Capítulo 95 Solo yo lo merezco

5.2K 265 12
                                        

Tiempo después, pude escuchar el motor del auto de Álvaro en la planta baja, pero como todavía tenía un poco de sueño me volví a quedar dormida.


Eran las 9 de la mañana cuando me desperté por completo y en cuanto abrí los ojos recibí una llamada de Álvaro, así que todavía recostada en la cama respondí.

-¿Bueno?

-¿Ya despertaste? -parecía estar de buen humor.

-Si.

-Entonces hay que desayunar juntos, te espero en mi oficina.

Confundida, contesté:

-Voy a comer en casa.

-Josué te esta esperando abajo -dijo él, después alcancé a escuchar desde su teléfono que parecía que estaban tocando a su puerta y rápidamente agregó-: ¡Te estaré esperando! -Luego de eso, colgó.

Me quedé otro rato en la cama y luego tomé un baño rápido y bajé las escaleras; me encontré con la señora Hernández estaba preparando algo de té, mientras que Josué estaba sentado muy seriamente en la sala de estar. Cuando la señora Hernández me vio, me regaló una sonrisa y dijo:

-Sami, el señor Álvaro le pidió al señor Cedillo que te llevará a desayunar con él. -Pude darme cuenta de que la señora Hernández ya sabía y por lo tanto, no había preparado el desayuno.

Ante eso asentí y salimos del chalé.

Una vez que llegamos a la oficina, Josué me llevó directamente a con Álvaro y se fue después a servirme un vaso con agua; al llegar, Álvaro seguía en medio de una videoconferencia. Cuando me miró se puso de pie y caminó hacía mí, luego colocó un lato de frutos secos a mi disposición, me besó la frente y regresó a la llamada; como recién me había despertado no tenía mucha hambre, así que solo me senté en el sofá y utilicé mi teléfono un rato. Unos minutos después, Álvaro terminó la videoconferencia y se sentó junto a mí.

-¿Tienes hambre? -En respuesta negué con la cabeza y guardé mi teléfono. Después le habló a Josué y me tomó de la mano para masajear mis yemas de los dedos; sonrió y preguntó-: ¿Todavía te duele la mano?

Segundos después entendí lo que se refería y no pude evitar sonrojarme, sin embargo, evité el tema y contesté:

-¿Qué vamos a comer?

-Te darás cuenta después. -Dicho eso, me atrajo hacia él y colocó mi cabeza contra su pecho. Comencé a sentirme incómoda así que intenté alejarme pero él me tomó de la cintura y dijo-: Déjame abrazarte un rato.

Minutos después, Josué entró a la oficina con un par de cajas en las manos y las dejó sobre la mesa; Justo antes de comer, Álvaro recibió una llamada y como estaba ocupado, yo comencé a abrir las cajas de comida, las cuales estaban llenas de pasta y sopas del Restaurante Granger. No pude evitarlo y tomé unos cuantos bocados, a Álvaro no le ofrecí porque estaba ocupado y no quería molestarlo, me puse de pie y estaba a punto de ir a mi oficina para trabajar cuando me encontré con Rebecca, la realidad es que no me sorprendió verla, pero llevaba en sus manos unos contenedores con comida que parecían estar destinados para Álvaro. Cuando me miró salir de su oficina me tomó del brazo y bloqueó el paso:

-¿Qué haces aquí? - preguntó.

La miré fijamente y levanté una de mis cejas.

-Señorita Villa, ¿se cree superior al resto solo porque su ropa y relojes son de marca?

Son aura se sentía completamente diferentes ahora que pertenecía a una familia adinerada.

-Si, soy mejor que tú y solo yo merezco a Álvaro -dijo con el rostro llenos de egoísmo.

Dado que no estaba de humor para discutir con ella, solo la miré y respondí.

-Si, la realidad es que hacen una pareja perfecta. -Dicho eso, pase por delante de ella y emprendí mi camino hacía mi oficina.

Sin embargo, había olvidado que esa mañana mientras me arreglaba para el trabajo, elegí usar un par de tacones altos y sin querer, tropecé con unas macetas que Álvaro tenía a un lado de su oficina, así que rápidamente perdí el equilibrio y me fui hacia adelante, pero de manera instintiva, intenté sostenerme de lo único que tenía cerca y me aferré a Rebecca para evitar caer, pero lo que no tenía previsto era que al final, las dos terminamos cayendo porque también estaba utilizando tacones.

Llegamos al suelo al mismo tiempo pero mi instintivo de madre se activó de inmediato, por lo que caí sobre mis rodillas y me detuve con los codos; por otro lado, Rebecca cayó en dirección contraria sobre su trasero y pegó un grito:

-¡Ah!

Su voz llamó la atención de Álvaro y Josué, quienes de inmediato salieron y nos vieron tiradas en el suelo; Álvaro seguía al teléfono pero rápido ayudó a Rebecca a ponerse de pie y luego se acercó a mí, pero para entonces, Josué ya me estaba ayudando. Mientras me miraba de pies a cabeza preguntó:

-¿Estas bien?

Yo solo asentí con la cabeza pero luego miré a Rebecca que se estaba sujetando la muñeca y tenía un raspón en la palma de la mano; de manera intencional evité la mano que Álvaro me tendía y dije:

-La señorita Villa necesita atención médica, deberían llevarla al hospital para que traten su herida. -Después. miré a Josué y agregué-: ¿Podrías ayudarme a tomar asiento?

Josué asintió y me ayudó a caminar al sofá más cercano de la recepción.

Como Rebecca se había caído sin una razón aparente, miró a Álvaro y con un tono de voz que le daría lastima a cualquiera, dijo:

-¡Alvi, me duele!

En ese instante, Álvaro me miró y luego dio una instrucción a Josué:

-Lleva a la señorita Villa al hospital.

-¡No! -exclamó Rebecca con los ojos rojos-, ¡Llévame tú, si no, no iré!

-Todavía tengo cosas que hacer -contestó él, ignorando la expresión lamentable de Rebecca y se fue directo a su oficina.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora