenías que reportarla? ¿Por qué no simplemente cambiaste la cerradura?
Bajé la mirada y me miré las uñas mientras me burlaba.
-¿Le diste la llave de la casa? ¿Por qué no, de una vez le activaste la huella dactilar para identificarla y que pueda entrar cuando quiera? U en caso de que pienses hacer, voy a ocupar que me avises para venderte mi parte de la propiedad y mudarme.
Entonces, Álvaro levantó la voz.
-Samara Arias, escúchame bien, estamos casados y tú eres mi esposa.
A lo que yo asentí y contesté:
-Ya lo sé, justo por eso llamé a la policía, porque el chalé es nuestro y ella no tiene ningún derecho de estar ahí.
Entonces, se dio una palmada en la frente y dijo;
-¡Ven aquí! -Se hizo a un lado y me señaló un espacio en la cama.
Sin dudarlo me acerqué y me recosté junto a él: Álvaro me miró y sonrió pero traté de ignorarlo y cerré mis ojos para dormir.
Al día siguiente me desperté bastante tarde pues durante la noche no había logrado dormir lo suficiente, entonces, alcancé a escuchar el canto de los pájaros y abrí los ojos; me asomé por la ventana. En un principio, pensé que estaba en el chalé pero cuando estiré los brazos me di cuenta de que por accidente golpee a Álvaro, quien también estaba ya estaba despierto y firmaba unos documentos.
Bajó la cabeza para mirarme al sentir el golpe en la cara.
-Despertaste.
De inmediato aparté mi mano y asentí; poco a poco comencé a recordar qué había pasado la noche en el hospital y me enderecé para salir de la cama, la cual no era tan cómoda como la cama de mi habitación, así que no había dormido bien. Además, el temerle al frío había provocado que me mantuviera cerca de cualquier cosa que tuviera a un lado y Álvaro se había convertido en mi victima de la noche, pues lo había empujado hasta la orilla.
Bajé la vista, avergonzada.
-¡En verdad lo siento! ¡No puedo creer que le hice eso a una persona hospitalizada!
Álvaro solo sonrió e hizo los papeles a un lado.
-¿Tienes hambre? -Poco a poco se regresó al centro de la cama y segundos después, entro una enfermera a la habitación para darle sus medicinas; por la expresión que tenía en el rostro podía deducir que ya tenía tiempo esperando afuera.
Una vez que la enfermera terminó con él y se fue, contesté a su pregunta.
-La verdad es que no -dije al tiempo que me giraba e iba al baño para refrescarme un poco; cuando regresé, Álvaro todavía tenía que tomarse su medicamento, así que pregunté-: ¿Hay algo que tú quieras comer?
Entonces, me dedicó una sonrisa.
-¡Decide tú!
<<¿Puede dejar de ser tan molesto?>>
Tomé mi bolsa y ya me iba cuando de pronto, entró Gael a la habitación y traía él historial médico de Álvaro, seguramente quería saber cómo estaba. En cuanto el hombre me vio, dijo:
-¡Gracias!
Supuse que me estaba agradeciendo porque lo dejé dormir en el chalé.
-De nada, te merecías descansar después de haber sido torturado por alguien.
Gael trató de reprimir la sonrisa.
-¿Ya te vas?
-Voy a comprar el desayuno -contesté, hice una pequeña pausa y agregué-: ¿Tú ya comiste?
Por lo que negó con la cabeza.
-No. me vine directo al hospital.
-¿Hay algo que quieras comer?
Una vez más, negó con la cabeza.
-¡Lo que sea está bien!
Asentí, salí al pasillo y bajé al primer piso en un elevador.
La señora Hernández tampoco tardo en llamarme, quería saber por qué no estaba en casa y de manera breve le expliqué lo que había sucedido, ella de inmediato se ofreció a traernos el desayuno pero rechacé su oferta. Sin embargo, después de estar caminando por los alrededores del hospital, me di cuenta de que no había ningún restaurante cerca, así que al final no tuve más remedio que pedirle que por favor nos preparara algo. La estuve esperando afuera del hospital y a pesar de que ya había pasado un largo rato, no llegaba; de repente, alcancé a ver a Joel, quién venía con una bolsa de comida en la mano.
<<De seguro es para Álvaro>>.
Poco después, la señora Hernández llegó con diferentes platillos, traía desde sopas, hasta bollos y leche; una vez que me entregó todo, se fue. Dado que Joel había llevado comida para Álvaro, decidí llevar lo que la señora Hernández había preparado para la oficina de Gael, quien cuando miró la increíble cantidad de comida que llevaba en mis manos, preguntó:
-¿Se supone que debemos terminarnos todo esto solos?
Asentí; entré a su oficina y me serví un poco de sopa de champiñones.
-Nos trajo bollos, leche y sopa de champiñones, puedes tomar lo que quieras.
Gael asintió, tomó algo de leche y rápidamente se comió unos cuantos bollos pues tenía que ir a revisar a sus otros pacientes. Todavía quedaba bastante comida y sabía que yo sola no podría comerlo todo. Por un rato lo dude, pero al final decidí llevarle las sobras a Álvaro; al llegar a la puerta de su habitación, me di cuenta de que había alguien con él así que no entré de inmediato, pero me asomé para ver si podía ver algo.
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Reticencias de amor
Hayran KurguConmocionada, me quedé de pie sin poder moverme luego de leer las dos palabras que aparecían en mis resultados de la ecografía. ≤¡Solo Sucedió una vez! ¿Cómo quedé embarazada? ¿que debo hacer ahora?≥
