Capítulo 186 -Ira

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No volteé a ver su expresión sombría y continué:

-Lo sé. Si no fuera por este bebé, ya nos habríamos divorciado. Después de todo, ¡no hay amor entre nosotros! -Al alzar mi mirada para fijarla con la suya, sentí una sensación extraña de tranquilidad-. No me voy a aferrar a ti. Una vez que nazca, me iré de manera voluntaria. Ya firmé los papeles del divorcio.

Álvaro dejó salir una carcajada incrédula más allá de lo imaginable.

-Entonces, ¿está es la razón por la que te escapaste sin tu teléfono ni cartera? -La ira hacía que su rostro se contrajera-. Samara, ¿en serio crees que todo gira alrededor de ti? ¿Qué mi responsabilidad en este matrimonio es estar a tu lado constantemente cada segundo del día? Lo que pasó con Rebecca quedó en el pasado y ya te había dicho que nunca me gusto ni la amé. Todo lo que hice en ese entonces...de cuidarla y ver por ella, fue por cumplir el último deseo de Pablo. ¿Entiendes? -Al quedarme callada, añadió con un tono exasperado-. Tienes 7 meses de embarazo. ¿Cómo pudiste irte sin llevarte nada contigo? ¡Solo haz estado en esta ciudad por dos días! ¿Has pensado en mí o el bebé? ¿Qué tal si algo te sucedía? ¿Serías capaz de vivir tú sola?

Una ola de carcajadas se me escapó de los labios.

-¿Nunca la amaste? -Lo miré a los ojos, replicando-. Si nunca la has amado, ¿Por qué te acostaste con ella? ¡Volviste a arriesgar tu vida por ella! Álvaro Ayala, si eso no es amor entonces no existe. -Como Álvaro estaba insistiendo en dormir juntos , todos mis pensamientos de ir a dormir se fueron de mi mente. Me levanté y estaba por salir de la habitación cuando me detuvo.

-¿Qué haces?

Qué te importa! -Lo empujé a un lado y salí corriendo con la ira hirviendo dentro de mí. Lo escuché siguiéndome y aceleré el paso. Al llegar a las escaleras, me gruño:

No corras! -Al llegar al primer piso, vi a Mirna y varios guardaespaldas bloqueando la entrada. Álvaro se apresuró y me tomó de la mano-. Esta es la Ciudad K. ¿A dónde vas?

A morir! -le grité de regreso. Estaba tan enojada que no podía pensar bien. Álvaro se rio de manera molesta y frustrada.

-Samara, tú si que eres el ejemplo perfecto de todos los defectos de las mujeres. ¡Deja de hacer tonterías y regresa a la habitación! ¡Necesitas descansar!

<<¡Cómo si tuviera ganas de dormir!>>

Le grité empujándolo a un lado.

-¿De qué defectos estás hablando? ¿Ser irrazonable? ¿Ser rencorosa e insignificante? ¿No poder distinguir entre el bien y el mal? -Al ver que no decía nada, declaré- ¡Pues así soy! ¡Como amas a Rebecca demasiado, eres más que bienvenido de irla a buscar! ¡No hay necesidad de que señales todos mis defectos! -Empujé a los guardaespaldas y salí corriendo del chalé. No había manera de que una mujer como yo pudiera afrontar a esos hombres y solo me dejaron ir porque no querían lastimarme.

Sin embargó, Álvaro tenía razón; la Ciudad K no era mi tierra natal. Por ello, caminé alrededor del jardín. Mientras tanto, Álvaro se quedó parado en la puerta con sus brazos cruzados y su mirada era indiferente al rastrearme. Era como si me estuviera esperando a ir con él. Con lo enojada que estaba, el solo verlo me hacía querer golpearlo de manera absurda. A pesar de eso, no podía ir con él y empezar a pegarle. Luego de un momento de debatir conmigo misma, se me ocurrió una idea y lo miré para llamarlo.

-Álvaro, ¡ven aquí! -levantó la ceja con su enojo desvaneciendo un poco. Una sonrisa apreció en sus labios mientras se acercaba. Una vez parado enfrente de mí, incliné mi cabeza hacia un lado para mirarlo a los ojos y anuncié con valentía-. No tengo idea de por qué estoy enojada, pero la verdad es que estoy furiosa y como no puedo desquitarme con personas inocentes, la única opción que tengo eres tú. -Dicho esto, lo aventé hacia al estanque que estaba detrás de él. Al haberlo tomado por sorpresa, Álvaro se quedó sin palabras y cayó al estanque. Por suerte, no era tan profundo y pudo salir fácilmente.

Tenía una expresión exasperada y se peinó su cabello hacia atrás. No esperé a que respondiera y di la vuelta para irme. Hacer eso me hizo sentir mucho mejor y regresé a la habitación, contenta. Me acosté en la cama, lista para soñar con los angelitos cuando Álvaro se metió a la casa y se dirigió al baño para bañarse. Unos minutos más tarde, lo escuché salir antes de sentir que la cama se hundía al lado de mí y esto me hizo fruncir. Su voz baja resonó en mis oídos.

-Iré al estudio para trabajar.

Cerré los ojos y no dije nada para pretender que no escuchaba. Pensé que iba a decir algo más. Pensé que iba a decir algo más, pero lo único que hizo fue levantarse y salir de la habitación. La puerta se cerró con delicadeza. No tenía sueño a pesar de estar acostada. Mis brazos dolían demasiado y giré al otro lado de la cama, pero seguía sin poder encontrar una posición cómoda para dormir. Continué dando vueltas por la cama sin poder conciliar el sueño en lo absoluto. Lo siguiente que supe fue que ya eran las 2:00 am.

<<¡No hay forma de que siga trabajando a esta hora!>>

Como no podía irme a dormir, me levanté de la cama y fui a su estudio. Noté que las luces estaban apagadas, pero la puerta no estaba cerrada y con solo empujarla pude abrirla. Había una cama en el estudio, la cual estaba ocupada. Parecía haber quedarse dormido. No poder dormir en medio de la noche era lo más irritable que le podía pasar a una persona y con tono neutral, pregunté:

-¿Ya terminaste de trabajar? -Unos segundos pasaron y justo cuando estaba por irme porque fin me había dado sueño, su voz escurrió por todo mi cuerpo.

-¿No puedes  dormir?

Di una pausa antes de morder mis labios y asentir.

-.

<<Clic>> Una voz amarillenta envolvió el cuarto al momento en que la lámpara de la mesa se encendiera. Álvaro se sentó en la cama y me observó.

-Ven aquí.

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